La verdadera razón del ataque a Venezuela: Maduro había encontrado la forma de escapar al control de EE.UU.
El fin del "Bypass" venezolano: Por qué el carril importa más que el crudo. La Operación Absolute Resolve no capturó petróleo: clausuró un experimento de autonomía digital que amenazaba convertir las sanciones estadounidenses en papel mojado
Entre el 3 y el 5 de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó la Operación Absolute Resolve, capturando a Nicolás Maduro en Caracas. El debate se centra en legalidad y derechos humanos, pero la clave geopolítica es otra: Venezuela había demostrado que un país sancionado puede comercializar petróleo "en dólares" sin pasar por bancos estadounidenses, usando criptomonedas. Eso convertía las sanciones —el arma de política exterior más importante de EE.UU.— en papel mojado. No se trataba del petróleo físico (EE.UU. ya lo compraba), sino de restaurar el monopolio sobre la infraestructura de pagos globales.
En un vistazo: Venezuela no abandonó el dólar: encontró una puerta trasera. Al cobrar petróleo en USDT (Tether, una criptomoneda anclada 1:1 al dólar), seguía comerciando "en dólares" pero evitaba los bancos de Nueva York y la vigilancia de la OFAC. Para finales de 2024, el 80% de sus ingresos petroleros fluían por esta vía. Si el modelo se consolidaba, Irán, Rusia y Corea del Norte podrían replicarlo: comerciar en dólares sin pedir permiso a Washington. La captura de Maduro no es una operación antinarcóticos; es la defensa militar de una arquitectura financiera. El patrón se repite: Iraq (euros, 2003), Libia (Dinar de Oro, 2011), Venezuela (USDT, 2026). Tres países, tres métodos, una misma amenaza al poder económico estadounidense: intentar comercializar petróleo fuera del sistema financiero controlado por Washington.
Análisis publicado el 6 de enero de 2026 | Evaluación inicial de eventos en desarrollo
Entre el 3 y el 5 de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó la Operación Absolute Resolve, una incursión militar de alta precisión en Caracas que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado al Distrito Sur de Nueva York. Mientras el debate internacional se pierde en la legalidad del acto —Maduro ya se ha declarado "prisionero de guerra" ante un tribunal federal, y el secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) António Guterres ha advertido que esto presenta un "peligroso precedente" para el derecho internacional—, la clave geopolítica no reside en la captura del hombre, sino en la demolición de una infraestructura financiera insurgente que amenazaba la hegemonía del dólar.
Donald Trump no disfrazó la operación de "misión humanitaria". Bajo el marco de su nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés) de 2025, fue explícito: EE. UU. necesita "total access", incluyendo "oil and other things", para dirigir la reconstrucción del país. Lo que está en juego es la validación del "Corolario Trump" a la Doctrina Monroe: la determinación de Washington de ejercer una dominación muscular en el hemisferio, eliminando cualquier "bypass" —cualquier ruta alternativa— que permita a potencias rivales o estados sancionados operar fuera de su vigilancia.
1) El poder invisible: Cómo funciona realmente el dólar
Para entender por qué capturaron a Maduro, primero hay que entender cómo funciona el verdadero poder del dólar estadounidense. Y no es lo que la mayoría piensa.
El poder del dólar no viene de ser "la moneda más fuerte" o "la más confiable". Viene de algo mucho más sutil: controlar el sistema de pagos por el que fluyen los dólares globalmente.
Piénsalo así: Imagina que el dólar es como el idioma inglés. Todo el mundo quiere usarlo para comunicarse internacionalmente. Pero ahora imagina que para hablar en inglés en público, obligatoriamente tienes que hacerlo a través de unas pocas emisoras de radio controladas por Estados Unidos. Esas emisoras pueden decidir: quién tiene micrófono y quién no, qué conversaciones se permiten y cuáles se bloquean, y grabar y escuchar todo lo que se dice.
Esto es, en esencia, cómo funciona el sistema del dólar global:
El "idioma" = El dólar como moneda (la unidad de valor)
Las "emisoras" = Los bancos de Nueva York + SWIFT + la OFAC (el sistema de pagos)
Desde 1971, cuando el presidente Nixon desvinculó el dólar del oro, Estados Unidos no solo tiene la moneda de reserva mundial. Tiene algo más poderoso: el monopolio sobre el sistema que todo el mundo debe usar para hacer pagos en esa moneda.
Este sistema incluye:
- Los bancos corresponsales en Nueva York (por donde deben pasar las transferencias internacionales en dólares)
- SWIFT (el sistema de mensajería que comunica a los bancos entre sí)
- La OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros), que puede sancionar, rastrear y bloquear cualquier transacción
Cuando controlas este sistema, puedes:
- Congelar los activos de países enteros (como hicieron con Irán, Rusia, Venezuela)
- Forzar a cualquier banco del mundo a cumplir tus sanciones, bajo amenaza de perder acceso al mercado estadounidense
- Rastrear prácticamente cada transacción importante del planeta
- Decidir quién puede comerciar con quién
Este es el verdadero poder de Estados Unidos en el siglo XXI: no fabrica la mayoría de productos del mundo (eso lo hace China), pero controla el sistema de pagos con el que el mundo compra y vende esos productos.
2) Lo que hizo Venezuela: La puerta trasera en el sistema
Ahora viene la parte crucial. En 2024, PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A., la petrolera estatal venezolana) hizo algo que el Tesoro de EE. UU. calificó como una amenaza sistémica: empezó a cobrar sus ventas de petróleo en USDT (Tether).
¿Qué es el USDT? Es una "criptomoneda estable" o "stablecoin". Funciona así: cada USDT vale exactamente 1 dólar estadounidense. Está "anclado" al dólar. Si tienes 100 USDT, tienes el equivalente a 100 dólares.
Aquí está el truco genial y peligroso: El USDT se mueve por la blockchain (la tecnología detrás de las criptomonedas), no por los bancos tradicionales.
Entonces, cuando Venezuela cobra en USDT:
- Sigue cobrando en "dólares" (porque 1 USDT = 1 dólar)
- Pero evita completamente los bancos de Nueva York
- Y escapa de la vigilancia de SWIFT y la OFAC
Volviendo a nuestra analogía: Venezuela encontró una manera de seguir "hablando en inglés" (usando dólares) pero sin necesitar las "emisoras oficiales" (los bancos estadounidenses). Montó su propia emisora pirata usando tecnología que Washington no controla directamente.
¿Por qué esto es revolucionario?
Porque resuelve el gran dilema de los países sancionados:
Opción A (tradicional): Abandonar el dólar y usar otra moneda (yuan, euros, rublos)
Problema: Tus clientes no quieren esas monedas. Son menos estables, menos líquidas, menos aceptadas globalmente.
Opción B (la de Venezuela): Seguir usando dólares pero a través de criptomonedas
Ventaja: Tus clientes están contentos (reciben "dólares"), pero Washington no puede rastrearte, sancionarte ni bloquearte.
La escala del experimento: Según el economista venezolano Asdrubal Oliveros, para finales de 2024, el 80% de los ingresos petroleros de Venezuela se recaudaban en USDT.
Esto no era un proyecto piloto. Era un sistema industrial funcionando a escala masiva. PDVSA había reconfigurado sus contratos, exigía pagos adelantados en USDT, y requería que sus clientes mantuvieran billeteras digitales. Era una práctica sin precedentes en el comercio petrolero global.
Un comprador chino podía comprar petróleo venezolano, pagar "en dólares" (vía USDT), y ningún banco de Nueva York, ningún oficial de cumplimiento de JP Morgan, ningún sistema SWIFT, y ningún funcionario de la OFAC podía verlo, rastrearlo, bloquearlo o sancionarlo.
3) Por qué esto aterrorizó a Washington
Imagina que eres Estados Unidos y tu principal arma de política exterior son las sanciones económicas. Es cómo controlas a enemigos sin enviar tropas. Es cómo fuerzas cambios de comportamiento en países que no te gustan.
Las sanciones funcionan porque controlas el sistema de pagos en dólares. Si sanciono a Venezuela, ningún banco serio puede hacer negocios con ellos sin arriesgarse a perder acceso al sistema financiero estadounidense (que es como perder acceso al oxígeno para un banco internacional).
Pero ahora Venezuela demostró que hay una puerta trasera.
Si el modelo venezolano se consolidaba, el precedente era letal:
- Irán podría vender petróleo "en dólares" (vía USDT) a India, evitando sanciones
- Rusia podría vender gas "en dólares" (vía USDT) a Europa, evitando sanciones
- Corea del Norte podría comerciar "en dólares" (vía USDT) con China, evitando sanciones
El dólar seguiría siendo la moneda de reserva global (todos lo usan porque es estable y líquido), pero Estados Unidos perdería su poder de veto sobre quién tiene permiso para usarlo.
Las sanciones, el instrumento de política exterior más importante de EE.UU. desde el fin de la Guerra Fría, se convertirían en papel mojado.
El dato clave que cambia todo
Estados Unidos ya era el segundo mayor importador de petróleo venezolano. Chevron tenía licencias especiales y estaba comprando entre 150,000 y 220,000 barriles por día. El acceso al petróleo físico nunca fue el problema.
El problema era que el 80% del petróleo venezolano se estaba vendiendo fuera del sistema de vigilancia financiera occidental. Cada barril vendido a China por USDT, cada transacción que evitaba un banco de Nueva York, cada pago que la OFAC no podía rastrear, era una grieta más en el monopolio del sistema financiero estadounidense.
4) China: El cliente que validaba el modelo
En 2024, China recibió 351,000 barriles por día (bpd) de crudo venezolano, consolidándose como su principal cliente. Esto no era solo un intercambio comercial; era la prueba de concepto de que el modelo funcionaba a escala.
El 80% de las exportaciones venezolanas terminaban en refinerías independientes chinas, conocidas como "teapots", que compraban crudo con descuento. Y muchas de esas transacciones fluían en USDT, fuera del radar de Washington.
Al capturar a Maduro y establecer un bloqueo naval sobre los tanqueros sancionados, EE.UU. busca redirigir ese flujo hacia las refinerías del Golfo de México. Esto encarece la factura energética de China —al eliminar los descuentos del crudo sancionado— y desarticula las rutas de pago alternativas que Beijing intentaba normalizar en el Sur Global.
La reacción del mercado validó esta lectura de forma quirúrgica. Tras el anuncio de que las petroleras estadounidenses "arreglarían la infraestructura", las acciones de Chevron (CVX) subieron un 5.3%, las de ExxonMobil (XOM) un 2.4% y las de servicios como Halliburton (HAL) saltaron un 10%. Incluso los bonos de la deuda venezolana en default saltaron un 22% ante la expectativa de que el crudo regrese al carril financiero tradicional.
5) El escarmiento como doctrina
En la "geopolítica real", el escarmiento tiene una función política de primer orden. La Operación Absolute Resolve, ejecutada por la Delta Force y apoyada por más de 150 aeronaves, fue diseñada para ser un espectáculo de poder.
Señal a los aliados de Maduro: Horas antes de su captura, Maduro se había reunido con un enviado especial de China. La incursión demostró que ningún apoyo diplomático o sistema de defensa antiaérea (incluyendo los vendidos por Rusia) es rival para la capacidad de Estados Unidos de extraer a un jefe de estado de su propia "fortaleza".
La comparación histórica más cercana no es con Iraq o Libia, sino con la captura de Manuel Noriega en Panamá en 1989: una operación militar directa para extraer a un líder acusado de narcotráfico que desafiaba los intereses estadounidenses en su hemisferio.
