domingo, marzo 06, 2016

Calvary

Tradicionalmente no ha tenido nada de divertido ser irlandés, pero, y aún así, los irlandeses se las han arreglado para, como corresponde, tener su propio sentido del humor.

El humor irlandés es  mi entender, bastante parecido al español: socarrón, ácido, negro y con un punto de agresividad.

Y en esa agresividad casi inevitable se transparentan las vidas difíciles que generaciones de irlandeses han llevado dentro de un mundo donde las desigualdades de clase han ejercido tradicionalmente su particular y cruel ley de la gravedad de manera patente.

En su inicio "Calvary" nos muestra a su protagonista, un sacerdote llamado James, recibiendo una amenaza de muerte en su confesionario.

A lo largo de la película el espectador descubre la ironía que encierra esa amenaza, ironía basada en el contraste que representa su bondad respecto a toda la maldad y negrura que representa la iglesia católica, maldad y negrura encarnada en los abusos a menores tan "de facto" tolerados por su estructura.

Porque lo que la película nos cuenta es el calvario particular que el bondadoso James vive enfrentado a su sentencia de muerte pero, y sobre todo, a un mundo conflictuado y cruel encarnado por la pequeña comunidad que asiste a misa en su parroquia convertida en metáfora de todo un mundo difícil y complejo en el que parece no haber lugar para alguien como James,,, ni tampoco para el dios que representa.

Y pareciera que por la mano ejecutora de su asesino ese mundo quisiera eliminarle por precisamente constituirse en una intolerable e incómoda presencia.

Porque la esencial maldad que el padre James ofrece a su entorno es mantener abierta la improbable posibilidad de otro mundo diferente, más acorde con la verdadera palabra del dios de los cristianos.

Y hasta cierto punto la tensión que viven el cura y su asesino es la misma que viven el contramaestre de la fragata de su majestad Bellipotent y el marinero Billy Budd en la magnífica novela corta de Herman Melville titulada "Billy Budd, Marinero".

La exhibición que Bily Budd hace de lo mejor de las cualidades del ser humano provocan en el depravado contramaestre una insoportable reacción de rechazo y odio, como si una vez que se acepta que la oscuridad y el mal son la materia constitutiva de este mundo la sola posibilidad del bien se convirtiese en una insoportable visión.

Como el contramaestre, ese anónimo asesino del padre James cree intolerable su presencia por todo lo que representa. Una presencia que traza una línea que separa la luz de la oscuridad, conminándole a ocupar un lugar dentro de un espacio que sin James sería uno e indivisible,

Sin James las cosas serían lo que son, como se aparecen, naturales e incuestionables.

Y lo que "Calvary" nos cuenta es precisamente el calvario que es para un hombre bueno como James la vida en un mundo habitado por personajes que viven en esa oscuridad a la que sus vidas les condenan.

No importa demasiado esa amenaza de muerte que recibe el protagonista, aunque la película se construye como un cuenta atrás durante una semana.

Importa más el diario contacto que James tiene con ese mundo tan alejado del dios de los cristianos (un mundo paradójicamente habitado por cristianos) y del cual esa amenaza se convierte en expresión metonímica.

En este sentido, "Calvary" se convierte en una película demoledora contra la propia cristiandad estableciendo la posibilidad de una diferencia, de una neurosis, en todos esos cristianos que dicen que lo son aunque ese ser no esté suponiendo nada para un mundo que cada vez está más lejos de la palabra de su dios.

Un dios que quizá esté ya muerto, asesinado como el padre James por sus propios hijos que siguen yendo a misa todos los domingos.

Y la ironía, la gracia está ahí.

Quizá, se necesario ser irlandés para sonreír (una sonrisa amarga por supuesto).

Yo lo encuentro gracioso y me gusta la Guinness. Ergo debo tener algo de irlandés.

Toda una inteligente y elegante bomba de profundidad,

Muy, muy interesante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada