Parte II — El altar y el mapa. El combate fue real y fue brutal. Pero lo que vino después —la selección, el sobrerrelato, el salto de escala, la reconversión en la Guerra Fría— convirtió una batalla táctica en certificado moral de un régimen. Así se fabrica un altar cuando la historia no ofrece victoria.
En la primera parte de este artículo analizamos la asimetría de memoria que rodea a Krasni Bor: cómo el mismo combate de febrero de 1943 funciona como episodio operacional para el mando soviético y como escena fundacional para el nacionalismo español. Examinamos el marco estratégico —la Operación Estrella Polar y el plan del 55.º Ejército de Sviridov—, la mirada soviética centrada en criterios de eficacia, y las razones por las que la historiografía rusa apenas registra el combate.
Ahora entramos en el otro lado de la asimetría: el combate mismo, el mecanismo de mitificación, y la pregunta de qué queda cuando se devuelve la batalla a su escala.
En un vistazo: El 10 de febrero de 1943, mil piezas de artillería soviética abrieron fuego durante dos horas sobre cinco kilómetros de frente. Entre el 50% y el 80% de las bajas españolas ocurrieron antes de que un solo soldado soviético cruzara la tierra de nadie. El combate fue durísimo y real. Pero lo que lo convirtió en mito no fue la dureza, sino la necesidad: una escena corta, visual, con nombre propio, que permitía desplazar el relato de la derrota al sacrificio. El régimen de Franco lo usó como prueba moral; la Guerra Fría lo reconvirtió en credencial anticomunista. Para el 55.º Ejército soviético, que perdió un tercio de su fuerza y la mayoría de sus tanques, fue un fallo de explotación dentro de una ofensiva frustrada. Krasni Bor no es irrelevante (tuvo efecto local); Krasni Bor no es decisivo (no cambia el signo general). Esta segunda parte desmonta el mecanismo que convierte lo primero en lo segundo.
1) El combate: durísimo, y aun así no excepcional en la escala del Este
El combate en Krasni Bor fue brutal en sentido literal. El 10 de febrero a las 6:45, unas mil piezas de artillería soviética abrieron fuego sobre un frente de cinco kilómetros durante dos horas; se estima que entre el 50% y el 80% de las bajas de primera línea ocurrieron antes de que un solo soldado soviético cruzara la tierra de nadie.⁵ A las 8:40, la artillería alargó el tiro y las divisiones de fusileros 43.ª, 45.ª de la Guardia, 63.ª de la Guardia y 72.ª lanzaron su asalto. La 63.ª de la Guardia, que venía del éxito de la Operación Iskra, rompió las posiciones españolas y tomó Krasni Bor al mediodía, aunque la mitad sur del pueblo seguía en manos españolas.⁷
La narrativa española se sustenta en episodios de resistencia que, aunque tácticamente locales, alimentaron la construcción del mito: la 3.ª Compañía del I/262 en el terraplén del Ferrocarril de Octubre, reducida a 40 hombres pero retrasando horas el avance; la 7.ª Compañía del II/262 en el foso antitanque «El Bastión», resistiendo hasta quedar completamente cercada; la acción de Ponte Anido inmolándose con minas antitanque sobre un T-34 para proteger el lazareto.⁹ Para la unidad, la experiencia es total: miedo, artillería, frío, confusión, cadáveres. Es el tipo de episodio que deja cicatriz biográfica y, por tanto, memoria.
Pero en el Frente Oriental la escala es otra. Hubo combates peores por volumen, duración y número de fuerzas implicadas. Lo singular de Krasni Bor no es la dureza absoluta, sino su centralidad identitaria para España. No fue la batalla del Frente Oriental; fue la batalla en la que España decidió reconocerse.
2) La mitificación: cómo una batalla se vuelve altar
El nacionalismo fascista español encuentra en Krasni Bor una escena ideal. Es corta y cerrada: pocos días, un nombre, un golpe, un saldo. Es visual: nieve, artillería, resistencia, muertos. Es exportable: se puede convertir en «prueba» moral, no solo militar. Y permite una narrativa de minoría heroica: «aguantamos contra la masa».
La mitificación opera con movimientos identificables. Selección: de toda una campaña, se elige una escena y se le da rango de núcleo. Sobrerrelato: del hecho militar se pasa a un sentido civilizatorio («Europa», «cruzada», «destino»). Cifras como liturgia: la repetición sustituye a la verificación; lo redondo se impone a lo real. Enemigo abstracto: ya no es un ejército en un sector; es «el comunismo» como esencia eterna. Blindaje moral: el episodio queda protegido contra el contexto —el marco del asedio y la estrategia del hambre en torno a Leningrado desaparecen del relato—.
