Marruecos, el enemigo que necesita el Régimen del 78

Marruecos, el enemigo que necesita el Régimen del 78
Opinión · Geopolítica · Marruecos

El relato mediático expone minuciosamente el rearme marroquí y oculta el poder económico, comercial, energético y geopolítico con el que España podría colocar a Marruecos en una situación extremadamente difícil sin disparar un solo tiro.

En un vistazo
El relato es selectivo, no falso: Marruecos se rearma de verdad, pero los medios cuentan solo esa mitad de la ecuación.
La relación de fuerzas es otra: la economía española es diez veces mayor, su gasto militar sextuplica al marroquí y su industria de defensa no tiene equivalente en Rabat.
España tiene palancas no militares: es el primer socio comercial de Marruecos, controla infraestructuras clave de gas y electricidad, y puede usar a Argelia como contrapeso.
Esa ocultación cumple una función: un España indefensa legitima cada concesión del Régimen del 78 como inevitable.
La tesis: Marruecos no es la amenaza que España necesita — es la amenaza que necesita el Régimen del 78.

Cada vez que Marruecos compra cazas, drones, misiles o sistemas de defensa, una parte de los medios españoles reproduce el mismo relato. Rabat se rearma, reduce distancias con España y se convierte en una amenaza creciente para Ceuta, Melilla o incluso Canarias.

El armamento solo es una parte de una representación más amplia. Marruecos también puede aumentar la presión migratoria, retirar su cooperación policial, perjudicar económicamente a Ceuta y Melilla o utilizar el Sáhara y las aguas próximas a Canarias para provocar una crisis.

La conclusión siempre es la misma: España debe actuar con prudencia porque tiene demasiado que perder. Marruecos aparece como el sujeto que amenaza, presiona y toma la iniciativa. España, como el país vulnerable que únicamente puede reaccionar, contener y ceder.

Lo significativo no es que se enumeren las capacidades marroquíes. Existen y Marruecos ha demostrado que sabe utilizarlas. Lo revelador es que casi nunca se formule la pregunta inversa: ¿qué podría perder Marruecos ante una crisis grave y prolongada con España?

La relación se cuenta desde un solo lado. Se explican minuciosamente las armas de Marruecos y se ocultan los instrumentos económicos, comerciales, energéticos, industriales y geopolíticos con los que España podría colocar al país vecino en una situación extremadamente difícil sin disparar un solo tiro.

Esa selección permite construir un enemigo exterior suficientemente próximo para provocar miedo y suficientemente poderoso para exigir adhesión a un régimen —y aquí no me refiero solo a la Constitución, sino al entramado institucional, partidista y mediático consolidado durante la Transición— que necesita presentarse como protector frente a amenazas que los ciudadanos no podrían afrontar sin él.

Una amenaza fabricada mediante selección

La construcción de un Marruecos amenazador no necesita inventar los hechos. Basta con seleccionarlos, aislarlos y repetirlos.

Marruecos compra un sistema militar. La noticia destaca su alcance, velocidad o capacidad destructiva, lo compara con su equivalente español y lo vincula con Ceuta, Melilla o Canarias. La posibilidad técnica se convierte en intención política y la intención acaba transformándose en amenaza inmediata.

Lo que desaparece es el contexto. El rearme marroquí no puede entenderse al margen de su rivalidad con Argelia y del conflicto del Sáhara Occidental. El propio Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) relaciona el gasto militar de ambos países con sus tensiones históricas y, especialmente, con la disputa del Sáhara.

Esto no significa que el armamento marroquí no pueda utilizarse contra España. Significa que presentar automáticamente cada adquisición como un preparativo contra territorio español elimina el escenario estratégico que explica buena parte de esas compras.

Tampoco existe el sorpasso que sugieren los titulares.

