lunes, diciembre 13, 2010

ENTRE LOBOS

Por encima de todo "Entre lobos" es una película muy interesante cuyo principal talento radica, a mi juicio, en algo tan difícil como dar entidad dramática esencial a los animales dentro de una historia de la que forman parte.

No me cabe la menor duda de que se trata de una película atípica dentro del cine español, especialmente por el esfuerzo técnico y profesional que ha tenido que exigir para producir todas y cada una de las imágenes que la componen. He leído alguna crónica en prensa que habla de un año de rodaje, del trabajo con animales... Y creo que el esfuerzo ha merecido la pena. "Entre lobos" es una historia que se sigue muy atentamente, que está contada con habilidad y que, como mínimo, sorprende y entretiene a un espectador fascinado con las imágenes de naturaleza salvaje, con las trayectorias -algunas increíbles- de los personajes en la Andalucía de postguerra que la película encierra.

No es en cualquier caso una película redonda. Para mi gusto la película funciona la mayor parte del tiempo, mientras la protagoniza con gran talento el niño Manuel Camacho quién, como casi todos los niños que se ponen delante de una cámara, tiene el poder de transmitir una gran verdad -a veces conmovedora- en todo lo que siente y vive su personaje. Otra cosa sucede cuando el niño crece y aparece Juan Jose Ballesta para interpretarlo... y no tanto por la interpretación sino porque con él la película cambia, acelera su ritmo de manera brusca e inesperada abandonando, para mi gusto, de forma injustificada un ritmo más contemplativo y pausado, imprescindible para que el espectador vea y sienta todo lo que sucede.

Afortunadamente, y aunque parezca que Ballesta protagoniza la película, su presencia es casi testimonial, aunque suficiente para producir un cierto extrañamiento con una historia que parece revolverse y enseñar los dientes al espectador cuando más entregado estaba a acariciar su pelaje.

Claramente hay un problema de enfoque armónico en el relato hasta el punto de que uno cree estar viendo dos narraciones en una... incluso tres si se tiene en cuenta el final en tiempo presente y casi documental.

Falta pulso al final y el relato parece perder la calma con la que ha iniciado y transcurrido, una calma campestre, descarnada, tensa, que se sabe a la espera de las incertidumbres que seguro deparará el destino y que, por eso mismo, disfruta de cada instante como si fuera el último.

Interesante y hermosa si uno tiene claro que la vida y la muerte siempre van de la mano.

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