El subtexto de frustración y culpa en el "chao pescao" de Ayuso

El subtexto de frustración y culpa en el "chao pescao"
OPINIÓN · POLÍTICA · MADRID

La expresión "chao pescao" no es inocente. Materializa la despedida resignada de la presidenta al ático de Chamberí: frustración y culpa por lo que ha perdido, disfrazadas de casualidad.

Recuerdo a una amiga contándome que había terminado una relación que no quería terminar. No fue ella quien decidió irse; fue algo que la realidad le impuso. Resumió meses de dolor con dos palabras: "chao pescao". No lo dijo con humor. Lo dijo con frustración, con la resignación forzada de quien tiene que soltar algo que quiso de verdad porque no le queda otra. Esa mezcla —la ligereza de la rima y la frustración de fondo— es lo que hace de "chao pescao" un lamento agridulce, no un chiste. Y un lamento, a diferencia de un chiste, no se finge: delata que hubo apego y que perderlo dolió.

Elegir una expresión y no otra nunca es inocente. Isabel Díaz Ayuso se despidió del ático de 6,3 millones en Chamberí con un "está en venta, chao pescao", y ese tono —forzadamente ligero, resignado— no es el de quien archiva un trámite. Es el de quien suelta, a su pesar y con frustración, algo que le importaba. Ahí está la culpa: no en lo que dice, sino en cuánto se nota que le cuesta decirlo.

El plan que se rompió

El ático no era una inversión cualquiera: estaba enfrente de la casa donde vive su madre. Un ático de lujo, ya de por sí, y sobre todo el lugar perfecto para estar cerca de lo que más le importa. La versión oficial —que albergaría "oficinas temporales" de la Comunidad— nunca encajó con un espacio residencial en esa ubicación tan poco administrativa. Todo apunta a una compra hecha a medida de su vida privada, sin que figurase en ningún presupuesto de transparencia. El plan funcionó hasta que la prensa y los tribunales lo sacaron a la luz.

Eso es lo que hace que "chao pescao" suene a despedida y no a cierre de expediente: no se lamenta un trámite, se lamenta algo que se quería de verdad.

Por qué ese lamento, y no otra cosa

Podía haber dicho "hemos decidido venderlo" o no decir nada. En cambio eligió una frase con la cadencia de quien suelta algo a regañadientes, la misma que se usa para cerrar algo que dolió perder cuando no queda otra salida.

La frustración se cuela en el tono aunque uno intente sonar despreocupado.

Ese registro no se puede fingir con la misma naturalidad con la que se finge indiferencia. Por eso "chao pescao" no protege a Ayuso, la delata. Si el ático hubiera sido de verdad un asunto menor, se habría despedido de él con un comunicado, no con un lamento.

Lo que el lamento dice del poder

Lo que Ayuso pierde con el ático no es solo un inmueble: es la posibilidad de sostener que nunca le importó especialmente, que fue solo una gestión mal explicada. El tono con el que se despide desmiente esa versión mejor que cualquier documento judicial. No se lamenta lo que no se quiso.

Aquel ático no era un trámite, era un deseo, y perderlo le dolió lo suficiente como para despedirse de él con frustración.

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