Junts negoció un decreto de vivienda que hasta llevó su nombre y lo tumbó en cuarenta y ocho horas, justo después de la última reprimenda de Israel al Gobierno de Sánchez. En mayo ya señalé que la ruptura de Junts con Sánchez en 2025 coincidió con el giro del Gobierno contra Israel. Este nuevo giro no es una casualidad más: es el patrón de una posible injerencia extranjera.
En mayo publiqué ¿Demasiadas casualidades alrededor de Junts e Israel?. Sostenía que la ruptura de Junts con el Gobierno, anunciada por Puigdemont el 27 de octubre de 2025, llegó justo cuando Sánchez completaba su giro contra Israel: reconocimiento de Palestina, presión en Bruselas, embargo de armas. No tenía pruebas. Tenía una secuencia.
Cinco meses después, la secuencia tiene un punto más. Y para quien sospechaba, como yo, es el más revelador de todos.
El lobby que dejó de cobrar
Para entenderlo hay que recordar qué ha sido siempre Junts en Madrid. Es heredero de la Convergència de Pujol, que negoció con Felipe González y con Aznar, y su lógica es la del lobby territorial: si Madrid necesita tus votos, cobra por ellos. El peix al cove. Ni el procés acabó con esa regla. La investidura de Sánchez fue su mejor ejemplo: siete diputados convertidos en palanca.
La ruptura de octubre de 2025 quebró esa lógica por primera vez. Junts dejó de cobrar y empezó a bloquear.
Y entonces llegó la vivienda.
El desahucio de Maricarmen y la concentración en la Puerta del Sol pusieron al Gobierno contra las cuerdas. Junts hizo lo que no hacía desde la ruptura: volver a la mesa. Negoció, impuso condiciones, y el texto acabó conociéndose como el decreto de Junts. El Gobierno llegó a partirlo en dos para aislar las medidas más indigestas y despejarle el camino.
Parecía el regreso del Junts de siempre. No lo era.
Cuarenta y ocho horas
El 1 de octubre era la posición soñada para el Junts transaccional: siete votos decisivos, un Gobierno necesitado, un texto hecho a su medida.
Para guardar las formas, Junts envió el mismo día de la votación una contrapropuesta y prometió apoyar un decreto nuevo. Pero el orden lo dice todo: primero la derrota de Sánchez, después la negociación. Un lobby cobra antes de votar. Junts eligió hacer caer al Gobierno antes de cobrar.
Lo que revela el giro
Lo revelador no es que Junts discrepe de una política de vivienda. Es que renuncie a su propio decreto.
Un partido no tumba el texto que lleva su nombre por convicción ideológica. Lo tumba cuando el objetivo ha dejado de ser el texto.
Y aquí vuelven las piezas de mayo. Un Gobierno al que Israel ya trata abiertamente como hostil. Un partido decisivo con cuatro décadas de relación singular con Israel: la referencia identitaria de Pujol, la misión oficial de Mas en 2013, la oficina catalana de Tel Aviv que Junts defendió hasta su cierre. Una ruptura en octubre de 2025, días después del embargo de armas. Y ahora, cuatro días después de la última reprimenda israelí, el abandono de su propio decreto en el momento exacto en que podía hacer más daño.
Injerencia extranjera
Esto tiene un nombre: injerencia extranjera. Un Estado no puede votar en el Congreso español, pero sí puede influir en quien vota. Y si hay un Estado que sabe hacerlo, es Israel. Todo un experto.
El software espía Pegasus, de la israelí NSO, se usó contra más de sesenta independentistas catalanes y contra el teléfono del propio presidente del Gobierno. La Audiencia Nacional tuvo que señalar la falta de cooperación de Israel para investigarlo. En 2024 se descubrió que el Ministerio de Asuntos de la Diáspora israelí había financiado una campaña con perfiles falsos para presionar a congresistas de Estados Unidos. Israel no se limita a protestar contra los gobiernos que considera hostiles. Actúa.
Cuando un Estado convierte a un Gobierno extranjero en adversario, tiene un incentivo evidente: que ese Gobierno caiga. Israel tiene además los medios. Y en España, quien puede hacer caer al Gobierno tiene siete diputados.
En mayo había una sospecha. Hoy hay un patrón.
¿Es Junts el caballo de Troya de Israel contra Sánchez?
No tengo ninguna prueba, pero tampoco ninguna duda.




Comentarios
Publicar un comentario