lunes, mayo 06, 2013

THE TOWN

Dentro del cine negro, las películas sobre robos y ladrones son una de mis favoritas.

Desde "La jungla de asfalto" o "Atraco perfecto" hasta "Heat", pasando por joyas como "Rififi" o "Topkapi", esta variante del género ha aportado grandes clásicos a la historia del cine.

En el ecosistema del cine atracos se entrecruzan una serie de tramas cuyo desenlace siempre está relacionado con el atraco como acto de desacato contra un destino que siempre parece jugar en contra de aquellos que se atreven a desafiarlo.

Las imposibles historias de amor con la diferencia de clase y de estilos de vida como fondo, los planteamientos románticos de persecución desesperada de vías de escape en busca de una vida mejor procurada a cualquier precio, los discursos de comunidad y de respeto a las reglas de esa comunidad con independencia del lado de la ley donde el personaje se encuentre, la precisión del trabajo perfecto llevado a cabo por profesionales de primera, la ambición y la codicia poniendo trabas en el camino de ese plan perfecto, los dictados y servidumbres del pasado cobrándose sus deudas puntualmente en el presente, la imposibilidad de la perfección del plan frente a los azares e imperfecciones que imponen las circunstancias y el destino.... Todos estas temas y alguno más se dan cita en torno a ese golpe perfecto que perpetran los protagonistas del cine de atracos y ladrones.

Y todo siempre sucediendo dentro de un entorno de moralidad turbia en el que las cosas tienen más de un nombre y a veces no hay más que una opción.

En este sentido, "The town" es un magnífico ejemplo y, sin ser una obra maestra inolvidable, digna perteneciente a la familia de películas de este género.

"The town" es un melodrama sólido y potente situado en la ciudad de Bostón y más en concreto en el suburbio de Charleston, al parecer inacabable cantera de atracadores de bancos.

Nos cuenta la historia de una amistad imposible entre dos personas que viven trayectorias contradictorias: Doug McRay que encuentra una posibilidad de escape en el amor que siente por Claire, una victima de un atraco de su banda, y James Coughlin, confortablemente asentado en una vida consagrada al delito y sin futuro.

La redención de uno parecerá implicar la condena del otro.

Como decía la canción de Ruben Blades, las cuentas del alma nunca se terminan de pagar.

Interesante.


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