Uso de incentivos: La captura probablemente contó con la filtración de información interna de sectores que buscaban cobrar la recompensa de 50 millones de dólares ofrecida por el Departamento de Justicia.
6) Iraq, Libia, Venezuela: El mismo patrón, diferentes métodos
Para entender por qué Venezuela no es un caso aislado, hay que mirar hacia atrás.
La historia demuestra un patrón claro: cuando un país productor de petróleo intenta comercializar su recurso fuera del sistema financiero controlado por Washington, ese país enfrenta consecuencias militares. Pero cada uno intentó hacerlo de manera diferente:
Iraq (2000-2003)
Saddam Hussein cambió el cobro del petróleo a euros en noviembre de 2000, moviendo una cuenta de depósito de 10,000 millones de dólares al banco BNP Paribas en Francia.
- La amenaza: Crear precedente de que el petróleo puede comercializarse fuera del dólar
- El ataque: Contra la demanda estructural del dólar como moneda de reserva
- La respuesta: Invasión de 2003 que revirtió esta política, reintegrando a Iraq al sistema del petrodólar
Libia (2011)
Muammar Gadafi propuso el Dinar de Oro, una moneda panafricana respaldada por las 143 toneladas de oro que acumulaba Libia, para independizar al continente del dólar y del franco CFA (Franco de la Comunidad Financiera Africana, controlado por Francia).
- La amenaza: Crear un sistema monetario alternativo regional
- El ataque: Contra el monopolio del dólar/franco CFA en África + desplazar reservas en dólares por oro
- La respuesta: Intervención militar de la OTAN que terminó con el régimen de Gadafi
Venezuela (2024-2026)
Nicolás Maduro implementó el uso masivo de USDT (Tether) para ventas de petróleo, operando a través de blockchain.
- La amenaza: Demostrar que puedes usar dólares sin pasar por el sistema de control estadounidense
- El ataque: Contra el monopolio sobre la infraestructura de pagos (sanciones, SWIFT, OFAC)
- La respuesta: Operación Absolute Resolve que capturó a Maduro
El patrón común: Las tres fueron amenazas al poder económico norteamericano global, pero por rutas diferentes. Y de las tres, Venezuela era la más peligrosa:
- Iraq pedía al mundo abandonar el dólar → Difícil, nadie quiere perder estabilidad monetaria
- Libia pedía a África crear una nueva moneda → Complejo, requiere coordinación entre muchos países
- Venezuela demostró que puedes seguir usando dólares pero sin control estadounidense → Fácil, replicable, tecnológicamente viable
Venezuela no pedía sacrificio a nadie. Solo mostraba una puerta trasera en el sistema. Un atajo que cualquier país sancionado podía copiar con relativa facilidad.
7) El corazón del sistema: El dólar como arma
Desde 1971, cuando Nixon desvinculó el dólar del oro, Estados Unidos transformó su moneda en algo más poderoso que un simple medio de intercambio: la convirtió en un sistema de control global.
El verdadero poder no reside en que el mundo use dólares (eso es bueno pero no decisivo), sino en que para usar dólares, el mundo debe pasar por bancos estadounidenses, cumplir con regulaciones de Washington, y someterse a la vigilancia de la OFAC.
Este sistema permite a Estados Unidos proyectar poder sin disparar un solo tiro:
- Puede asfixiar economías enteras (Irán, Corea del Norte, Venezuela)
- Puede forzar cambios de régimen mediante presión económica
- Puede obligar a aliados y adversarios por igual a alinearse con sus intereses bajo amenaza de exclusión del sistema financiero global
Es cierto que Venezuela hoy produce apenas el 1% del suministro mundial de petróleo —lejos del 8% que representaba en los años 70. Algunos analistas, como Neil Shearing de Capital Economics, argumentan que esto minimiza su impacto energético inmediato.