La composición social de los voluntarios reforzó el proceso. Un porcentaje significativo (hasta un 17% de universitarios, un 14% de trabajadores cualificados) poseía formación ideológica y literaria: no solo combatieron, sino que escribieron diarios, cartas y memorias que dotaron a la batalla de una cualidad narrativa superior a la de una unidad de conscriptos ordinaria.⁹ El régimen de Franco utilizó estas crónicas para pintar la batalla como un acto de heroísmo que trascendía la alianza militar con la Alemania nazi: los soldados no eran peones de Hitler, sino defensores de la civilización cristiana occidental.
En ese punto, Krasni Bor deja de ser batalla y se vuelve identidad. Ya no se discute qué pasó el 10 de febrero; se discute qué significa ser los que estuvieron allí.
3) Una épica dentro de una derrota
Krasni Bor sirve en su escala inmediata: durante esos días y en ese sector, el empuje soviético no consigue la ruptura decisiva que permitiría explotar. Para el 13 de febrero, el 55.º Ejército había perdido casi un tercio de su fuerza operativa y la mayoría de sus tanques. La penetración alcanzada fue de cuatro a cinco kilómetros sobre un frente de catorce, insuficiente para cerrar la pinza prevista.⁵ Eso es un resultado real: por ahí, en ese momento, no se produce el colapso.
Pero el marco real es el contrario del mito: no es un marco de victoria estratégica del Eje, sino un arco que va cerrándose hacia la derrota. La presión soviética continúa y, con el tiempo, el equilibrio cambia. En enero de 1944, la ofensiva Leningrado-Nóvgorod rompe definitivamente las líneas alemanas y levanta el asedio.¹ Esa contradicción explica por qué el mito funciona tan bien: cuando no puedes ofrecer una victoria final, ofreces sacrificio. El relato se desplaza del resultado a la dignidad, de la victoria al martirio, de «ganamos» a «fuimos».
El mito no contradice la derrota; la hace soportable. Un episodio táctico duro se convierte en certificado moral para rescatar identidad de una historia que no ofrece final feliz. Y aquí aparece el salto propagandístico más habitual: lo que fue un saldo local («no rompieron por aquí en esos días») se convierte en una conclusión total («salvamos Europa»). Ese salto de escala sin avisar es el corazón de la falsificación.
4) ¿Sirvió para algo?
La pregunta obliga a volver al mapa. Sí, sirvió en sentido táctico: si el plan soviético incluía romper y explotar por ese sector, y no lo logra en ese momento, la defensa contribuye a impedir ese resultado local. El propio esquema de la operación define Krasni Bor como brazo occidental de una pinza; si ese brazo no abre brecha explotable, el plan pierde la capacidad de convertir avance inicial en desenlace.⁶
No, no sirvió en sentido mítico: no decide el desenlace del frente ni del asedio ni de la guerra. La historia del cerco de Leningrado no se decide en un único choque local, sino por una secuencia más larga donde importan logística, desgaste, correlación de fuerzas y operaciones posteriores.¹ Lo más exacto es decir que no hay una ruptura alternativa inmediata en 1943 que vuelva Krasni Bor irrelevante; lo que hay es una realidad más fría: la presión soviética continúa y el equilibrio cambia. Así es como la guerra tritura los relatos épicos: no con un contra-mito, sino con continuidad operativa.
Formulación precisa: Krasni Bor no es irrelevante (tuvo efecto local); Krasni Bor no es decisivo (no cambia el signo general). Lo primero es historia. Lo segundo también. El problema es cuando se salta de lo primero a «salvamos Europa» sin avisar.
5) De «cruzada» a «centinela»: el mito en la Guerra Fría
La identidad construida sobre Krasni Bor no es solo emocional; es política. Tras 1945, el anticomunismo se convierte en moneda diplomática para la rehabilitación internacional del régimen de Franco.¹³ En el nuevo marco de la Guerra Fría, reencuadrar la División Azul como «vanguardia anticomunista» —y no como colaboración con el Tercer Reich— tiene una función: hacer presentable un pasado tóxico mediante una credencial útil.
