martes, enero 01, 2013


La ciudad está llena de oficinistas
que miran a un lado y a otro
cada vez que pasan una página
o trazan su firma, más o menos inteligible,
sobre el diario engaño del blanco papel
que se extiende ante sus ojos puntual cada mañana.

Y es perfectamente entendible…

Bajo el estimable peso de esos cientos de pequeñas palabras
que constantemente se pronuncian o escriben en su nombre,
pero que incesantemente  se les escapan de entre las manos
como arena del desierto o agua de la playa
temen que ninguna precaución baste
y terminen con la poca esperanza que les resta
devorada por uno de esos voraces animales de traje azul
que, si nada quieren, parecen tan humanos como ellos
pero que, si algo desean, agazapados les aguardan
tras la perfecta trama del respeto y los modales,
calculando incansables las probabilidades
y las posibilidades de todo,
sin tener jamás suficiente de nada
perfectamente lavados, planchados, peinados y vestidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario