El Atlético ya no está en 2014. Parte de su afición, sí

El Atlético ya no está en 2014
Opinión · Fútbol · Atlético de Madrid

El informe del CIES Football Observatory sitúa al club como la 12.ª plantilla más cara del planeta. Los números ya no encajan con el relato del equipo humilde.

Hay una parte importante de la afición del Atlético de Madrid que continúa viviendo mentalmente en 2014. Sigue contemplando al club como aquel equipo inesperado que irrumpía entre los gigantes, competía con recursos muy inferiores y convertía cada victoria en una hazaña contra el orden natural del fútbol. Aquella imagen fue verdadera. El problema es que han pasado doce años y seguimos utilizándola para explicar una realidad completamente distinta.

El Atlético de Madrid ya no es el intruso que se cuela en la fiesta de los poderosos. Forma parte de la élite económica del fútbol europeo y mundial. Quizá haya llegado el momento de que su afición también lo asuma.

El informe publicado ayer por el CIES Football Observatory ofrece un dato difícil de esquivar: el Atlético tiene la 12.ª plantilla más costosa de construir del mundo. Los jugadores que actualmente forman su primer equipo costaron, en conjunto, alrededor de 585 millones de euros en traspasos.

En un vistazo
585 M€: coste de la plantilla actual — 12.ª más cara del mundo
753 M€: invertidos en fichajes entre 2022 y 2026
-302 M€: balance neto de mercado en el mismo periodo

Conviene precisar bien qué significa el dato. El CIES no calcula el valor actual de mercado de la plantilla ni el presupuesto total del club. Mide cuánto dinero se invirtió, incluidos los posibles bonus, en contratar a los futbolistas que permanecen actualmente en el equipo. No dice cuánto valen hoy, sino cuánto costó reunirlos.

Y la clasificación es mundial, no exclusivamente europea. El estudio incluye clubes de otros continentes, desde Arabia Saudí hasta América. Por tanto, no hay exageración posible: solo once equipos del planeta han pagado más que el Atlético por construir su plantilla actual.

Más que el Barcelona, la Juventus o el Inter

Por delante del Atlético aparecen los seis grandes inversores ingleses que encabezan la tabla —Liverpool, Manchester City, Tottenham, Chelsea, Manchester United y Arsenal—, además del Real Madrid, el Paris Saint-Germain, el Newcastle, el Aston Villa y el Bayern de Múnich.

Inmediatamente después aparece el Atlético, con 585 millones, prácticamente empatado con la Juventus, que suma 584. Por detrás quedan el Brighton, el Bayer Leverkusen y el Barcelona, cuya plantilla actual costó 543 millones.

También quedan por debajo el Inter, el Milan, el Nápoles, el Borussia Dortmund y otros clubes que nadie dudaría en incluir dentro de la élite europea.

Por delante y por detrás del Atlético
Por delante (11): Liverpool, Man. City, Tottenham, Chelsea, Man. United, Arsenal, Real Madrid, PSG, Newcastle, Aston Villa, Bayern
Justo por detrás: Juventus (584 M€), Brighton, Bayer Leverkusen, Barcelona (543 M€)

Esto no significa que el Atlético tenga el mismo poder económico que el Real Madrid o los grandes clubes de la Premier. No lo tiene. La plantilla madridista costó 1.021 millones, un 75% más, mientras que Liverpool, Manchester City, Tottenham, Chelsea, Manchester United y Arsenal superan todos los 1.000 millones.

Entre ser el Real Madrid y ser un modesto hay un territorio enorme, y el Atlético ocupa una de sus posiciones más altas.

Existe una primera división financiera prácticamente inaccesible para el Atlético. Pero reconocer esa distancia no obliga a fingir que el club sigue siendo económicamente pequeño.

El Atlético sí ha tenido dinero para fichar

El estudio resulta todavía más revelador cuando se observa la inversión acumulada durante los últimos cinco años.

Entre 2022 y 2026, el Atlético gastó aproximadamente 753 millones de euros en fichajes. En ese mismo periodo, el Real Madrid invirtió 774 millones y el Barcelona, 656. Es decir, el gasto bruto del Atlético quedó a apenas 22 millones del Real Madrid y superó en casi 100 millones al Barcelona.

El Atlético también presenta un balance neto negativo de 302 millones de euros durante esos diez mercados. No se ha limitado a comprar con el dinero obtenido mediante ventas. Ha realizado una inversión neta considerable para reforzar y renovar su plantilla.

Solo durante 2026 ha gastado 218 millones, más que el Barcelona y solo por detrás del Real Madrid entre los clubes españoles. Su balance anual es de 77 millones negativos.

Estos números no describen a un club sin recursos. Describen a un club que compra, invierte y asume déficits de mercado propios de una gran entidad europea.

