La derrota en Manchester no anticipa la temporada, pero confirma algo peor: nada esencial ha cambiado, y esta vez falta el jugador que disimulaba las carencias del sistema.
La derrota en Manchester, en el primer amistoso de la pretemporada, no permite anticipar cómo terminará la próxima campaña del Atlético de Madrid. Pero sí ofrece una comprobación menos ambiciosa y mucho más preocupante: nada esencial parece haber cambiado. La defensa de cinco, los delanteros lejos del área rival, la ausencia de presión coordinada, el equipo esperando mientras el United movía el balón sin apenas oposición. No era octubre ni una eliminatoria decisiva. Precisamente por eso resulta significativo: la pretemporada es el momento de ensayar alternativas, y Simeone volvió a refugiarse en las de siempre.
El Atlético afronta así otra temporada con el mismo entrenador, el mismo modelo y las mismas limitaciones. La diferencia es que esta vez no estará Antoine Griezmann.
El jugador que hacía funcionar el sistema
Griezmann no fue simplemente el máximo goleador histórico del club. Fue uno de los principales responsables de los éxitos de la temporada pasada, y las eliminatorias contra el Barcelona en Champions y Copa lo demostraron: fue él quien dio criterio al balón en las transiciones que decidieron ambas series. Acumulaba las funciones que el sistema no repartía adecuadamente entre el resto del equipo: descendía a organizar cuando faltaba una salida limpia, daba sentido a la transición tras cada recuperación —no solo corriéndola, sino decidiendo cuándo acelerarla y cuándo darle pausa—, aparecía entre líneas cuando faltaba creatividad, y presionaba y perseguía como si defender también fuera su tarea. Corría como centrocampista, interpretaba el juego como organizador y encima tenía que marcar como delantero.
Su inteligencia táctica actuaba como el respirador artificial de un centro del campo demasiado plano.
Gracias a él, carencias que eran estructurales terminaban pareciendo simples dificultades pasajeras. Por eso sería un error interpretar su ausencia únicamente como la pérdida de un gran goleador: el Atlético pierde al futbolista que producía buena parte del fútbol que Simeone nunca consiguió generar mediante la organización colectiva.
Por qué nadie va a compensarlo
El problema no es que el Atlético defienda cerca de su área o confíe en las transiciones. Esos recursos siguen siendo válidos. El problema es que depende de ellos en exceso porque no ha desarrollado alternativas sólidas, y ese modelo consume enormes cantidades de energía física y mental. La temporada del Atlético suele durar lo que dura la energía de sus futbolistas; cuando las piernas pesan o el rival obliga a construir con el balón, el sistema muestra sus carencias.
La temporada pasada, Griezmann permitió superar esas situaciones por su cuenta. Ahora que no está, la pregunta obvia es por qué nadie más parece dispuesto a resolver desde la pizarra lo que él resolvía desde el campo. Y ahí aparece la otra mitad del problema: un entrenador cada vez más rígido frente a la innovación. Simeone sigue apostando por el mismo dibujo, las mismas soluciones y el mismo discurso de siempre, en un momento en que el equipo necesitaba precisamente lo contrario: una evolución táctica que compensara la ausencia de quien la sustituía con talento individual. Sin esa disposición a cambiar, no hay quien tape el agujero que deja Griezmann.
Otro año más, pero desde un lugar peor
Un amistoso de pretemporada no demuestra nada por sí solo. Pero si algo confirmó Manchester es que quienes esperaban que la salida de Griezmann obligara a Simeone a construir un equipo más colectivo no encontraron ninguna señal en esa dirección. El Atlético afronta la temporada con la misma receta de siempre, pese a haber perdido uno de los ingredientes que la hacía funcionar, y sin que su entrenador dé muestras de estar dispuesto a sustituirlo por otra cosa.
Nada garantiza que el Atlético vaya a fracasar: tiene plantilla suficiente para ganar muchos partidos. Pero esta vez arranca desde un lugar peor que en las últimas temporadas. Y si nada cambia en las próximas semanas, el primer amistoso no habrá sido una anomalía de julio, sino el primer capítulo de un año que se parecerá demasiado a los anteriores, con un problema añadido que ninguno de los anteriores tuvo.
Otro año más, pero sin Griezmann.




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