sábado, julio 18, 2015

El quinto poder

El modo perfecto para abordar desde lo mainstream la figura de Assange es el que sigue "El quinto poder".

La película aborda el fenómeno wikileaks y la controvertida figura de su inspirador, Julian Assange, y lo hace desde la única perspectiva aceptable por el establishment y lo mainstream que no es otra que el libro que escribió uno de sus principales colaboradores, Daniel Berg.

La perspectiva, por supuesto crítica de Berg, permite hacer las dos cosas: contar la historia de wikileaks y presentar al mismo tiempo un contrapunto, una visión crítica desde el establishment sobre el impacto que esta web de filtraciones tuvo a nivel general.

Además, y desde la misma perspectiva de Berg, la película puede mostrar una visión nada hagiográfica, una visión de Assange extrema y enloquecida, convirtiéndole en una suerte de científico loco de la libertad de información incapaz de valorar las mil y un consecuencias negativas que la revelación de la verdad en que se basa su web acarrea a los probos funcionarios de los servicios de inteligencia de los Estados  Unidos y sus colaboradores.

Y en este punto, y como no podía ser de otra forma, la película toma claramente partido por la construcción de un relato a favor del orden establecido, resultando desasosegante y perversa.

Porque en "El quinto poder" hay tiempo para mostrar la vertiente humana de aquellos a quienes las revelaciones de Assange perjudican. Especificamente hay una linea narrativa sobrecargada de emocionalidad dedicada a mostrar los efectos que sobre las personas que trabajan en favor de los intereses de los Estados Unidos en el mundo, pero en absoluto, y aunque los vemos tiroteados a sangre fría como si se tratase de un telediario, hay espacio para mostrar las consecuencias que las defensa de los intereses de los Estados Unidos tienen sobre las personas.

El resultado de "El quinto poder" es la puesta por obra de un discurso que bien podría formar el portavoz de la Casa Blanca. Una visión de Wikileaks como desastrosa locura que ha hecho mucho daño a personas con nombre y apellidos obviando el daño que esas personas hacen a decenas de miles de otras que por supuesto, y ante la desgracia del hombre blanco, no cuentan.

La película no puede hacer otra cosa que pasar de puntillas sobre la razón principal que dio origen a Wikileaks: una llamada a la decencia a aquellos que implicados en tramas de indecencia aún tienen un momento para la cordura y la conciencia.

En definitiva, una inversión de la apología de la delación que el poder en el totalitarismo exige a sus comprometidos ciudadanos y que reivindica la delación precisamente contra el poder, desde sus alcantarillas.

Todo esto es presentado como el deseo de un hombre enloquecido que no ha hecho otra cosa que daño y que justifica su persecución y actual enclaustración en la embajada de Ecuador en Londres.

Y uno lo entiende, con la cantidad de vidas destrozadas de espías que Wikileaks ha debido producir,

Y por supuesto, nada del daño infringido, como si la necesidad de la delación no estuviese justificada contra un estado que no es otra cosa para nosotros que un padre benefactor.

Perversa.

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