sábado, junio 27, 2015

“El totalitarismo nazi y soviético no fueron aberraciones nacidas de personajes nacionales o historias políticas peculiarmente disfuncionales; más bien, eran fenómenos que fueron posibles gracias a una concreta constelación de acontecimientos y tendencias dentro de la historia y la cultura europea moderna. El principal y primero de todos ellos fue el imperialismo de finales del siglo XIX, con su enfoque en la expansión por la expansión y la acumulación ilimitada de riqueza. Esta ilimitada búsqueda de la riqueza y el imperio socavó la estructura autolimitada del estado-nación y prefiguró la totalitaria persecución de la conquista mundial. Además, representaba, a ojos de Arendt, el triunfo del burgués (que deseaba la riqueza y el poder a cualquier precio) sobre el ciudadano (que estaba preocupado por la esfera pública y la preservación de los derechos y las libertades). La disolución de las fronteras estables del mundo público con el fin de ir más allá en la persecución de la ganancia, permitió al imperialismo preparar el escenario para movimientos políticos que ya no estaban interesados en ese mundo auto-limitado y estable de lo público sino en la conquista y la autoafirmación de una identidad nacional (étnica o racial).”

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