En Stuttgart, ante un rival que le disputó la pelota, el Atlético perdió el dominio que exhibe en LaLiga y su peligro siguió siendo escaso. El empate llegó en una acción aislada. Lo que LaLiga disimula, la Champions empieza a mostrarlo.
Del dominio a la nada
En Cornellà, el Atlético tuvo más del 70 % del balón, remató 15 veces y necesitó un disparo lejano de Baena en el minuto 89 para ganar. Tres días después, en Stuttgart, no tuvo ni siquiera ese dominio. Empató 1-1 gracias a una buena combinación al inicio de la segunda parte, después de haber sido inferior durante buena parte del partido.
En Más balón, el mismo peligro sostuve que el Atlético domina sin generar el peligro que su dominio promete, y que LaLiga lo disimula. Stuttgart muestra la otra cara: qué ocurre cuando el rival no le cede el balón.
Otra velocidad
El Stuttgart salió a un ritmo que el Atlético no ha encontrado en LaLiga. Presionó arriba, ocupó el campo rival y llegó con continuidad. El Atlético no remató hasta el minuto 29, y la primera parte terminó con 9 remates alemanes frente a 6, y 4 a puerta frente a 1. El gol del Stuttgart llegó en el minuto 36, tras una pérdida de Pubill en su propia área.
La diferencia no estuvo en el choque físico: el Atlético ganó más de la mitad de los duelos. Estuvo en el ritmo y en la ocupación del campo. El propio Simeone lo reconoció después del partido: el Stuttgart «nos quitó tiempo, nos obligó a jugar incómodos hasta el descanso».
El dominio era prestado
Según Sofascore, el Stuttgart tuvo más balón, remató casi el doble y sacó más del doble de córners. Todos los indicadores de volumen que el Atlético exhibe en LaLiga se dieron la vuelta.
Eso dice algo sobre esos indicadores. En Liga, los rivales se repliegan y le ceden el balón, y el Atlético acumula posesión, remates y córners. Cuando un rival se lo disputa, ese volumen desaparece. El dominio que el Atlético muestra cada fin de semana no depende solo de él: depende en buena medida de lo que le permiten.
El dominio que el Atlético muestra cada fin de semana depende en buena medida de lo que le permiten.
Poco peligro, también aquí
Sin volumen, la escasez de peligro quedó todavía más a la vista. El Atlético generó 0,87 goles esperados en noventa minutos y solo remató tres veces entre los tres palos.
El empate fue una ocasión aislada. Lookman, recién entrado, filtró un pase para Julián Álvarez, que definió a la escuadra en el minuto 47. Era una ocasión de valor moderado, con un 20 % de probabilidades de acabar en gol, que la definición de Julián convirtió en un gol casi seguro. Fue la calidad de dos jugadores, no el resultado de una superioridad colectiva.
Y el Atlético no le dio la vuelta al partido. En el conjunto de la segunda parte, con media hora en inferioridad, fue el Stuttgart quien creció: generó 1,04 goles esperados frente a 0,55 y remató 9 veces frente a 4. Falló sus dos ocasiones más claras, y Oblak, con cuatro paradas, sostuvo el punto.
La expulsión no lo explica
Hjulmand vio la roja directa en el minuto 64, y jugar con diez condicionó el tramo final. Pero la inferioridad del Atlético venía de antes: durante la primera parte, once contra once, fue el Stuttgart quien marcó el ritmo, remató más y llegó con más peligro.
Lo que viene
El balance europeo del Atlético es de cuatro puntos sobre nueve: derrota en Anfield, victoria ante el Manchester United y empate en Stuttgart. La victoria ante el United impide decir que la Champions ya ha demostrado nada. Pero Stuttgart es la señal más clara hasta ahora de lo que esta serie ha venido sosteniendo.
En LaLiga, el Atlético domina sin generar el peligro que su dominio promete. En Stuttgart, ante un rival que no le cedió el balón, ni siquiera tuvo ese dominio, y el peligro siguió siendo escaso.
LaLiga lo disimula. La Champions ha empezado a mostrarlo.




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