Presionar a medias: lo que separa al Atlético de Simeone de la élite del fútbol moderno

Presionar a medias: lo que separa al Atlético de Simeone de la élite del fútbol moderno
Opinión · Fútbol · Táctica

El Atlético tiene más balón, pero no más peligro. Los datos del CIES explican por qué: se ha modernizado a medias y ha perdido parte de su solidez defensiva excepcional. Completar esa evolución es la vía para romper su techo.

En un vistazo
→ Moderno, pero a medias: el CIES mide presión, control y ocupación. El Atlético es 21.º entre los equipos de las cinco grandes ligas y queda por debajo del Villarreal, pese a tener más plantilla y más recursos.
→ Avanza con balón, falla sin él: sus mejores notas están en control y ocupación; la peor, en presión (59). Cuando adelanta líneas, sus pérdidas le exponen.
→ El coste defensivo: esas pérdidas explican buena parte de que haya pasado de encajar 18 goles en la Liga 2015-16 a 44 en la 2025-26, el peor registro de la era Simeone.
→ Por qué tiene que completar el cambio: los equipos que más dictan el juego son los que mandan en Europa. El fútbol moderno no es una moda: resuelve problemas.

Qué significa jugar moderno

En Más balón, el mismo peligro sostuve que el Atlético tiene cada vez más la pelota, pero no más ocasiones claras, y que eso le pone un techo. Este artículo lo explica con los datos del CIES y muestra por qué superar ese techo exige completar la transformación.

Decir que un equipo juega un fútbol moderno no significa que juegue bonito, que tenga siempre el balón o que imite a Guardiola. Significa, sobre todo, que intenta controlar cada vez más fases del partido.

El Weekly Post 555 del Observatorio de Fútbol del CIES (Centro Internacional de Estudios del Deporte) ofrece una buena forma de concretar esa idea. Su Game Dictating Index analiza equipos de 68 ligas de todo el mundo con 27 indicadores de la empresa de datos Impect. Usa los partidos de liga disputados esta temporada hasta el 24 de septiembre de 2026 y agrupa esos indicadores en tres dimensiones: presión, control y ocupación.

El CIES no pretende medir la modernidad de un equipo, sino su voluntad y capacidad para imponer el juego. Pero esas tres dimensiones describen bastante bien hacia dónde ha evolucionado el fútbol actual.

→ Presionar: incomodar al rival cuando tiene el balón para quitárselo cuanto antes.
→ Controlar: gobernar el partido con la pelota, construyendo el juego en lugar de esperar el error contrario.
→ Ocupar: conseguir que todo el equipo se instale cerca del área rival y viva allí el mayor tiempo posible.

Qué Atlético muestran los datos

El Atlético obtiene 72,9 puntos en el índice general: 59 en presión, 73 en control y 71 en ocupación. No son cifras malas. El problema aparece al compararlas con el nivel al que aspira el club: entre los equipos de las cinco grandes ligas europeas, el Atlético es 21.º.

Y la diferencia no aparece solo frente a Bayern, Barcelona, Paris Saint-Germain o Manchester City. El Villarreal alcanza 83,2 puntos frente a los 72,9 del Atlético. Para un club con más plantilla y más recursos que el Villarreal, eso dice bastante.

Las tres cifras confirman lo que apuntaba el artículo anterior. Sus mejores notas están en control y ocupación: es ahí donde más ha cambiado el Atlético, que hoy tiene más el balón y vive más tiempo en campo contrario. Pero ni siquiera ahí está a la altura de la élite.

La presión es su punto más débil. No porque el equipo no corra, sino porque el fútbol moderno exige presionar en bloque: todos a la vez, cerrando espacios y empujando al equipo hacia arriba. El 59 del Atlético indica que ahí está lejos de los mejores.

Lo que cuesta presionar a medias

La presión débil no es solo un problema de estilo. Se nota en la portería propia.

En la Liga 2015-16 encajó solo 18 goles en 38 jornadas y Jan Oblak terminó 24 partidos sin recibir un gol, según los datos publicados por LaLiga y el propio Atlético de Madrid. En la 2025-26 recibió 44, la cifra más alta de las catorce temporadas completas de Simeone en el banquillo.

Buena parte de esa diferencia está en las pérdidas. Aquel equipo defendía cerca de su área: cuando perdía el balón, el rival apenas tenía espacio para correr. El actual adelanta a sus jugadores para atacar, pero no presiona lo bastante bien para recuperar en cuanto pierde. Cada pérdida puede convertirse en un contraataque rival con espacio a la espalda.

El Atlético ha perdido parte de las ventajas de su viejo modelo sin adquirir todavía todas las del nuevo: ya no defiende como antes y todavía no presiona como los mejores.

No se juega así por capricho

Esto importa porque el fútbol no ha evolucionado hacia la presión, el control y la ocupación por una cuestión estética. Lo ha hecho porque resuelve problemas.

Presionar bien permite recuperar el balón antes y evita tener que volver corriendo hacia la propia portería. Una buena estructura con balón hace que las pérdidas sean menos peligrosas. Vivir en campo contrario mantiene al equipo junto, facilita volver a recuperar y aleja al rival de tu área.

No se trata de correr más, sino de tener que correr menos veces mal.

Y eso pesa todavía más en un fútbol con calendarios cada vez más cargados.

El propio informe lo ilustra: las dos puntuaciones más altas del mundo son las del Bayern y el Barcelona, dos de los favoritos a ganar la Champions, y el Paris Saint-Germain, doble campeón vigente, es quinto. Los equipos que dictan el juego son los que mandan en Europa, justo donde el Atlético choca con su techo.

Por eso el problema del Atlético no es que Simeone practique un fútbol antiguo. Ha aprendido buena parte del lenguaje del fútbol moderno.

Todavía no domina su gramática. Y mientras no la domine, el techo seguirá ahí.

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