domingo, enero 17, 2016

Las aventuras de Buckaroo Banzai

Hay películas a las que uno siempre gusta regresar.

"Las aventuras de Buckaroo Banzai" es una de ellas... Y me apetece tanto verla como pueda apetecerme "La eternidad y un día" de Theo Angelopoulos.

Fue dirigida en 1982 por el olvidado y bastante interesante W.D. Richter quién como escritor de películas cuenta en su curriculum con joyas extraordinarias como "A casa por vacaciones", "Brubaker" y "Golpe en la pequeña china".

"Las aventuras de Buckaroo Banzai" como historia se asienta en la confluencia de varios territorios más que interesantes: el pulp. el comic, el serial cinematográfico, la serie B de la época dorada de los estudios de Hollywood... Todo ello bien combinado en la coctelera del sincretismo posmoderno propio de la década de los ochentas del siglo pasado, una coctelera que en absoluto desdeñaba lo bizarro como resultado final.

El protagonista es Buckaroo Banzai, un personaje propio del serial y la serie B, un científico que a mismo tiempo es hombre de acción (y que tiene además un exitoso grupo de rock).

Uno de sus experimentos consistente en atravesar la materia liberará a unos villanos confinados por una raza alienígena en una octava e ignota dimension.

El destino del mundo se verá amenazado por esa raza alienígena que exige a los terrestres la devolución de los escapados a su confinamiento.

Con ayuda de su grupo variado y pintoresco de colaboradores, Buckaroo Banzai defenderá a la tierra con las eternas maneras apolíneas de los viejos héroes del serial.

En este sentido, "Buckaroo Banzai" recoge la esencia de esa narrativa popular: héroes perfectos, villanos malvados y desagradables, bellas damiselas en peligro, generosos amigos y colaboradores, carreras y persecuciones y, lo que es más importante, finales felices.

Y lo recoge muy bien, con las cero pretensiones que presenta un guión astuto, magnificamente escrito, que exhala por todos sus poros ese infantil e irresponsable placer por la aventura en si misma que hace a Tom Sawyer un arquetipo de la infancia,

Y aunque parezca mentira, el cine ya no hace tantas películas con este espíritu.

Todo se ha vuelto demasiado caro, demasiado serio.

Magnifica,

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