sábado, mayo 28, 2016

La bruja

Fondo y forma deben coincidir siempre.

No tengo la menor duda de que haber filmado "La Bruja" en un poderoso y rotundo blanco y negro... A todo lo que da la gama de grises (que es mucho)... Rollo Gabriel Figueroa, Gregg Toland o Sven Nykvist hubiera servido para ahuyentar a todos los que, ante la visión de la película, esperaban encontrar un sangrante viaje de sustos y muertes violentas.

Seguro que hubiera ayudado a su éxito... sin duda moderado, porque además "La Bruja" es una película a contracorriente, casi nihilista que encierra un contenido bastante perturbador sobre todo si todavía esperas que llamando al todopoderoso este venga y te proteja (aunque exista y solo porque tu se lo pides)

Y sin duda esto es lo que más me gusta de "La Bruja", que es una película enamorada de su propio fracaso porque hace todo lo necesario para que el espectador mainstream se sienta incómodo viéndola.

Hay bastante en "La Bruja" de ese poderoso cine nórdico que encabezan nombres como Dreyer y Bergman.

Porque en sus imágenes hermosas se ventilan eternos temas como la necesidad del bien como relato generador de sentido, su esforzada búsqueda y la constante e inalterable presencia del mal, bien a través del diablo pero también a través de las plegarias no atendidas y del fracaso entendido como el silencio arrasador de ese dios al que se reza.

En este sentido, la escena de uno de los hijos caminando por el bosque y pidiendo que su dios le proteja resulta entre enternecedora y triste, desasosegadora e incómoda teniendo en cuenta el destino final del protagonista

Y al final ese sentido que habla de dios y que aspira a ser el sentido total se convierte en uno más, una hoguera encendida en medio de una inmensa noche para combatir una oscuridad inmensa, en la que otros sentidos se mueven confundidos con esa nada indiferenciada que en realidad no estal.

Después de todo la idea de dios no es otra cosa que una herramienta, seguramente una de las primeras de las que el ser humano se ha servido para entender y vivir en el mundo.

La mejor y más eficiente manera de lidiar con todo aquello que está más allá del alcance de nuestro entendimiento.

Nuestra ignorancia y miedo reificados.

La abstracción humanizada.

Frente a ésto, todo lo demás queda confinado en una oscuridad amenazante, una oscuridad que en realidad es una otredad en la que se expresan otras voces, otros ámbitos que quedan resumidos de manera peyorativa en conceptos como la brujería.

Otros dioses, otros cultos, otros sentidos, siempre exagerados en su barbarie, siempre minimizados en sus valores positivos.

Y en el caso de la brujería, sin duda está el papel de la mujer no como esclava del hombre sino como diosa.

Porque quizá desde la época medieval la brujería como concepto expresa un lapsus psicoanalitico de nuestra civilizada sociedad patriarcal respecto de la mujer.

En este sentido, Thomasin la protagonista en la pureza que muestra frente al desastre que vive su familia producido por el fanatismo religioso del padre no es otra cosa que una diosa.

"La bruja" se presenta como un cuento de Nueva Inglaterra y hay una relación directa de estos con las leyendas y los mitos, con la expresión de todo ese misterio, de toda esa oscuridad que rodea el radio de acción que ilumina la precaria llama de eso que llamamos sentido.

Nuestra insoportable levedad también tiene que ver con toda esa oscuridad sobre la que prendemos la luz del sentido.

Y como buena heroína de un cuento, Thomasin va más allá, internándose en ese bosque milenario que es la perfecta metáfora de la oscuridad a la luz del día, una oscuridad ante cuya presencia inquietante la familia protagonista intenta construir el sentido de una granja.

Brillante.


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