En 1953, cuando España firmó el Pacto de Madrid con Estados Unidos, el historial de la División Azul fue utilizado por la diplomacia franquista para demostrar que España era un aliado fiable en la lucha contra la URSS.¹³ La batalla ofrece el fotograma perfecto para ese lavado: sacrificio y «prueba» en lugar de alineamiento ideológico con Hitler. Los veteranos repatriados de los campos soviéticos en 1954 fueron recibidos como héroes del «mundo libre», no como antiguos soldados de la Wehrmacht.
Esta reinvención narrativa es imposible en el bando ruso. Para la Unión Soviética, los españoles de Krasni Bor siguieron siendo vehículos de una narrativa de colaboración fascista hasta el final del régimen. La asimetría es absoluta: lo que para unos fue el escudo de la libertad, para los otros fue el rostro del fascismo invasor.¹⁰
6) El mapa contra el altar
Krasni Bor no explica el Frente Oriental. Explica algo más específico: cómo se fabrica una memoria cuando la historia no da lo que el relato necesita.
Para el mando soviético, fue un episodio operacional: sector, objetivos, empuje, coste, estabilización. La autocrítica del estado mayor lo evaluó como un fallo de ejecución, no como un duelo épico. Para el nacionalismo fascista español, fue y sigue siendo materia prima para un mito: un altar donde convertir derrota en dignidad y táctica en destino.
La asimetría se sostiene sobre tres pilares. Asimetría de escala: para una división, perder a la mayoría de sus hombres en 48 horas es un evento catastrófico que demanda una explicación mítica; para un ejército de millones, es una fluctuación estadística. Asimetría de objetivo: España buscaba validación ideológica a través del valor de sus soldados; la URSS buscaba un resultado geoestratégico material. Asimetría de legado: la memoria de Krasni Bor se adaptó con éxito a las necesidades de la Guerra Fría en Occidente; en el Este, la batalla permaneció encerrada en el estigma de la colaboración y el fracaso de una ofensiva que no estuvo a la altura de las grandes victorias del Ejército Rojo.²
El punto no es negar el combate ni minimizar el sufrimiento. El punto es devolverlo a su escala y, a la vez, explicar por qué se le roba esa escala: una guerra inmensa no cabe en una sola escena, pero una identidad sí puede intentar vivir de una sola escena.
Bibliografía y fuentes
Fuentes primarias: Foreign Relations of the United States, 1946, vol. V, Office of the Historian.
Historiografía soviética y rusa: Glantz, D.M., The Battle for Leningrad 1941–1944, University Press of Kansas, 2002. · Glantz, D.M., After Stalingrad: The Red Army's Winter Offensive 1942–1943, Helion & Company, 2009. · Isaev, A.V., Когда внезапности уже не было, Yauza/Эксмо, 2006. · Mosunov, V.A., «Красноборская операция. Февраль 1943 г.», CyberLeninka.
Historiografía española y occidental: Caballero Jurado, C., diversas obras sobre la División Azul y Krasni Bor. · Togores, L.E., citado en El Debate, 13 feb. 2026. · «Black Wednesday: The Blue Division at the Battle of Krasny Bor», Steven's Balagan, 2017. · The Blue Division in the Soviet Union: Cultural Exchange through the Lens of Art, BYU ScholarsArchive. · «Features of the Soviet and modern Russian historiography of the Great Patriotic War», ResearchGate, 2024.
Referencia: Battle of Krasny Bor / Operation Polar Star, Wikipedia (en/es). · Battle of Krasny Bor, Operations & Codenames of WWII (codenames.info).
Notas — Parte II
¹ David M. Glantz, The Battle for Leningrad 1941–1944, University Press of Kansas, 2002. · ² David M. Glantz, After Stalingrad: The Red Army's Winter Offensive 1942–1943, Helion & Company, 2009. · ⁵ Battle of Krasny Bor, Wikipedia (en); basado en Glantz (2002). · ⁶ Operation Polar Star, Wikipedia (en); basado en Glantz (2002, 2009) e Isaev (2006). · ⁷ «Black Wednesday»: The Blue Division at the Battle of Krasny Bor, Steven's Balagan, 2017. · ⁹ Carlos Caballero Jurado, diversas ediciones; Historia National Geographic. · ¹⁰ Foreign Relations of the United States, 1946, vol. V, Office of the Historian. · ¹³ Pact of Madrid, Wikipedia (en); sobre el anticomunismo como moneda diplomática del franquismo.



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