Gasto militar 2025 (SIPRI): España, 40.200 millones de dólares · Argelia, 25.400 millones · Marruecos, 6.300 millones.
PIB 2025 (Banco Mundial): España, 1,91 billones de dólares · Marruecos, 182.000 millones — una economía diez veces y media mayor.
Renta por habitante: la española multiplica por ocho la marroquí.

Rabat dedica una proporción mayor de su economía al esfuerzo militar, pero precisamente por eso sus adquisiciones deben interpretarse como un intento costoso de reducir algunas diferencias desde una base económica muy inferior, no como la prueba de una inversión general del equilibrio de poder.

Además, comprar armas no equivale a disponer de autonomía para mantenerlas. España cuenta con empresas como Navantia, Indra, Airbus Defence and Space o ITP Aero, capaces de construir buques y submarinos, desarrollar radares y sistemas electrónicos, participar en programas aeronáuticos y mantener plataformas complejas. Según un estudio de PwC para la Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio (TEDAE), el conjunto de estos sectores facturó más de 16.000 millones de euros en 2024.

Marruecos está intentando desarrollar una industria militar propia, pero sus principales sistemas continúan dependiendo de proveedores extranjeros para obtener componentes, munición, mantenimiento y actualizaciones. Los titulares muestran la compra. Ocultan el ciclo de vida del arma y la dependencia que comienza después.

Las armas españolas que no aparecen en el relato

La superioridad material española no constituye únicamente una comparación estadística. Proporciona instrumentos concretos para elevar considerablemente el coste de cualquier escalada marroquí.

El primero es el comercio. Según la Secretaría de Estado de Comercio, España es el primer socio comercial de Marruecos. El intercambio bilateral supera los 22.500 millones de euros anuales y más de 350 empresas españolas operan en territorio marroquí.

La relación beneficia a ambos países, pero su importancia es desigual. Marruecos representa alrededor del 3 % de las exportaciones españolas, mientras que España ocupa una posición central como proveedor y cliente de la economía marroquí. Sectores como la automoción, el textil, la agricultura de exportación y distintas actividades de ensamblaje dependen de cadenas productivas que cruzan el Estrecho.

Una ruptura causaría daños a empresas y sectores españoles, pero España dispone de una economía mucho mayor, más diversificada y con más capacidad para encontrar alternativas. Para Marruecos, una crisis prolongada afectaría a sus exportaciones, reduciría la entrada de divisas y golpearía una parte importante de su industria formal. El daño relativo sería muy superior y podría adquirir dimensiones sistémicas.

España no necesitaría imponer un bloqueo. La revisión de facilidades comerciales, inversiones, controles, contratos o programas de cooperación empresarial bastaría para incrementar seriamente el coste de una política hostil.

La segunda arma es la energía. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha señalado que Marruecos depende de las importaciones de petróleo, gas y carbón para cubrir alrededor del 90 % de sus necesidades energéticas. El desarrollo de las energías renovables ha reducido parcialmente esa vulnerabilidad, pero no la ha eliminado.

Tras la interrupción en 2021 del suministro argelino a través del gasoducto Magreb-Europa, Marruecos comenzó a comprar gas natural licuado (GNL) en los mercados internacionales, regasificarlo en España y transportarlo por el mismo gasoducto en sentido inverso. El gas no pertenece a España, pero las infraestructuras que permiten recibirlo sí forman parte del sistema español.

A ello se suma la interconexión eléctrica. Red Eléctrica de España cifra en 900 megavatios la capacidad de intercambio en dirección a Marruecos. Esa conexión no mantiene por sí sola encendido el país, pero proporciona electricidad, flexibilidad y estabilidad a su red.

España no puede apagar Marruecos mediante un interruptor. Sí controla infraestructuras cuya sustitución exigiría tiempo, inversión y nuevas alternativas logísticas. El comercio, el gas, la electricidad y el acceso a determinadas capacidades industriales no son simples relaciones técnicas. También forman parte del poder de un Estado.

