sábado, agosto 15, 2015

Mision Imposible: Nación secreta

No sé si es posible decir que una nueva edición del producto Misión Imposible es mejor que otra. A mi entender, sería como malgastar el tiempo en pensar si una Pepsi es mejor que otra.

 Es puro desenfoque.

Los productos no tienen que ser mejores ni peores, tienen que parecerse entre sí.

Supongo que esa idea de la excelencia es una nostalgia de lo cultural con lo que cada vez tiene menos que ver ese eterno retorno de lo mismo en que se ha convertido el ocio en nuestras sociedades.

Luego están los matices.

Si el paladar es capaz de detectar si esta Pepsi tiene más o menos gas o azúcar que la anterior.

En cualquier caso, esta nueva entrega de la franquicia ofrece lo que uno imagina que va a consumir cuando lo compra: acción trepidante, secuencias arriesgadas y espectaculares en muy diferentes lugares del mundo, tecnología curiosa, coches y motos espectaculares y una misión a la altura del talento para hacer posible lo imposible del equipo que la protagoniza.

No recuerdo las ediciones anteriores para comparar... ni pienso verlas para formarme un juicio sobre algo tan vacuo y anecdótico.

Imagino que será suficiente decir que el producto está a la altura de las expectativas y que además ofrece algunos interesantes puntos de atracción.

La secuencia de la persecución por las carreteras de Marruecos introduce la interesante novedad de una serie de acojonantes planos subjetivos que la hacen aún más impactante... No quiero imaginar cómo será verla en 3D.

Y por otro lado, hay un par de personajes tratados con el suficiente cariño como para resultar interesantes.

Tanto el despiadado asesino Salomon Lane (Sean Harris) como la nada fiable Ilsa Faust (Rebeca Ferguson) ofrecen algo más que la mera fachada, especialmente el personaje de Iilsa, una suerte de agente doble que debe añadir a las habituales complejidades que genera su posición una capa más de complejidad como consecuencia de la atracción que sobre ella inevitablemente, ya que se trata de "la chica", ejerce el personaje de Ethan Hunt.

Tanto ella como Salomon Lane, el malo de la historia, al que el estupendo Sean Harris da vida con una sobrecogedora frialdad entre administrativa y psiquiátrica, ofrecen puntos de atracción a los que la mirada y la atención del espectador puede agarrarse si es que gusta fijarse en los detalles en lugar de quedarse colgado de las luces, sonidos y colores que van y vienen sobre la pantalla mientras pone el cerebro en "stand by"

¿Podemos decir que esta quinta edición de las aventuras imposibles de Ethan Hunt es mejor o peor que las anteriores?

Quizá sí, pero me da pereza.

No creo que merezca tanto la pena.

Sí creo que se puede decir que es una buena copia de ese original que no está en ninguna parte. Y eso, no nos equivoquemos, también tiene su mérito.




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