Pero ese análisis pierde completamente el punto: Lo que importa no es el volumen actual de barriles, sino quién controla la arquitectura de pagos de esos barriles.
Un país con el 17% de las reservas mundiales de petróleo operando fuera del sistema bancario de Nueva York no es un problema logístico. Es una amenaza existencial al monopolio del carril financiero. Es una prueba de concepto de que el sistema de control estadounidense es evitable.
Venezuela no atacó al dólar como moneda. Atacó el monopolio estadounidense sobre cómo se usan los dólares. Y ese monopolio es el corazón no declarado de la economía americana post-industrial: un país que ya no fabrica la mayoría de sus productos pero que controla el sistema de pagos con el que el mundo comercia esos productos.
Por eso los ejemplos de Iraq y Libia no están fuera de lugar. Los tres países cometieron el mismo "error estratégico": intentaron comercializar recursos energéticos críticos fuera de la arquitectura financiera controlada por Washington. Los tres descubrieron que este acto, independientemente de su legalidad o justificación económica, se interpreta en Washington como una amenaza existencial que justifica respuesta militar.
Conclusión: No se trataba del petróleo, sino del peaje
Entender la intervención de 2026 como una lucha por "acceso al petróleo" es un análisis superficial que pierde completamente el punto.
Estados Unidos ya era el segundo mayor importador de crudo venezolano, con Chevron operando bajo licencias especiales e importando más de 150,000 barriles diarios. El petróleo físico nunca fue el problema. El problema era la fuga sistémica.
Cada barril de petróleo venezolano que se vendía a China por USDT, cada transacción que evitaba pasar por un banco corresponsal en Nueva York, cada pago que la OFAC no podía rastrear ni bloquear, representaba una grieta en el monopolio del carril financiero occidental.
Lo que Estados Unidos ejecutó no es una operación de captura de recursos. Es una operación de restauración del monopolio del carril. La diferencia es fundamental:
- Captura de recursos = "Queremos tu petróleo"
- Restauración del carril = "Queremos que tu petróleo se venda usando NUESTRO sistema de pagos"
Venezuela había logrado algo inaceptable: poseer el 17% de las reservas mundiales de crudo y comercializarlas en dólares pero fuera de la vigilancia bancaria de Nueva York. No estaban desdolarizando (abandonando el dólar); estaban desintermediando (eliminando a los intermediarios bancarios estadounidenses). Y eso era mucho peor.
Si este modelo se consolidaba, el precedente era letal para el poder estadounidense. Irán, Rusia, Corea del Norte y cualquier otro país sancionado podría comerciar recursos estratégicos "en dólares" (manteniendo al dólar como moneda de reserva global) pero usando infraestructura blockchain que Washington no controla. El dólar seguiría dominando el comercio global, pero Estados Unidos perdería su arma geopolítica más poderosa: el poder de veto sobre quién puede participar en la economía dolarizada.
Al capturar a Maduro, EE.UU. no busca recuperar barriles que ya podía comprar. Busca restablecer la disciplina imperial sobre el sistema de pagos globales. El mensaje es claro y brutal: puedes tener todo el petróleo del mundo, pero si quieres venderlo en la economía global, se hará bajo las reglas, los bancos y la supervisión de Washington.
En la geopolítica del siglo XXI, el poder no nace solo del cañón de un fusil o de un pozo de petróleo. Nace de la capacidad de decidir por qué cuenta bancaria se cobra la factura y quién tiene permiso para abrir esa cuenta.
Lo que estamos presenciando no es la captura de un narcotraficante. Es la defensa militar de una arquitectura financiera. Es el recordatorio de que el sistema del petrodólar no es solo un acuerdo económico, es un orden respaldado por portaaviones.
Nota del autor: Este análisis se publica mientras los eventos continúan desarrollándose. Algunas cifras de mercado y datos específicos están sujetos a verificación adicional en los próximos días. La evaluación se actualizará conforme emerja información adicional sobre las implicaciones de largo plazo de esta operación.



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