No se puede ser de izquierdas (de verdad) y rico

No puedes ser rico y ser de izquierdas (sin pagar el precio)

Cuando Chomsky apareció en el avión privado de Epstein, la imagen lo dijo todo: el intelectual anti-imperialista en el jet del depredador de élite. Pero el problema no es Chomsky. Es que toda la izquierda institucional opera bajo la misma lógica: cree poder habitar espacios de poder sin pagar el precio de esa proximidad. Se equivoca. El acceso nunca es gratis

Hay una responsabilidad que no se enseña en ningún seminario: la responsabilidad relacional. No es lo que dices. Es con quién te mezclas, qué normalizas y a quién prestas tu nombre.

Si eres un intelectual de izquierda, tu capital real no es tu sueldo ni tus libros: es tu credibilidad. Y esa credibilidad se pierde por dos vías: por mentir… o por juntarte con quien no debes.

Esa credibilidad es un capital moral indivisible: no vive solo en tu teoría escrita, sino en la coherencia entre tu discurso público y tu red de relaciones. Cuando se rompe en un punto, contamina el resto. Por eso, para un referente, la vida social no es "privada": es infraestructura política.

El caso de Jeffrey Epstein es un test perfecto, porque es un estigma moral absoluto. Y ahí aparece el nombre de Noam Chomsky, con reuniones posteriores a 2008 y con una gestión financiera en torno a 270.000 dólares vinculada a cuentas de Epstein, según publicó The Wall Street Journal.

No hace falta inventar una conspiración. Basta con la proximidad. Esto no es un juicio penal ni una novela de espías: es un caso de estudio sobre cómo opera la reputación en política, cómo el prestigio se transfiere… y cómo se destruye.

En un vistazo: Este artículo sostiene que para el intelectual de izquierda, la red de relaciones es infraestructura política, no vida privada. El caso Chomsky-Epstein demuestra cómo la proximidad con élites opera como mecanismo de blanqueo mutuo: el intelectual aporta legitimidad al poderoso, el poderoso contamina al intelectual. La tesis central: "ser rico" no es tener dinero, sino circular en ecosistemas de élite sin distancia crítica. Cuando esa circulación se normaliza, genera una captura que el intelectual no reconoce pero que paga en credibilidad. El escándalo Epstein funciona además como operación selectiva: permite a la izquierda institucional hacer purga simbólica ("nosotros sí tenemos estándares") mientras ignora sus propias dependencias sistémicas con fundaciones, think tanks atlantistas y universidades financiadas por el complejo militar. La ironía: se usa "responsabilidad relacional" para atacar a Chomsky mientras toda la izquierda occidental opera bajo las mismas lógicas de integración en élites.


1) La trampa: creer que la vida privada no importa

Chomsky, según los resúmenes periodísticos, respondió con dos ideas: que eran encuentros de conversación intelectual/política y que la operación de dinero era "su propio dinero" gestionado a través de Epstein por un asunto técnico/administrativo.

El problema es que esa defensa parte de una premisa falsa: que lo privado queda aislado de lo público. En política eso no existe. La vida privada es vida pública cuando el trabajo consiste en ser una referencia moral.

Pero hay algo más grave: esa defensa del "asunto técnico" quedó completamente invalidada cuando en 2025 el Comité de Supervisión de la Cámara divulgó una carta de apoyo escrita por Chomsky para Epstein. La carta, sin fecha pero posterior a 2017 (menciona su posición en la Universidad de Arizona), revela una relación mucho más profunda.

En ella, Chomsky describe a Epstein como:

  • Una "experiencia sumamente valiosa" (most valuable experience)
  • Poseedor de "percepciones penetrantes" (penetrating insights) sobre finanzas globales
  • Un "amigo altamente valorado y fuente regular de intercambio intelectual" (highly valued friend and regular source of intellectual exchange)

Chomsky relata cómo Epstein, durante una conversación sobre los Acuerdos de Oslo, "cogió el teléfono y llamó al diplomático noruego que los supervisó". Menciona que Epstein le organizó un encuentro con el ex primer ministro israelí Ehud Barak. Describe conversaciones profundas sobre inteligencia artificial, neurociencia, matemáticas.

No es un gestor financiero. Es alguien a quien Chomsky admiraba intelectualmente y con quien mantenía contacto regular para "largas y profundas discusiones sobre una amplia gama de temas".

La izquierda no es un club de opiniones; es un proyecto de conflicto con el poder. Y el poder funciona también con símbolos: fotos, cenas, agendas, nombres, "amistades", reputación.

Cuando alguien como Epstein —un depredador con red de élites— puede decir "yo trato con X", obtiene algo valiosísimo: respetabilidad por ósmosis.

La asimetría es brutal:

  • El intelectual cree ganar una conversación interesante.
  • El depredador gana que el nombre del intelectual lo legitime.

Eso, y nada más, ya es un error político.


2) No es "culpa por asociación": es blanqueo por asociación… y oscurecimiento por contagio

La defensa habitual dice: "No es culpa por asociación". Cierto: nadie afirma que Chomsky cometiera los crímenes de Epstein. Lo que se afirma es algo más simple y más real: la proximidad blanquea.

