Más balón, el mismo peligro: el techo del Atlético de Simeone

Más balón, el mismo peligro: el techo del Atlético de Simeone
Opinión · Fútbol · Atlético de Madrid

El Atlético tiene cada vez más la pelota, pero no genera más ocasiones claras. Su transformación avanza sin romper todavía el techo que pretende superar, una carencia que LaLiga disimula y la Champions castiga.

En un vistazo
→ El cambio es real: la posesión media ha pasado del 50,7 % en 2023-24 al 58,5 % en las ocho primeras jornadas de esta temporada. El equipo construye más y ataca con más jugadores.
→ Pero el peligro no crece: con mucho más balón, el Atlético genera prácticamente los mismos goles esperados por partido que hace tres temporadas. En 2025-26, con más posesión, generó incluso menos.
→ No es culpa de los delanteros: el equipo marca algo por encima de lo que valen sus ocasiones. Lo que falla está antes del remate: abundan los tiros lejanos, forzados o estorbados, y escasean las ocasiones claras.
→ LaLiga lo disimula, la Champions lo castiga: frente a rivales menores, la plantilla y la solidez compensan. Ante los mejores, como en Anfield, tener más el balón no se traduce en más peligro.
→ Cumplir el mínimo no es superarse: el equipo rinde mejor fuera de casa, pero eso es lo exigible a un club de su nivel. El objetivo del cambio de juego es superar sus límites, y mientras no lo consiga, ese objetivo queda en entredicho.

Dos lecturas de una misma victoria

El Atlético ganó al Alavés por 1-2 en un partido que permite dos lecturas. La primera es favorable: dominó la posesión, acumuló remates, tuvo paciencia y terminó encontrando el gol de la victoria en el minuto 87, gracias a un magnífico centro de Baena que remató Cristian Romero. La segunda es más preocupante: necesitó 22 disparos y más de media hora de superioridad numérica para imponerse a un rival que había conseguido proteger el empate.

Ambas lecturas son compatibles y explican bastante bien el momento del equipo. El Atlético está avanzando en un proceso de transformación de su juego, pero sigue mostrando dificultades para convertir ese progreso en una superioridad ofensiva decisiva. La cuestión no consiste en determinar si juega mejor o peor que antes, sino en preguntarse si está consiguiendo superar los problemas que llevan varias temporadas limitando su rendimiento.

Lo que progresa: posesión, elaboración y dominio

La evolución hacia un fútbol de mayor posesión es medible. El Atlético pasó de un 50,7 % de posesión media en la temporada 2023-24 al 52,5 % en 2024-25 y al 53,3 % en 2025-26. En las ocho primeras jornadas de esta campaña alcanza el 58,5 %. No son cifras que permitan hablar de una transformación culminada, pero sí muestran una tendencia sostenida hacia un equipo que pretende dominar más mediante el balón.

También hay señales de mayor elaboración ofensiva. El Atlético busca progresar mediante combinaciones, acumula jugadores en campo contrario y desarrolla ataques más largos. La jugada colectiva culminada por Jonathan David en el derbi frente al Real Madrid ilustra esa intención. El equipo intenta construir las ocasiones, no limitarse a aprovechar los espacios que deja el adversario.

Contra el Alavés, esa orientación se manifestó en un 68 % de posesión, 22 remates, siete a puerta y 33 contactos con el balón dentro del área rival. Son cifras de un equipo que asumió la iniciativa. Además, conserva recursos defensivos importantes y una capacidad competitiva que le permite resolver encuentros ajustados. El proceso de transformación existe. Negarlo sería ignorar las estadísticas.

Lo que no mejora lo suficiente: la calidad de las ocasiones

Sin embargo, el Atlético continúa encontrándose con una dificultad recurrente: su creciente capacidad para dominar territorialmente no se traduce siempre en una producción equivalente de ocasiones claras. El equipo llega, remata e insiste, pero todavía le cuesta desorganizar defensas bien estructuradas y generar oportunidades de alta calidad con regularidad.

La estadística de goles esperados (xG), que estima la probabilidad de marcar de cada disparo, ayuda a comprender el problema. Contra el Alavés, 22 remates produjeron 2,12 xG, una media de 0,096 por tiro. El peligro acumulado fue considerable, pero la calidad media de los disparos resultó moderada. No es un caso aislado: con mucho más balón que hace tres temporadas, el Atlético genera prácticamente el mismo peligro por partido (1,77 xG frente a 1,67 en 2023-24), y en 2025-26, con más posesión, generó menos (1,56).

Tampoco es un problema de los delanteros. El equipo marca incluso algo por encima de lo que valen sus ocasiones. Lo que escasea no es la definición, sino las ocasiones claras: abundan los tiros lejanos, forzados o con un defensor encima.

El patrón resulta reconocible: posesión prolongada, numerosas llegadas, dificultades para romper líneas y dependencia de centros precisos, acciones individuales o circunstancias favorables para resolver partidos. Incluso cuando gana, el Atlético necesita con frecuencia insistir hasta el final. Y cuando adelanta jugadores para sostener su ataque, también se expone a pérdidas y transiciones peligrosas.

Son dificultades que ya aparecían en temporadas anteriores. Simeone lleva tiempo intentando corregirlas mediante una evolución hacia un fútbol más elaborado, pero todavía no ha conseguido resolverlas de manera convincente.

El Atlético está mejorando su capacidad para llegar, pero no en la misma medida su capacidad para llegar en condiciones de marcar.

LaLiga puede disimularlo; la Champions, castigarlo

El Atlético dispone de recursos suficientes para competir por las primeras plazas de LaLiga. Su plantilla, su organización defensiva y su capacidad para ganar partidos ajustados permiten compensar las limitaciones ofensivas frente a numerosos adversarios.

Pero esas compensaciones pierden fiabilidad contra equipos con mayor estructura, organización y calidad individual. En Champions, los rivales pueden limitar el volumen de remates, disputar la posesión y castigar con mayor eficacia las pérdidas. El encuentro de Anfield frente al Liverpool ofrece un ejemplo: el Atlético tuvo un 55 % de posesión, pero solo produjo nueve disparos y alrededor de 0,9 goles esperados. Tener más el balón no significó generar más peligro.

Cumplir el mínimo no es superarse

Todo equipo profesional que compite debe tener como objetivo mejorar y, como consecuencia, superar sus límites. El cambio de juego del Atlético solo tiene sentido en esa dirección. Pero mientras no resuelva los problemas descritos, la consecución de ese objetivo queda en entredicho.

Hay avances. El equipo rinde mejor fuera de casa, una asignatura pendiente durante varias temporadas. Pero esa mejora no supera ningún límite: forma parte del mínimo que un equipo del nivel europeo del Atlético debe ofrecer sí o sí.

Una exigencia sana no consiste en celebrar que el Atlético consiga lo que se le supone a un equipo de élite: no pelear por el descenso, dominar y controlar los partidos ante rivales de inferior categoría y rendir de forma equilibrada dentro y fuera de casa. Consiste en superar su techo: competir por LaLiga hasta el final, dar guerra a los equipos de mayor calidad y categoría, e incluso ganarles.

Por ahora, la persistencia de estas carencias en un juego más evolucionado parece garantizar solo que el equipo esté en su papel. No es poco, teniendo en cuenta los últimos años, pero no debería bastar para satisfacer la exigencia de la afición de un equipo grande.

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