sábado, octubre 17, 2015

Ida

Si consigo superar la indigestión de encuadres preciosistas que presenta Ida, tendré que decir que es una película que me gusta.

Porque en lo visual Ida se me antoja como un monólogo absolutamente lleno de chistes graciosos, en el que no hay un segundo para respirar y no dejar de reír.

Así, el efecto que se consigue siempre es el contrario.

Y confieso que he acabado hasta las narices de encuadres de primero de curso de fotografía, con la línea del horizonte en la parte inferior del cuadro. Por no hablar del abuso de la profundidad de campo cuando esta no aporta nada a la historia.

No tengo la menor duda de que el director de fotografía ha querido follarse al público desde lo visual y que en él prima el fotógrafo que el director de fotografía, cosas que pueden parecer lo mismo pero en realidad no lo son.

Pero, si no tengo en cuenta el desequilibrado protagonismo que las imágenes tienen en Ida, digo que se trata de una magnífica película que conecta directamente con el corazón atribulado de la Europa del Este.

Porque si nosotros, en España, con la Guerra Civil, estamos como estamos con el tema de la memoria histórica, no os voy a contar cómo están en el Este de Europa que prácticamente ha sido un campo de batalla ininterrumpido desde que Europa es Europa.

Por eso, es épica la aventura que llevan a cabo las dos protagonistas, una jueza de la Polonia comunista y una inocente novicia a punto de tomar sus votos.

Ambas buscan desenterrar los cadáveres de unos familiares asesinados por ser judíos por sus propios vecinos no judíos durante la guerra mundial.

La acumulación de tragedia que se concentra bajo la tierra, una tragedia que les salpicará con su veneno con cada palada de suelo removido,  conducirá a ambas a la misma solución pesimista, la de abandonar un mundo que parece no tener arreglo en una constante afluencia de drama que se acumula como sucesivas capas freáticas sobre una realidad que ya nada tiene de hermosa..

Eso sí, cada una de ellas abandonará el mundo a su manera.

Magnífica pese al desequilibrio visual hacia el preciosismo que la convierte en un poco insoportable de ver.

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