Volver no es recuperar lo perdido

Volver no es recuperar lo perdido
Opinión · Cine · Clásicos

La Odisea no necesita monstruos ni tempestades para conmover. Le basta con un hombre que regresa y descubre lo que su ausencia ha destruido.

Para mi gusto —y el de muchos—, la parte culminante de la Odisea es el regreso del héroe a Ítaca. Especialmente, el encuentro con Argos: el perro envejecido y abandonado que reconoce a su amo cuando este resulta irreconocible para todos los demás. Mueve la cola, baja las orejas y muere. Ha esperado veinte años para verlo regresar.

El impacto de la ausencia del héroe sobre su hogar es tan importante como el impacto del viaje sobre el propio héroe. Ulises vuelve transformado, pero también encuentra un mundo devastado por su ausencia. La guerra no solo ha castigado al combatiente: ha consumido la vida de quienes quedaron esperando.

No es necesario adaptar toda la historia para que la Odisea conmueva. No hacen falta tempestades, monstruos ni escenarios exóticos.

El regreso del combatiente siempre desenmascara el absurdo de la guerra. Permite ver el daño causado en el hogar, el tiempo perdido y la felicidad sacrificada. Deja una impresión terrible: frente a la destrucción de aquello que debía protegerse, ninguna victoria parece suficiente.

No sé qué habrá visto Nolan en la Odisea. Puedo imaginarlo, aunque quizá me equivoque porque todavía no he visto su película. Pero sí sé lo que vio Uberto Pasolini en El regreso, ante la indiferencia casi general del público.

Pasolini vio la herida que permanece cuando termina la aventura.

Sin efectos especiales. Sin monstruos. Sin escenarios exóticos. Solo un hombre que vuelve y descubre que regresar no significa recuperar lo perdido, que debe pagar un precio por su locura de abandonar el hogar y haberlo destruido.

Comentarios