sábado, julio 25, 2015

Sufragio Universal

Es curioso, pero hace 100 años, a principios del pasado siglo, fue el momento en que se extendió el sufragio universal por Europa.

De hecho, en España, no tenemos ni 100 años de historia puesto que el sufragio universal data de 1931 y forma parte de las aportaciones democráticas de la II República.

Pero, y por ejemplo, a Francia el sufragio universal llegó en 1944 y a Italia en 1945.

Por tanto no hace demasiado tiempo que todos podemos votar y el voto de cada ser humano vale lo mismo con independencia de su raza, sexo o condición.

La aparición de las masas en la política con un punto de vista diferente y la encarnación de ese punto de vista en una realidad como la Unión Soviética les habló en su mismo lenguaje a los poderosos.

Era necesario ceder.

Y lo era después de millones de personas lanzadas a la muerte en esa inmensa carnicería que fue la I Guerra Mundial. No en vano hay una gran oleada de países europeos que adoptan el sufragio universal después de ese conflicto.

Pero fundamentalmente era necesario ceder porque empezaba a existir otro mundo y, para preocupación de las élites, ese nuevo mundo estaba en este y lo estaba de una manera práctica, organizado y dispuesto a todo, tan dispuesto como para convertirse en un poder, en un actor de las relaciones intrnacionales.

De hecho, fue tan grande esa preocupación que las élites no sólo tuvieron que ceder, primero, en lo político sino también, más tarde, en lo económico.

Tras la II Guerra Mundial, y con la Unión Soviética sentada en igualdad de condiciones en la mesa de los vencedores, fue necesario dar algo más.

Fue necesario todo un trasvase de renta que daría lugar a la sociedad de consumo para generar un anclaje en las masas, un anclaje inteligente que básicamente les impedía verse como humillados y ofendidos sino como uno más dentro de una sociedad abierta y democrática.

Y a final va a tener gracia que los principales beneficiados de la existencia de la Unión Soviética hayan sido precisamente los trabajadores y clases populares del otro lado del telón de acero sostenidos en animación suspendida dentro de un sueño muy real de oportunidades y opulencia.

Porque asociadas al horror que realmente fueron, las repúblicas populares comunistas también representaron una alternativa real, la presencia de un punto de vista diferente del que las élites debían cuidarse.

En definitiva se trataba de una fisicidad que hablaba en el lenguaje de hechos que las élites entienden. Existía una alteridad convertida en un mecanismo de poder cuya influencia había que neutralizar y de la que preocuparse.

Sin su existencia las grandes mayorías jamás habrían tenido ni el sufragio universal ni la posibilidad de consumir.

De hecho, ahora que ya no existe ese poder todo ese complejo entramado de subordinación empieza a mostrar su verdadero rostro.

¿Para qué compartir si no tienen nada de lo que preocuparse?

Por eso quieren de vuelta toda esa renta y la quieren ya mediante el mecanismo extractor de la deuda que convierte la deuda privada en publica y subordina la riqueza acumulada de los estados a los intereses privados de quienes prestan.

Y seguramente también quieren desactivar el sufragio universal.

Subordinando la política a la economía, ya lo están haciendo.

No hay nada más que ver lo sucedido en Grecia, lo que importa la opinión de las masas frente a su opinión, que es la opinión del dinero.

Puesto que sólo se pueden hacer las cosas de una manera para qué asumir el riesgo de votar y que la gente vote incorrectamente.

Y lo cierto es que ya no podemos elegir en lo verdaderamente importante.

Solo podemos elegir dentro de lo anecdótico: si queremos que nos gobierne el rojo o el azul, si queremos comprar en Alcampo o Carrefour...

Todo lo demás no está sujeto a opinión.

La Unión Soviética fue un enorme fracaso, lo fue desde las ideas pero también si se la contempla desde los hechos. No obstante, y sin saberlo, a todos los humillados y ofendidos, nos iba la vida tal y como la conocíamos no sólo en su triunfo sino también en su mera presencia porque las élites solo entienden su propio lenguaje: el del dominio y la fuerza.

Y en este contexto la Unión Soviética estaba ahí, alzándose ante la historia, como la encarnación de un poder con el que nuestros amos tuvieron que transigir para poder salvar los muebles porque el Siglo XX empezó siendo muy jodido para ellos.

Ahora, que ya no existe, no necesitan transigir más y todavía lo necesitan menos en un entorno de crisis sistémica del capitalismo

Han necesitado 75 años aproximadamente para domesticarnos y reducirnos

Y ahora que ya no nos respetan se nos muestran tal y como son: implacables, codiciosos, inflexibles, despiadados, exhaustivos.

La derrota es total.

No te engañes.

Te digan lo que te digan ya no eres un poder.

No tienes nada que ellos valoren para poner sobre la mesa salvo palabras que se lleva el viento.

Y lo que es más importante: necesitas un lugar a dónde ir cuando te quedes sin trabajo y te cierren los cajeros.

Ese lugar ya no existe, pero existió hace tiempo y eramos todos nosotros conectados por un mismo sentimiento.

Empieza un largo periodo de ocupación en el que cada día deberás justificar tu existencia mediante tu eficiente contribución al funcionamiento del sistema.

La recompensa: poder vivir para justificarte el día siguiente.

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