domingo, junio 12, 2016

Escritos Corsarios, Pier Paolo Pasolini

“La restauración o reacción real que empezó en 1971-1972 (tras el intervalo de 1968) en realidad es una revolución. Por eso no restaura nada ni es una vuelta a nada; al contrario tiende literalmente a borrar el pasado, con sus padres, sus religiones, sus ideologías y sus formas de vida (hoy reducidas a la mera supervivencia). Esta revolución de derecha, que en primera lugar ha destruido a la derecha, se ha producido de un modo fáctico, pragmático. Mediante una acumulación progresiva de novedades (casi todas debidas a la aplicación de la ciencia) y empezando por la revolución silenciosa de las infraestructuras.
Como es natural, en todos estos años no ha cesado la lucha de clases. Y como es natural, todavía sigue. Este es el aspecto exterior de la reacción revolucionaria; un aspecto exterior que se presenta justamente contra las formas tradicionales de la derecha: la derecha fascista y clerical-liberal.
Mientras la primera reacción destruye revolucionariamente todas las viejas instituciones sociales (familia, cultura, lengua, iglesia), la segunda reacción (utilizada transitoriamente por la primera para poder consumarse) se encarga de defender esas instituciones que la primera reacción está demoliendo de los ataques de los obreros e intelectuales. De modo que estos son años de falsa lucha… Mientras tanto, a la chita callando, la nueva cultura de masas y la nueva relación entre producción y consumo que ha establecido la tecnología está destruyendo la verdadera tradición humanista con una perspectiva secular.
La vieja burguesía paleoindustrial está dando paso a una burguesía nueva que incluye cada vez más y más profundamente a las clases obreras, con una tendencia a identificar burguesía con humanidad.
Este estado de cosas es aceptado por las izquierdas porque la alternativa es quedar fuera de juego. De ahí el optimismo general de las izquierdas, un intento vital de anexionarse el nuevo mundo creado por la civilización tecnológica. Los gauchistas llevan esta ilusión aún más lejos y atribuyen a esta nueva forma de historia creada por la civilización tecnológica una capacidad milagrosa de redención y regeneración. Están convencidos de que este plan diabólico de la burguesía que tiende a reducir a sí misma todo el universo, incluyendo los obreros acabará provocando una explosión y la última chispa de la conciencia obrera será capaz entonces de hacer que ese mundo que ha estallado (por su propia culpa) resurja de sus cenizas en una suerte de palingenesia (viejo sueño burgués-cristiano de los comunistas no obreros).

Todos, pues, hacen como que no ven (o quizá no vean realmente) cuál es la verdadera y nueva reacción; de modo que todos luchan contra la vieja reacción que la enmascara.”

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