martes, enero 03, 2012

FANNY Y ALEXANDER

Dirigida por Ingmar Bergman en 1982, Fanny y Alexander es una obra cumbre dentro de la filmografía del gran director sueco... Y de hecho el propio Bergman pretendía que así fuera puesto que en aquel momento, y por razones de edad y cansancio, declaró que debía ser la obra que pusiera fin a su carrera cinematográfica.

Desde "Fanny y Alexander", Bergman se dedicó al teatro a la televisión con alguna incursión en el cine como guionista ("Sarabande" y "Las mejores intenciones"). Y de hecho, y aunque fue presentada como tal, "Fanny y Alexander" es una producción para la televisión de más de cinco horas de duración, dividida en cuatro capítulos identificados cada uno de ellos con las cuatro estaciones.

Siempre es mejor ver la serie de televisión, porque de manera inevitable algunos personajes y situaciones pierden potencia, pero la versión de 188 minutos para el cine conserva las esencias de la historia y funciona al nivel de obra maestra.

Bergman es un ejemplo de autor por antonomasia.

Desde el principio de su obra, las preocupaciones y tormentos del director sueco protagonizan su cine. Y conforme el éxito y el reconocimiento le acompañan su obra va haciéndose más personal, más compleja y abstracta contando para ello con la complicidad de público y crítica.

Al final, y con ésta "Fanny y Alexander", el anciano Bergman parece desembocar en el océano de su infancia, convirtiéndola en el lugar desde el que entender todas las complejidades posteriores que dieron lugar a todo su cine,a películas anteriores.

Y en realidad la película bien podría titularse con el nombre de Alexander, el verdadero protagonista, un completo alter ego del director sueco.

En "Fanny y Alexander" Bergman resume su infancia, una continua tensión entre la dureza de un padre que es un severo pastor protestante y la necesidad que ya el niño Bergman sentía de un mundo de fantasía y de ficción.

En la película ese segundo mundo aspiracional por aquel entonces se convierte en la idílica familia Ekdahl, de la que el joven Alexander y su hermosa madre son parte integrante.

Con alguna excepción todo es color, brillo y felicidad en la casa de los Ekdahl, una especie de arcadia burguesa donde lo mejor de todo un estilo de vida y una época cobra vida ante los ojos del joven Alexander.

La muerte de Oscar, su padre, permitirá que entre la oscuridad en ese luminoso panorama a través de la aparición del severo obispo Vergerus, la clara presencia de su padre real convertido en un padre adoptivo que jamás será aceptado por esa arcadia.

Y sin embargo, él y su hermana tendrán que seguir a la enamorada madre a la casa del clérigo donde encontrarán un estilo de vida opuesto, ascético, sacrificado y oscuro en el que Alexander no encajará iniciando un enfrentamiento con el padre que se verá coronado por el éxito.

Y será la fantasía encarnada por el Tio Isaac la que sacará a los hermanos de la casa del clérigo, dando lugar a los mejores momentos de la película que son los que los niños pasan en la misteriosa y fascinante casa-tienda del judió. Lugar donde a Alexander se le revela definitivamente su destino en una pequeña conversación que sostiene con el personaje más misterioso de todos.

Por encima de todo, "Fanny y Alexander" es la recreación del mito de Bergman como creador, una magna obra narcisista ratificada por el talento de un genio que se nos revela como tal al mismo tiempo que nos cuenta un relato idealizado y especial de su origen como persona.

Pero también es una maravillosa historia en la que realidad y ficción se entremezclan con una belleza y naturalidad pasmosas como por otra parte debe hacer cualquier relato mítico que se precie.

Como Fellini, Bergman es capaz de hacer arte consigo mismo, ajustando cuentas con su pasado y encontrando los hilos que permiten llegar desde la particularidad de la historia de uno mismo hasta la universalidad que componen los ojos que contemplan y disfrutan los frutos de un talento inmenso.

Obra maestra total y absoluta.

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