Y conviene decirlo con su nombre operativo: es lavado de reputación (reputation laundering). El poderoso compra legitimidad social por ósmosis; el intelectual paga el coste en credibilidad.

La red de Epstein —según ha documentado The Guardian— funcionó durante años como un circuito de normalización social y prestigio, incluso después de su condena.

El mecanismo es doble:

  • Blanquea al rico: el prestigio del intelectual funciona como barniz. Le da aire de "circulación legítima", de "persona todavía tratada por gente respetable".
  • Oscurece al intelectual: el contagio moral no necesita delito, ni pago, ni chantaje. La sola escena social introduce una sombra. Lo vuelve vulnerable a una pregunta que mata más que cualquier réplica: "¿y este qué hacía ahí?".

Y existe un símbolo perfecto de ese oscurecimiento: en diciembre de 2025, el Comité de Supervisión de la Cámara publicó fotografías del avión privado de Epstein. En una de ellas aparece Chomsky sentado junto a Epstein, conversando durante el vuelo.

Es la imagen material del argumento completo: el intelectual anti-imperialista en el jet del depredador de élite. Pura ósmosis visual. No hace falta texto, ni contexto, ni explicación: la foto ya cuenta toda la historia del blanqueo mutuo.

Y hay un tercer efecto, el más importante: ese oscurecimiento personal se convierte en un arma para oscurecer también lo verdadero. Ya no se discute el argumento; se discute la legitimidad del emisor. Es una neutralización barata: basta sembrar duda sobre la trayectoria para que el lector empiece a dudar de la obra.

En ese marco, el argumento "ya pagó" es moralmente mínimo y políticamente ciego. El estándar de la izquierda no es "cumplió condena": es "¿estás ayudando a que este tipo siga circulando por arriba como si nada?".

Lo que el derecho permite no es lo que la política debe normalizar.


3) La "vendetta histórica" existe, pero no como conspiración

Aquí encaja una intuición básica: sí, hay hostilidades previas hacia Chomsky en ciertos sectores. Su crítica del "socialismo real" lleva décadas generando animadversión. Cuando aparece Epstein, ocurre lo inevitable: la munición biográfica reabre una guerra ideológica.

Eso no requiere un comité central ni una operación de inteligencia. Es la lógica normal de las tribus políticas:

  • tienes un adversario simbólico,
  • aparece un hecho moralmente devastador,
  • se reencuadra todo: "esto confirma lo que siempre dijimos".

En 2025, The Guardian publicó que documentos y correos divulgados por un comité del Congreso presentaban una relación más amplia de lo que se conocía, y volvieron a poner el tema en circulación.

¿Es "vendetta"? En el sentido fuerte (plan coordinado), no lo sabemos. En el sentido sociológico (aprovechamiento oportunista de un escándalo para ajustar cuentas), sí.


4) El MIT y el error de convertir estructura en novela de espías

La teoría conspirativa típica hace esto: "si trabajaba en MIT con financiación militar, entonces era una psyop".

Eso es pereza intelectual. Lo serio es lo contrario:

El hecho de que laboratorios punteros estadounidenses hayan recibido financiación de Defensa es estructural, no necesariamente "operativo". Y convertir ese contexto en "prueba" de control es saltar del análisis material a la fantasía.

Pero sí existe una utilidad militar específica que merece atención: entre 1963 y 1965, Chomsky trabajó como consultor para la MITRE Corporation, un proyecto conjunto entre MIT y la Fuerza Aérea. El objetivo era desarrollar sistemas de "comando y control" donde los militares pudieran dar órdenes en inglés a computadoras en lugar de usar lenguajes de programación complejos.

Según documentos de la época, el proyecto buscaba aplicaciones tanto para defensa contra misiles como para operaciones en Vietnam. Los ejemplos citados en papers técnicos incluían frases como: "The bomber the fighter attacked landed safely" (El bombardero que el caza atacó aterrizó a salvo).

El proyecto fracasó completamente —nunca funcionó en la práctica— pero la intención era clara: facilitar el comando militar informatizado. Esto no convierte a Chomsky en "cómplice", pero sí demuestra algo más importante: el acceso nunca es gratis. El poder siempre busca utilidad práctica.

Además hay un dato que rompe el cuento simple del "protegido": CIA terminó admitiendo que sí había reunido registros sobre Chomsky en los años 70, según una divulgación gubernamental citada por Foreign Policy.

Esto no convierte a Chomsky en "héroe puro". Pero sí muestra que el mundo real no es un guion limpio de "activo controlado".

Y hay un marco más importante que la institución concreta: la academia de élite no es solo conocimiento. Es un circuito de respetabilidad. Y esa respetabilidad se transfiere.

Por eso el poder busca universidades y las universidades buscan dinero: porque ambas partes intercambian reputación.


