domingo, julio 05, 2015

Inside Llewyn Davis

La bohemia y los bohemios ha venido siendo un tema transversal en las diferentes manifestaciones artísticas de nuestra cultura occidental desde que empezó a ser predominantemente burguesa.

Al fin y al cabo, el bohemio es otro tipo de alteridad. de otro al que mirar con curiosidad, pero también con un ánimo moralizante precisamente por ser de los otros y no uno de los nuestros.... y eso nunca puede ser bueno.

Aunque vivamos en sociedades industriales el espíritu de la tribu nunca ha callado y parte de su voz ininterrumpida es el relato de las consecuencias negativas que precisamente trae consigo el hecho de querer ser un otro diferente en el reino de la igualdad y la repetición de los nuestros.

El concepto surge en el siglo XIX, en el romanticismo francés, haciendo referencia a los gitanos, los bohemios que llevan otro tipo de vida diferente a la expresada en los canones de la vida burguesa, posteriormente esa vida en la que conceptos como trabajo, familia y patria (en los términos en los la burguesía los entiende: salario, hogar y responsabilidades) están ausentes se extiende a los propios extremos de la vida burguesa.

Extremos que si bien terminan siendo encarnados por los artistas e intelectuales, también incluían modalidades alternativas de vida propias del campo y de la clase obrera en su naufragio en la playa de la ciudad industrial. Una playa que configura un espacio específico: las afueras, los arrabales. Zona fronteriza donde los más valientes y mas desesperados intentan vivir de otra manera, recurriendo al idealismo político y/o artistico como vehiculo sobre el que asentar una vida diferente, alejada de los cánones definidos por el mundo capitalista y burgués y que, como mínimo, está condenada a la tragedia del enfrentamiento casi siempre cruento (si no hay locura de por medio) con una realidad que siempre tiene dueño.

Llewyn Davis es un heredero directo de esa actitud bohemia.

Sin oficio ni beneficio, durmiendo en casas de amigos y conocidos, Davis pone el arte que supone su música entre su mirada y esa realidad a la que su entorno intenta adaptarse convirtiéndose por ejemplo en músicos de sesión.

En este sentido, y a principios de la década de los sesentas. Davis supone un puente entre la cultura beatnik de los cincuentas y la cultura alternativa y hippy que está a punto de llegar.

Y con mucho lo más poderoso del personaje es su esfuerzo por mantener su propia visión de la realidad frente a los embates de una realidad mayor, más colectiva, de adaptación a un mundo que reclama menos diferencia y más repetición.

Resistencia que conduce directamente a la leyenda romántica que sustenta el mito de la bohemia y que se basa en el empeño casi siempre suicida por hacer prevalecer el propio punto de vista. Empeño que convierte al bohemio en una presencia ambivalente que puede servir como moraleja andante de los riesgos de intentar ser diferente, pero también de lo contrario, como mítico héroe trágico, capaz de poner toda la carne del asador en el empeño por prevalecer desde la diferencia.

Pero no nos engañemos: la voz de la tribu convierte al bohemio en una figura trágica, condenada al fracaso y como máximo a un relato que glosa la sublime belleza en ese fracaso.

Está bien la bohemia como metodología, luchar hasta la extenuación y el delirio para ser uno mismo, pero para ser uno más, porque, y después de todo, el que se excluye debe seguir el mismo destino de aquellos que ya están excluidos.

Hay sueños que se pueden perseguir y otros que son demasiado peligrosos.

Hay una delgada línea que separa el esfuerzo del fracaso y uno debe saber lo suficientemente inteligente para no cruzarla, pues la oportunidad de disfrutar las bondades de una sociedad les serán negadas.

Los bohemios como Icaro no tienen ningún problema en rebasarla.

Y Llewyn Davis seguramente la rebasó hace mucho tiempo.

"Iinside Llewyn Davis" reproduce con mucho acierto el tránsito patético de esa figura clásica y transversal del bohemio, y lo hace en el Village neoyorkino, en un blanco y negro excepcional, helado y áspero que contribuye a generar ese trágico contexto de fracaso que acompaña al bohemio como último héroe verdaderamente romántico.

Para mi gusto, una de las mejores películas dentro de la filmografía de los Hermanos Coen, lo cual es decir mucho, y que cuenta con la riqueza del talento de Oscar Isaac encarnando como mesura y sin excesos, el triste tránsito hacia el olvido de Llewyn Davis,

La puntual crónica del día a día de su marginalidad, de su fracaso en términos sociales.

La completa disonancia del uno frente al resto que intenta tocar esa rapsodia azul de cada día.

Magnifica.

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