¿De qué guerra con Rusia estamos hablando en Europa?

¿De qué guerra con Rusia estamos hablando en Europa?
Opinión · Defensa · Geopolítica

Europa puede combatir, pero no dispone de la autonomía logística necesaria para sostener sola una guerra prolongada contra Rusia. Las capacidades que convierten sus ejércitos en una fuerza capaz de hacer la guerra dependen en buena medida de Estados Unidos. Y una guerra sostenida por Estados Unidos ya no es una guerra europea.

En un vistazo
→ Capacidad nominal no es capacidad real. Europa gasta más, fabrica cinco veces más munición que en 2022 y compra cazas. Pero hacer la guerra exige llevar los ejércitos hasta el frente y sostenerlos allí durante meses. Eso es la logística, y es lo que se oculta detrás de las cifras.
→ Europa puede combatir; el problema es sostener. Los ejércitos europeos tienen una capacidad inicial importante. Las carencias aparecen cuando la guerra se prolonga y es de alta intensidad.
→ Mover y alimentar: transporte aéreo pesado escaso, carencias ferroviarias, puentes débiles, cambio de ancho de vía y un oleoducto militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que termina en Alemania. La Unión Europea ha destinado a movilidad militar 1.700 millones de euros de los 100.000 necesarios.
→ Concebidos para la OTAN: los ejércitos europeos están diseñados para operar dentro de la arquitectura aliada. Transporte estratégico, inteligencia, reabastecimiento en vuelo, mando y determinados stocks dependen en medida significativa o crítica de Estados Unidos. Libia, en 2011, ya lo demostró.
→ La consecuencia: una guerra prolongada de Europa contra Rusia necesitaría, en las condiciones actuales, capacidades estadounidenses. Y cuando Estados Unidos aporta lo imprescindible para sostenerla, deja de tener sentido presentarla como una guerra exclusivamente europea.

Europa habla cada vez con mayor naturalidad de prepararse para una guerra con Rusia. Aumentar el gasto militar. Fabricar munición. Comprar cazas. Recuperar el servicio militar. Desplegar brigadas en el Este.

Las cifras acompañan. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés), un centro independiente de estudios de defensa con sede en Londres, autor de The Military Balance, los países europeos de la OTAN han multiplicado al menos por cinco desde 2022 su capacidad de fabricar proyectiles de artillería.

Pero hay una pregunta anterior que apenas aparece en el debate: ¿qué significa realmente hacer una guerra?

Porque tener un ejército y poder hacer una guerra son dos cosas diferentes.

Un ejército combate porque alguien consigue trasladar sus soldados y sus carros de combate hasta el frente, llevarles combustible y munición todos los días, reparar lo que se rompe, evacuar a los heridos, reabastecer los aviones, saber dónde está el enemigo y sustituir lo que se pierde. Día tras día, durante meses.

Eso se llama logística. Y es lo que se oculta detrás de las cifras de gasto, tanques, cazas y soldados, cuando no falta en ellas. El IISS lo advierte en su última evaluación de la defensa europea: la logística es una cuestión crítica que no ha recibido suficiente atención en el debate político europeo.

Los datos que siguen proceden del propio entorno occidental: institutos de análisis de Londres, Washington y Varsovia, la Comisión Europea, la OTAN y antiguos altos cargos estadounidenses. Ninguno viene de Moscú.

Primero hay que llevar el ejército hasta la guerra

Los Airbus A400M europeos transportan unas 37 toneladas. Un Leopard 2 moderno supera las 60.

Para el transporte aéreo pesado, Europa solo cuenta con once C-17 Globemaster III: ocho británicos y tres compartidos entre doce países, entre ellos Estados Unidos. Cada uno transporta unas 77 toneladas. Un carro de combate por vuelo.

Los blindados tendrían que viajar en tren, por carretera o en barco. Y ahí el IISS encuentra carencias en transporte ferroviario de blindados pesados y en puentes móviles, hoy demasiado escasos para que las formaciones pesadas crucen los grandes ríos de Europa oriental. A eso se suman puentes débiles, carreteras inadecuadas y el cambio de ancho de vía en la frontera báltica, donde cada tren militar debe detenerse y transbordar su carga.

La propia Comisión Europea reconoce que el flanco oriental está especialmente expuesto por la falta de redes de transporte continuas e interoperables. Aun así, mientras la producción de munición se multiplicaba por cinco, la Unión Europea destinaba a movilidad militar unos 1.700 millones de euros para 2021-2027, cuando la necesidad identificada alcanza los 100.000 millones.

Y después hay que alimentarla

Una fuerza mecanizada necesita recibir sin interrupción enormes cantidades de combustible, munición, repuestos y alimentos.