Por eso resulta cada vez menos creíble explicar cualquier fracaso apelando automáticamente a la inferioridad económica. Esa inferioridad existe respecto a un grupo muy reducido de superpotencias, pero no respecto a la inmensa mayoría de los equipos con los que compite.

La nostalgia del equipo insurgente

El Atlético de 2014 produjo una identificación extraordinaria porque representaba una rebelión. Era un club que apenas una década antes había pasado dos temporadas en Segunda División, arrastrando la crisis institucional y económica más grave de su historia. Ese mismo club, reconstruido con muchos menos recursos que sus rivales, conquistó la Liga frente al Real Madrid y el Barcelona y estuvo a unos segundos de ganar la Champions. Aquella temporada consolidó una cultura basada en el esfuerzo, la resistencia y la capacidad de competir contra fuerzas económicas superiores.

Una identidad puede convertirse en una coartada cuando sobrevive intacta después de que hayan cambiado las condiciones materiales.

Una parte de la afición continúa juzgando al Atlético como si cada clasificación para la Champions fuera una proeza y cada victoria contra un grande, una anomalía. Se conforma con competir, disculpa temporadas mediocres y presenta cualquier exigencia como una muestra de ingratitud o de pérdida de identidad.

Es una forma de fidelidad sentimental, pero también una manera de negar la evolución del club.

El Atlético ha estrenado estadio, ha multiplicado sus ingresos, ha aumentado su valor empresarial, ha acumulado presencia en la Champions y ha invertido cientos de millones en jugadores. Ha dejado de ser el aspirante ocasional para convertirse en una organización instalada estructuralmente entre los grandes.

No puede conservar indefinidamente las exigencias de un club de segundo nivel mientras realiza inversiones propias de uno de primer nivel.

Exigir no significa ignorar las diferencias

Aceptar la nueva dimensión del Atlético tampoco significa exigir que gane cada año la Liga o la Champions. Ser el duodécimo club por coste de plantilla no convierte automáticamente a un equipo en campeón. El fútbol no es una tabla contable y los rivales situados por encima disponen, en muchos casos, de una ventaja financiera enorme.

Pero sí permite establecer un nivel razonable de exigencia.

Un equipo situado en esa posición debe competir habitualmente por los títulos nacionales, superar con regularidad las primeras rondas de la Champions y ofrecer un rendimiento deportivo acorde con el talento y la inversión disponibles. Puede perder contra los grandes, pero no instalarse en la inferioridad como principio. Puede atravesar una mala temporada, pero no convertir la mediocridad en algo inevitable.

La pregunta ya no puede ser únicamente cuánto dinero tienen los demás. También debemos preguntar qué hace el Atlético con el suyo.

Si una plantilla de 585 millones no funciona, habrá que examinar la planificación deportiva. Si jugadores costosos rinden por debajo de sus posibilidades, habrá que analizar cómo se utilizan. Y ahí el banquillo pesa más que la planificación deportiva: de poco sirve fichar bien si luego no se le saca a la plantilla el rendimiento que exige su coste. Si se invierten 753 millones en cinco años sin lograr el salto competitivo correspondiente, habrá que exigir responsabilidades a quienes fichan, entrenan y dirigen, empezando por quien decide once, sistema y rotaciones cada domingo.

La diferencia económica puede explicar una parte del resultado. No puede explicarlo todo.

El club evolucionó; la mentalidad también debe hacerlo

El Atlético de Madrid hizo durante los últimos doce años el recorrido que su afición soñaba: dejó de ser un club intermitente, se estabilizó en la Champions, aumentó sus ingresos, construyó un nuevo estadio y se instaló entre las grandes entidades internacionales.

Sin embargo, una parte de su entorno continúa aferrada al relato anterior porque resulta emocionalmente cómodo. Permite celebrar como excepcional aquello que debería ser normal y disculpar como inevitable aquello que debería ser criticado.

Pero defender al Atlético no consiste en reducir permanentemente sus responsabilidades. Tampoco en tratarlo como un club pequeño cuando los datos muestran que ya no lo es. La verdadera lealtad exige juzgarlo según lo que ha llegado a ser, no según lo que fue.

No somos el Real Madrid, el Manchester City o el Liverpool. Pero tampoco somos ya aquel equipo que necesitaba una alineación perfecta de circunstancias para discutirles un título.

Somos el club que ha construido la 12.ª plantilla más costosa del mundo, que ha invertido 753 millones en cinco años y que forma parte, por recursos, estructura y presencia internacional, de la élite del fútbol.

El Atlético ha evolucionado. Ha crecido. Ha cambiado de escala. Ahora corresponde a su afición completar el mismo recorrido mental.

Hay que dejar de vivir en 2014. El equipo ya está en la élite europea y mundial.

Es hora de asumirlo y empezar a exigirle como tal.

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