El Atlético ganó 2-0 al Manchester United, pero las estadísticas muestran debilidades que el marcador oculta. No le cuestan puntos ante rivales menores, pero son las que aparecen en los pocos partidos que marcan su techo.
Más allá de la racha
El Atlético ganó al Manchester United, sumó su quinta victoria consecutiva y dejó otra buena impresión entre sus aficionados. Hay razones para estar satisfechos: el equipo tiene calidad y recursos suficientes para ganar muchos partidos. Pero llevo varias temporadas observando cómo las buenas rachas alimentan expectativas que, cuando llega el momento de hacer balance, terminan desinflándose. La temporada pasada, por ejemplo, el Atlético también atravesó momentos de buen juego y acabó a 25 puntos del campeón. Por eso intento mirar más allá de los resultados: no quiero saber solo si el Atlético gana, sino si su juego le alcanza para imponerse en los pocos partidos que marcan una temporada.
Lo que esconde el 2-0
El partido contra el Manchester United muestra por qué las estadísticas resultan imprescindibles para responder a esa pregunta. El resultado fue un 2-0, pero los números describen un encuentro mucho más ajustado. El Atlético tuvo el 58 % de la posesión, disparó once veces frente a nueve y terminó con cinco tiros a puerta frente a cuatro. Ganó en goles esperados por 1,42 a 0,98, pero, según Sofascore, el United generó cuatro ocasiones claras frente a dos del Atlético.
No son cifras de una superioridad incontestable. El Atlético fue más eficaz y tuvo méritos colectivos evidentes, pero su gol del primer minuto no llegó a ser una ocasión clara. En la primera parte, con el 66 % del balón y once contra once, generó la mitad de peligro que el United (0,33 goles esperados frente a 0,68), y el United dispuso de tres ocasiones claras que Oblak y la falta de acierto evitaron. El segundo gol llegó cuando el rival ya jugaba con diez. El marcador transmite una sensación de seguridad que el desarrollo del partido no respalda.
Y conviene recordar quién estaba enfrente. El Manchester United llegaba con cuatro partidos sin ganar y con su peor arranque en la Premier en 40 años: seis puntos en seis jornadas. Tiene grandes futbolistas, pero no es actualmente un equipo con un funcionamiento colectivo consolidado. Si un adversario en esas condiciones consigue generar más peligro que el Atlético durante una parte entera, resulta razonable preguntarse qué sucederá frente a uno que atraviese una buena racha, disponga de mecanismos ofensivos contrastados y tenga calidad suficiente para castigar los errores.
Más balón no es más control
Esta es precisamente la cuestión que abordé en Presionar a medias: lo que separa al Atlético de Simeone de la élite del fútbol moderno. Los datos del Observatorio de Fútbol del CIES muestran un Atlético que ha avanzado hacia un fútbol de mayor posesión y presencia en campo contrario, pero cuya presión sigue siendo su principal debilidad comparativa: es el 21.º entre los clubes de las cinco grandes ligas en capacidad para imponer el juego, con solo 59 puntos en presión. Ha cambiado su manera de jugar, pero todavía no ha completado la transformación.
El encuentro contra el United no demuestra que todas las ocasiones concedidas se debieran a esa presión insuficiente. Pero sí vuelve a poner sobre la mesa el problema de fondo: tener más balón no significa necesariamente controlar mejor el partido. Para controlar también hay que impedir que el contrario genere peligro. Y esa es una de las tareas pendientes del Atlético si pretende competir mediante un fútbol de mayor posesión, presión y ocupación del campo rival.
Resultado no es rendimiento
Aquí es donde la mirada del aficionado puede resultar engañosa. Una victoria produce satisfacción y una racha genera entusiasmo, pero la estadística permite separar el resultado del rendimiento que lo ha producido. Un equipo puede encadenar victorias gracias a una eficacia extraordinaria, a su portero o a las debilidades de sus rivales, y nada de eso basta para sostener una temporada. La calidad de las ocasiones que genera y concede, en cambio, ayuda a distinguir una buena racha de una mejora estructural.
Esa es la lectura que hago de las últimas temporadas del Atlético. Simeone ha demostrado repetidamente que puede ganar muchos partidos, incluso ofreciendo fases de buen fútbol. Lo que no ha conseguido con la misma regularidad es convertir esas fases en un rendimiento suficientemente alto y sostenido para disputar la Liga hasta el final o superar a los adversarios más fuertes de Europa. La distancia entre sus mejores momentos y su balance final me hace desconfiar de las conclusiones que se extraen de cada nueva racha de victorias.
Una apuesta en corto
Por eso, de momento, apuesto en corto contra el juego del Atlético. No contra sus futbolistas ni contra su capacidad para ganar muchos partidos, que demuestra cada temporada. Apuesto contra que ese juego le alcance para ganar, o al menos competir de igual a igual, los partidos que deciden si un equipo rompe su techo. Hay carencias que ya asoman y que las virtudes del equipo y los defectos de sus rivales están ocultando. Estoy convencido de que, como en los últimos años, terminarán aflorando contra rivales de mayor calidad y mejor juego. Lo iré comprobando con los mismos datos: el peligro que el Atlético concede mientras gana y las ocasiones que genera frente a las que permite. Los partidos contra rivales verdaderamente sólidos dirán si tengo razón.
La temporada es larga y el Atlético ganará muchos partidos. La pregunta es si ha mejorado lo suficiente para que, cuando lleguen los encuentros que definen su techo competitivo, el rendimiento esté a la altura de las expectativas que sus victorias generan.




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