La red de oleoductos militares de la OTAN en Europa central, unos 5.300 kilómetros construidos durante la Guerra Fría, recorre Bélgica, Francia, Luxemburgo, Países Bajos y Alemania. Y termina ahí. No llega a Polonia, ni a los países bálticos, ni a Rumanía. Más allá, el combustible viajaría en trenes comerciales, pasaría por refinerías y depósitos civiles sin protección y, en el último tramo, iría en camiones cisterna.

Por eso el IISS concluye que la OTAN carece de capacidad suficiente para distribuir combustible hacia el flanco oriental, y señala a Alemania como el nudo decisivo por el que tendría que pasar el refuerzo. Un nudo en el que desempeñan un papel central los logistas del ejército estadounidense.

Puedes tener cien carros de combate disponibles. Si no puedes hacerles llegar combustible, son cien objetos de sesenta toneladas detenidos en algún lugar de Europa.

¿Puede Europa hacerlo sola?

Nada de esto significa que Europa no pueda combatir. Puede hacerlo, y con fuerza, en las primeras semanas. Pero una guerra corta, y además ganada, contra una potencia nuclear es una fantasía: cuanto más cerca estuviera Rusia de una derrota rápida, más cerca estaría la escalada nuclear. Si la guerra sigue siendo convencional, será larga. La de Ucrania va por su quinto año. Y ahí aparece el problema: sostenerla durante meses.

Para un buen entendedor, el artículo podría terminar aquí. Pero sigamos.

Durante décadas, Europa no construyó una capacidad militar autónoma. Construyó ejércitos nacionales concebidos para operar dentro de la OTAN. Y las capacidades que convierten esos ejércitos en una fuerza integrada, y que la sostienen, dependen en buena medida de Estados Unidos.

Empezando por el mando: el comandante supremo aliado en Europa ha sido siempre un general estadounidense, que dirige a la vez las fuerzas de Estados Unidos en el continente. Siguiendo por el reabastecimiento en vuelo: Estados Unidos dispone de unos 450 aviones cisterna; los aliados europeos de la OTAN, de 156, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), un centro de análisis de seguridad con sede en Washington. El IISS calcula que reemplazar las capacidades convencionales que aporta Washington costaría en torno a un billón de dólares, entre adquisiciones y veinticinco años de mantenimiento.

Ya se comprobó. En Libia, en 2011, contra un ejército muy inferior al ruso, Estados Unidos aportó el 75% de la inteligencia y de los aviones cisterna, según el embajador estadounidense ante la OTAN y el comandante supremo aliado de entonces. A los tres meses, los europeos se habían quedado sin bombas de precisión y Washington tuvo que reponérselas. Lo contó el propio secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates.

Si Europa necesitó a Estados Unidos para unos meses de campaña aérea contra Gadafi, ¿qué necesitaría en una guerra prolongada contra Rusia?

¿De qué guerra estamos hablando?

En las condiciones actuales, esa guerra necesitaría transporte, inteligencia, reabastecimiento, mando y munición estadounidenses.

Y cuando Estados Unidos aporta las capacidades sin las que una guerra no puede sostenerse, deja de tener sentido presentarla como una guerra europea contra Rusia.

Sería una guerra de la OTAN, con Estados Unidos dentro.

Antes de explicar a los europeos que deben prepararse para combatir contra Rusia, quizá convendría explicarles algo más básico.

Quién va a llevar la gasolina.

Fuentes

→ IISS, The Defence of Europe in a New Era: An Assessment, 16 de septiembre de 2026. Introducción · Capítulo 4: logística de la OTAN · Informe completo (PDF)
→ IISS, Defending Europe Without the United States: Costs and Consequences, mayo de 2025. Enlace
→ Comisión Europea y Alta Representante, hoja de ruta Preserving Peace – Defence Readiness Roadmap 2030, octubre de 2025. Enlace
→ OTAN, Central Europe Pipeline System (CEPS). Enlace · Centro de Estudios Orientales (OSW), Fuelling defence: expanding NATO's pipeline system to the eastern flank, julio de 2025. Enlace
→ John Vandiver, «Europe faces yearslong defense gap as US scales back, study warns», Stars and Stripes, 17 de septiembre de 2026. Enlace
→ Datos del CSIS sobre aviones cisterna recogidos en «Europe's Midair Refueling Tanker Fleet Is Dangerously Small», The National Interest, 2025. Enlace
→ Ivo H. Daalder y James G. Stavridis, «NATO's Victory in Libya: The Right Way to Run an Intervention», Foreign Affairs, marzo-abril de 2012. Reproducido por el Atlantic Council
→ Robert M. Gates, Duty: Memoirs of a Secretary at War, 2014. Pasaje sobre Libia citado en Cato Institute, «How NATO Pushed the U.S. Into the Libya Fiasco». Enlace
→ Boeing C-17 Globemaster III: operadores y capacidad de carga. Enlace

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