5) La tesis: el intelectual de izquierda debe vigilar su ecosistema social

La frase "no puedes ser rico y ser de izquierdas" no es un mandamiento moral. Es un diagnóstico político:

  • La riqueza mete en un ecosistema de incentivos: prestigio, exclusividad, acceso, favores, silencios.
  • La izquierda exige conflicto con ese ecosistema.
  • Por tanto, ser rico y de izquierda implica vivir en contradicción. Y negar la contradicción permite que el entorno te capture.

El acceso no es neutral. La integración en ecosistemas de élite crea dependencias blandas: invitaciones, contactos, reputación, favores, oportunidades.

No hace falta que te compren. Basta con acostumbrarse a ver como "normal" lo que debería encender alarmas.

El caso Epstein es el ejemplo extremo de esa captura por proximidad. No hace falta chantaje. A veces basta con la invitación.

Y en esa captura hay una ironía cruel: el intelectual blanquea al poderoso con su presencia; el poderoso oscurece al intelectual con su proximidad; y los detractores usan ese oscurecimiento para poner bajo sospecha incluso lo mejor que se ha aportado.


6) Parenti: el intelectual de suelo y la menor vulnerabilidad biográfica

El contraste con Michael Parenti ayuda a ver el mecanismo. No porque Parenti sea "más puro", sino porque su trayectoria pública fue menos dependiente de la validación en salones de élite y, por tanto, menos vulnerable al atajo reputacional.

Se puede discrepar de Parenti; pero es más difícil neutralizarlo sin discutirlo, porque su biografía ofrece menos puntos de apoyo para la operación "no refutar, sino insinuar".

En un caso como Chomsky, la sombra Epstein permite precisamente ese atajo: en vez de entrar al argumento, se siembra sospecha sobre el emisor y se contamina toda la obra.

(Parenti murió a los 92 años, según informó Democracy Now!).


7) La selectividad del escándalo: por qué Epstein sí y otras élites no

Hay algo revelador en el timing y la intensidad de esta crítica. Epstein es un consenso moral perfecto: un depredador condenado, sin defensa posible. Atacar a quien se relacionó con él es seguro, incluso virtuoso.

Pero esa misma izquierda que hoy exige "higiene política" por el caso Epstein no aplica el mismo estándar cuando se trata de otras formas de circulación por élites.

¿Dónde está la misma alarma ante:

  • ¿Financiación de fundaciones vinculadas al Departamento de Estado?
  • ¿Becas de think tanks atlantistas?
  • ¿La normalización de que prácticamente toda la intelligentsia progresista occidental opere desde universidades de élite financiadas por fondos militares, corporaciones tecnológicas o filántropos que acumularon fortunas con extractivismo global?

Y existe un ejemplo perfecto de esa consciencia institucional del blanqueo: según documentó The New Yorker, en el MIT Media Lab el personal se refería a Epstein como "Voldemort" o "he who must not be named" (el que no debe ser nombrado). Sabían que era tóxico. Y aun así decidieron ocultar sus donaciones marcándolas como "anónimas" para seguir aceptando su dinero.

Esto demuestra que el ecosistema de élite era perfectamente consciente de que la relación era problemática, y eligió deliberadamente lavarla en secreto. No fue ingenuidad: fue cálculo.

La pregunta incómoda es: ¿por qué Epstein activa todas las alarmas morales pero MIT, Harvard o la Ford Foundation no?

La respuesta es sencilla: porque Epstein ya estaba marcado, ya era un paria. Criticarlo no cuesta nada. Es más: permite a esa misma izquierda institucional hacer una purga simbólica que refuerza su propia legitimidad ("nosotros sí tenemos estándares") sin cuestionar la estructura completa de dependencia institucional en la que opera.

En ese sentido, el escándalo Epstein funciona como cortina de humo: se personaliza el problema (Chomsky/Epstein), se evita la pregunta estructural (¿por qué toda nuestra izquierda vive en el ecosistema de élites?), y se neutraliza precisamente a una de las voces que, dentro de ese ecosistema, más criticó al imperio.

La ironía es brutal: se usa el argumento de "responsabilidad relacional" para atacar a Chomsky… mientras se ignora que toda la izquierda occidental opera bajo dependencias relacionales mucho más amplias y sistemáticas.


8) Cierre: la higiene política es una forma de lucha

El daño no es solo para una biografía. El daño es para la izquierda, porque cada vez que una figura de referencia aparece orbitando a un depredador de élite, el mensaje que recibe el público es simple:

"Todos juegan el mismo juego. Solo cambian los discursos."

Y esa es la victoria del poder: no censurarte, sino degradar tu credibilidad.

Por eso la responsabilidad del intelectual de izquierda no se limita a "decir cosas correctas". Incluye algo más básico:

  • escoger tus compañías,
  • cortar a tiempo,
  • no prestar tu nombre como barniz,
  • entender que "lo privado" es una coartada cuando tu vida pública es tu herramienta de influencia.

No puedes ser rico y ser de izquierdas… sin aceptar que la riqueza trae un precio: te obliga a elegir constantemente entre el acceso y la coherencia. Y si eliges el acceso, tarde o temprano te salpica.

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