De Anguita a Sumar, la izquierda española lleva décadas intentando mejorar al PSOE desde fuera. El resultado es siempre el mismo. Quizá el problema no es el método. Es el diagnóstico.
Gabriel Rufián defendió en Madrid, el 18 de febrero de 2026, que una izquierda fuerte a la izquierda del PSOE haría al PSOE "mejor y más fuerte", y lo envolvió en un plan de "orden, método" y coordinación provincia a provincia para no desperdiciar escaños frente a Vox.
Suena bien. Es casi terapéutico: "no competimos, nos mejoramos". El problema es que en España, cuando ese espacio crece de verdad, lo que suele activarse no es un círculo virtuoso, sino un mecanismo de poder bastante estable:
Si el competidor no pacta, se le neutraliza. Si pacta, se le fagocita. Cambia la forma. El saldo tiende a repetirse.
1. La ley de gravedad: dos salidas para el PSOE
El PSOE puede tolerar una izquierda pequeña y dócil. Lo que no tolera bien es una izquierda que dispute hegemonía o que condicione de manera autónoma el rumbo del bloque. Y ahí aparecen dos respuestas típicas:
Esta es la idea de "fagocitación" que conviene poner desde el inicio, porque explica por qué la izquierda alternativa española ha acabado como ha acabado.
2. Anguita: dureza, "programa" y neutralización
Con Anguita, IU fue lo más parecido a un competidor serio del PSOE por la izquierda en la democracia. En las generales de 1996 obtuvo 21 escaños.
Anguita no fue pactista. No quería ser muleta. Su obsesión era el programa y su estrategia era confrontar el relato del PSOE desde la izquierda.
¿Qué produjo eso? No "un PSOE mejor". Produjo un PSOE a la defensiva y un marco de deslegitimación: la famosa "teoría de la pinza", el fantasma del IU–PP como coartada para convertir a la izquierda alternativa en enemigo interno.
En términos políticos, Anguita demuestra justo lo contrario de lo que sugiere Rufián: una izquierda fuerte no obliga al PSOE a mejorar; puede llevarlo a blindarse.
3. Llamazares: reacción pactista y el inicio de la digestión
Lo que suele borrarse del relato: tras ese ciclo de choque, llegó el intento de "corregir" la estrategia por la vía opuesta. Llamazares encarna esa reacción: menos confrontación por hegemonía, más disponibilidad al acuerdo, más rol de fuerza útil.
Ahí se instala el patrón: cuando intentas ser socio menor, el PSOE no te "santifica" como aliado imprescindible; tiende a tratarte como perímetro absorbible, y el sistema electoral remata el proceso cuando pierdes un poco de fuerza.
El saldo fue una izquierda alternativa cada vez más invisible, fragmentada y defensiva... hasta que el sistema se "reinicia" con un actor nuevo.
4. Podemos: más diputados que IU, mismo desenlace estructural
Podemos es la prueba contemporánea de que el problema no era "Anguita" como carácter, sino el tipo de relación que el PSOE establece con un competidor o socio por su izquierda.
Si la tesis de Rufián fuese una ley —"más fuerza a la izquierda = PSOE mejor"— aquí debería haberse visto el efecto en estado puro. Lo que se ve, en cambio, es desgaste, conflictos internos, reconfiguraciones, sustituciones de marca, y caída del espacio.
La izquierda alternativa tuvo el mayor poder parlamentario de su historia... y aun así acabó en un escenario de debilitamiento y fragmentación. No porque "no quisiera unidad", sino porque el socio menor paga costes que el partido grande no paga, y porque la asimetría estructural empuja a la digestión del espacio.
5. El agente invisible: el PSOE como actor estratégico consciente
Inferencial · Relacional · SíntesisHasta aquí el análisis ha descrito efectos —neutralización, fagocitación, desgaste— casi como si fueran fenómenos climáticos. Eso es un error de encuadre que conviene corregir.
El PSOE no es un actor pasivo en este ciclo. Es su principal beneficiario y, en muchos casos, su impulsor activo. La diferencia importa porque sin nombrarlo así, el relato por defecto es el que más le conviene al PSOE: la izquierda alternativa fracasa por sus propias contradicciones, sus guerras internas, su incapacidad para la unidad.
Ese diagnóstico no es falso en lo accesorio. Es incompleto en lo esencial.
Esto no exime a la izquierda alternativa de sus propias responsabilidades. Pero sí cambia la pregunta.
La pregunta no es por qué la izquierda a la izquierda del PSOE siempre acaba fragmentada. La pregunta es quién tiene incentivos para que así sea, y qué herramientas tiene para facilitarlo.
Esa es la habitación en la que Rufián habla sin nombrar al fantasma.
6. Entonces, ¿qué vale de lo que dice Rufián?
Vale una parte, pero hay que decirla sin autoengaño.
La frase de Rufián falla cuando vende virtud moral donde hay mecánica de poder. En España, la historia reciente es bastante clara:
Si compites sin pactar, te neutralizan. Si pactas, te fagocitan. Anguita lo vivió por la vía dura; Llamazares por la pactista; Podemos por la pactista con potencia parlamentaria histórica.
Cierre
Si hoy la izquierda a la izquierda del PSOE está como está, no es por meteorología. Es por un proceso:
En cada fase hay un agente que se beneficia de ese resultado y tiene herramientas para facilitarlo. Ese agente no es la meteorología política. Tiene nombre, estructura y décadas de experiencia gestionando a sus competidores por la izquierda.
Así que sí: el "estímulo" suena bien. Pero, tal como se ha comportado el sistema español, no es una garantía; es una apuesta que ya salió mal más veces de las que salió bien.



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