Rápidamente,
sin tiempo para hacerse la idea,
para pensar si hay error o acierto,
subirse sobre el primer segundo que pasa
y que las inevitables consecuencias
sean un engorroso relato de derechos y deberes
recitado desde el lejano pasado;
si procede, una condena en ausencia
desde un tiempo al que jamás se va a regresar,
que quedó atrás, del otro lado
de ese engañoso espejo transparente
que es la línea del horizonte.
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