Argelia, la palanca geopolítica

Argelia no importa únicamente como suministrador de gas. Es el principal rival regional de Marruecos y el Estado alrededor del cual Rabat organiza buena parte de su estrategia militar y exterior.

España podría utilizar esa rivalidad como instrumento de disuasión. Cada nueva presión marroquí podría tener como respuesta un estrechamiento de las relaciones económicas, energéticas y diplomáticas con Argelia. No porque Argel vaya a defender automáticamente los intereses españoles, sino porque cualquier mejora de su posición regional afecta directamente al cálculo estratégico de Marruecos.

La relación dispone además de una base material: el gasoducto Medgaz conecta directamente Argelia con la Península y, según Enagás, contribuye a la seguridad del suministro español. Pero su valor es principalmente geopolítico. Una España capaz de mantener relaciones autónomas con los dos grandes rivales magrebíes posee más margen de maniobra que una España enfrentada con Argelia y temerosa de incomodar a Rabat.

No se trata de sustituir una subordinación por otra ni de formar una alianza militar contra Marruecos. Se trata de introducir un coste en sus decisiones: que Rabat sepa que cada presión sobre España puede traducirse en un acercamiento español a su principal rival.

La función del enemigo

Todo grupo humano que necesita cohesionarse recurre al mismo mecanismo: se define frente a un exterior amenazante y cierra filas contra él. Noam Chomsky lo describió con otro nombre: la fabricación de amenazas exteriores es uno de los mecanismos más eficaces para fabricar consentimiento interior. Ningún régimen escapa a esa lógica, porque un poder que se presenta como protector solo se sostiene si existe algo de lo que proteger.

Sin un enemigo creíble, la pregunta deja de ser "¿nos protegen?" y pasa a ser "¿de qué nos protegen?" — y esa es la pregunta que el relato sobre Marruecos no deja formular.

Marruecos cumple esa función. No porque las tensiones sean inventadas —no lo son—, sino porque el Régimen del 78 necesita que lo parezcan más de lo que son. No lo hace mediante una amenaza militar convencional, sino mediante los instrumentos ya señalados al principio: más baratos y más eficaces que un misil.

Rabat politiza las vulnerabilidades españolas. Los gobiernos del Régimen del 78 despolitizan las vulnerabilidades marroquíes. Tratan el comercio, la energía, las inversiones, la logística y las relaciones con Argelia como ámbitos separados que deben permanecer al margen de cualquier estrategia de respuesta.

Esta es la verdadera asimetría. España posee los recursos; quienes la gobiernan renuncian a convertirlos en poder.

El relato mediático insiste en presentar una España permanentemente amenazada y apenas menciona las capacidades que podrían modificar esa relación, por dos motivos. El más sencillo es que un misil, un dron o una entrada masiva de migrantes producen titulares más espectaculares que una cadena de suministro o una planta de regasificación. El más profundo ya se ha dicho: ese miedo genera demanda de protección y favorece la adhesión al Régimen del 78, que se presenta como único administrador posible del peligro.

No es necesario suponer que existe una orden central dirigida a las redacciones. El relato cumple la misma función tanto si nace de una estrategia coordinada como si procede de inercias periodísticas, intereses convergentes o simple reproducción del discurso oficial.

Las armas que desaparecen del relato

Marruecos puede perjudicar a España y ha demostrado que sabe utilizar sus instrumentos de presión. Pero España también posee medios económicos, comerciales, energéticos, industriales y geopolíticos capaces de colocar a Marruecos en una situación extremadamente difícil.

La diferencia es que las armas marroquíes ocupan titulares y las españolas desaparecen del relato.

Marruecos no es el enemigo que España necesita. Es el enemigo que necesita el Régimen del 78. España posee los recursos para tratarlo desde una posición de fuerza; el régimen necesita que los españoles se perciban a merced de él.

La pregunta que nunca se hace en voz alta es por qué, teniendo el poder, ha decidido no usarlo.

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