sábado, junio 27, 2015

Victimas de primera y de segunda

Francamente, no encuentro sorprendente la diferencia de comportamiento en la fiscalía que pasó por alto en su momento los insultos y descalificaciones a Pilar Manjón cuyo hijo murió en el atentado islamista de Madrid mientras que, ahora, pretende procesar al concejal Guillermo Zapata por hacerse eco de unos chistes execrables.

Una de las cosas que hacen despreciable a la política del régimen constitucional del 78 es el modo tan depravado con el que han sido utilizadas las victimas del terrorismo como parte del juego político.

Al final, a la pereza intelectual que ha caracterizado a nuestro debate político le han venido bien el grupo de víctimas habitual para poner sobre la mesa, generar en los interlocutores el escándalo conveniente y así evitar incómodas posiciones en la discusión de determinados matices que la perspectiva del tiempo ha venido añadiendo a un tema que siempre se ha gestionado tanto desde el PSOE como del PP con el bigotito de Franco.

Y no tanto por las victimas en sí, que merecen todo el respeto, sino por la aparición con el paso del tiempo de otras victimas, diferentes y discrepantes, que en absoluto han sido tratadas de la misma manera.

Esas victimas han ido mostrando que el cuidado que algunos sentían por ellas nunca fue por su condición de victimas, sino por su carácter de victimas en defensa de una propia causa. En definitiva, por el carácter de ser SUS víctimas.

Un ejemplo incuestionable es el de esa mujer valientes y honesta llamada Pilar Manjón, pero también pienso en otros ejemplos: los desaparecidos de la Guerra Civil, los familiares de los niños robados durante el franquismo o los defenestrados por las políticas de austeridad desde las ventanas de sus casas a punto de ser embargadas.

Todos ellos victimas de segunda categoría.

Victimas que al final siguen siendo parte de esas hordas rojas que Franco contuvo en su cruzada, mientras que  todos esos policias y guardias civiles muertos por ETA son victimas de primera categoría, victimas que gozan de tanta predilección en la memoria sentimental de nuestra derecha no tanto por caer defendiendo un orden constitucional sino por caer en primera línea, luchando en la cruzada contra una nueva acometida de las hordas rojas.

Sólo así puede entenderse el contraste entre el fervor que nuestra derecha siente por los asesinados por ETA frente al que siente por cualquier otra clase de caídos.

Unos son sus muertos mientras que los otros desgraciadamente no lo son y sólo merecen la pena de boquita pequeña, una pena alejada de la sublime épica de esos petalos rosas que se lanzaban sobre el paso de la Guardia Civil en los primeros días de las Fuerzas Armadas.

Ahora ya no lo hacen.

Se han cortado.

Se notaría mucho la ausencia de esa respetuosa nieva roja sobre el paso de otros caídos.

Pero siguen sin poder evitar su predilección, llegando incluso a olvidar en una sesión del Congreso en homenaje a las victimas precisamente a las victimas del atentado islamista de Madrid, causado precisamente por los que ellos mismos consideran el presente enemigo.

Pero nuestra derecha es retrógrada hasta en éso.

Sólo así puede entenderse este video:



No se trata de chistes, entrecomillados o no.

El rechazo expresado de alguien que discrepa y ante cuya persona hay alguna cosa más importante que su condición de víctima a la hora de juzgarla.

Lo que piensa Manjón es decisivo a la hora de valorarla porque precisamente no piensa como ellos.

Pero lo peor no son los comentarios que ella lee, porque siempre hay idiotas y desalmados. Lo peor es la reacción institucional.

El silencio de una fiscalía que ahora, con los chistes de Zapata, se muestra preocupada por las victimas del Holocausto, victimas de otro tiempo, victimas siempre convenientes para ejecutar el crimen social de la hipocresía cuando se ventilan temas tan importantes.

Como consecuencia de todo esto, pensar que hay algo podrido, algo que hay que limpiar es inevitable.

Sólo la simple constación de esta miserable injusticia debiera llevarnos también a pensar en la necesidad de una refundación, en dejar paso a las nuevas generaciones que nada saben de hordas azules y rojas para liberar de una vez a este pobre país de las sombras de su pasado. Un pasado de cuya alargada sombra forma parte la Constitución de 1978.

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