Antes de decidir si convoca elecciones o espera, Sánchez necesita saber si la crisis de la vivienda está corrigiendo sus dos principales debilidades electorales.
Una mayoría que se estrecha
Pedro Sánchez pasa este fin de semana ante una decisión que puede cerrar la legislatura. El Congreso ha tumbado los dos decretos de vivienda del Gobierno con los votos de Junts per Catalunya junto al Partido Popular (PP) y Vox, y Sánchez sopesa ahora si ha llegado el momento de disolver las Cortes y convocar elecciones. El viraje de Junts importa especialmente porque había negociado con el Gobierno y uno de los decretos incorporaba varias de sus demandas; aun así, lo rechazó. El problema ya no es solo perder una votación: es comprobar hasta qué punto se ha estrechado la mayoría sobre la que descansaba la legislatura.
Las dos debilidades de Sánchez
Creo que, si este fin de semana coloca sobre la mesa los microdatos del último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), es decir, las respuestas individuales de cada encuestado, su dilema puede reducirse bastante. Más allá de quién aparezca primero en cada encuesta, hay dos movimientos que deberían preocuparle especialmente: una bolsa de indecisos progresistas mucho mayor que la de la derecha y una fuga creciente de antiguos votantes socialistas hacia PP y Vox.
Según mis cálculos sobre esos microdatos, en septiembre el 13,3 % de quienes habían votado al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) o a Sumar en 2023 todavía no sabía a quién votaría, frente al 5,3 % entre los antiguos votantes de PP y Vox. Sin embargo, las ganas de votar eran prácticamente idénticas: en una escala de 0 a 10, el 91,9 % de los primeros situaba entre 8 y 10 su probabilidad de acudir a las urnas, frente al 93,7 % de los segundos. La izquierda no ha decidido quedarse en casa: quiere votar, pero no sabe a quién.
Ahí está la principal reserva electoral de Sánchez. Pero por el otro lado existe una fuga: entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026, la proporción de antiguos votantes socialistas que ahora declara intención de votar a la derecha pasó del 4,0 % al 8,7 %. Seguir absorbiendo votantes de Sumar puede mejorar al PSOE, pero no agranda el bloque progresista: solo redistribuye sus votos. Para cambiar realmente su posición, Sánchez necesitaría conseguir dos cosas a la vez: decantar a una parte de esos indecisos hacia el bloque progresista y frenar la salida de antiguos socialistas hacia PP y Vox.
Por eso sospecho que la pregunta de este fin de semana no es solo si convoca elecciones, sino si la crisis de la vivienda ha empezado ya a mover esas dos variables.
La vivienda: palanca o bumerán
Hay razones para hacerse la pregunta. Una encuesta de 40dB. para El País y la Cadena SER encontró que más de dos tercios de los españoles respaldan limitar los precios de la vivienda, incluidos más de la mitad de los votantes del PP y de Vox. Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, ha extraído la consecuencia política: las próximas elecciones serán un “referéndum sobre la vivienda”.
Pero el apoyo social no resuelve el problema electoral. La misma crisis puede volverse contra un Gobierno que lleva años en el poder sin haber conseguido resolverla. De hecho, el estudio de 40dB. muestra que la culpa se reparte de forma muy distinta según el votante: la izquierda señala con más frecuencia a las comunidades autónomas; la derecha, al Gobierno central. La cuestión para Sánchez no sería, por tanto, comprobar si la vivienda moviliza. Sería averiguar hacia dónde moviliza.
El reloj del Congreso
Si sus propios sondeos empezaran a indicarle que los indecisos progresistas se decantan por la izquierda y que la fuga hacia la derecha se contiene, podría pensar que el rechazo de los decretos le ha abierto una ventana electoral. Si esa señal todavía no aparece, esperar tendría otra lógica: dejar que el conflicto se desarrolle y comprobar si termina produciendo el movimiento que necesita.
El problema es que tampoco puede esperar indefinidamente. Cada nueva derrota estrecha un poco más el espacio para continuar la legislatura.
La crisis parlamentaria marca cuánto tiempo puede esperar; las encuestas, si le conviene hacerlo.
Convocar o esperar
Convocar ahora supone hacerlo antes de saber si la vivienda está corrigiendo las dos tendencias que más le perjudican. Esperar supone confiar en que esas tendencias puedan cambiar mientras el margen parlamentario sigue consumiéndose.
Esa es la espada y esa es la pared. Y quizá la decisión dependa de algo tan sencillo como esto: si Sánchez cree que el dato que necesita ya está apareciendo o si piensa que todavía merece la pena esperar a encontrarlo.



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