domingo, diciembre 13, 2015

Que todo quedaba por vivir
No era para ellos ningún secreto.

Ante su interminable abrazo
se extendía la aspera aritmética
de los días y las noches
materializándose incansable
en el severo y puntual
crepitar de los relojes
Pero su esfuerzo por mostrarse cierta
Resultaba triste y vano.
Toda aquella inexorable lógica
les quedaba ya demasiado lejos,
perdida en un limbo de banalidades
sucesivamente reveladas y desechadas
a golpe de saberlas demasiado lejos
de lo que verdaderamente era cierto.

Después la puerta se cerró tras sus pasos
espesándose aun más ese incómodo silencio
que siempre destilan las cosas
cuando la oscuridad las alcanza
y son irremediablemente abandonadas
por los que aman a su fría suerte de espectros.


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