Se puede ganar mucho dinero mientras Europa se hunde

Se puede ganar mucho dinero mientras Europa se hunde
Opinión · Europa · Geopolítica

La subordinación de las élites europeas a Estados Unidos, que hemos analizado en anteriores entradas de este blog, no es solo ideológica: también es rentable. Mientras el continente pierde autonomía y dinamismo, quienes administran la dependencia siguen enriqueciéndose.

En un vistazo
→ La pregunta: Europa pierde competitividad y peso en el mundo, y sus dirigentes no reaccionan. En este blog lo hemos explicado por su subordinación a Estados Unidos: actúan como una administración colonial que ha hecho suyos los intereses de Washington.
→ La pieza que faltaba: Yanis Varoufakis añade el dinero. Una minoría muy poderosa sigue enriqueciéndose con la situación actual, y no tiene motivos para cambiarla.
→ Los datos: entre 1995 y 2021, descontada la inflación, el patrimonio de la mitad menos rica de la Unión Europea creció un 80 %; el del 0,001 % más rico, un 237 %.
→ El negocio: el rearme paga primero a Estados Unidos y después a grandes empresas europeas, mientras el capital se traslada adonde más rinde y los trabajadores se quedan atrás.
→ La conclusión: la subordinación explica cómo deciden; el dinero, por qué no tienen prisa por cambiar. Quien gana con la decadencia no necesita detenerla.

¿Por qué no hacen nada?

El comportamiento de los dirigentes europeos desconcierta. El continente pierde competitividad y peso en el mundo, y su respuesta se limita a declaraciones solemnes y reformas que nunca llegan.

Las explicaciones habituales hablan de líderes mediocres o incapaces de entender el cambio geopolítico. En enero, en «¿Por qué la clase política europea actúa como una administración colonial?», propusimos otra: unas élites formadas en el vínculo transatlántico que han interiorizado los intereses estadounidenses como propios. En julio, en «Lo que se esconde tras el rearme europeo», vimos cómo esa subordinación se traduce en presupuestos: dinero para armas, no para la transformación industrial que Europa necesita.

Quedaba una pregunta: ¿por qué les resulta tan cómodo? Varoufakis la responde en una entrevista con Glenn Diesen publicada el 27 de octubre de 2026. Es un error, dice, buscar explicaciones psicológicas: una minoría muy poderosa está ganando mucho dinero con la situación actual.

¿Por qué iban a cambiar el modelo quienes se benefician de él?

Europa pierde terreno, los ricos acumulan patrimonio

Los datos de la Comisión Europea lo confirman. El patrimonio es todo lo que una persona posee (vivienda, ahorros, acciones, empresas) menos sus deudas. Entre 1995 y 2021, descontada la inflación, el de todos los grupos creció, pero a velocidades muy distintas.

Fuente: Comisión Europea, Annual Report on Taxation 2024, con datos de la World Inequality Database.

Todos ganaron, pero la cúspide lo hizo casi tres veces más deprisa que la mitad menos rica. Por eso la riqueza se concentra: según un estudio encargado por la Comisión, el 1 % más rico pasó de poseer el 22,6 % del patrimonio de la UE en 1995 al 25 % en 2023.

Francia, el ejemplo que usa Varoufakis, lo muestra a escala nacional. Según la revista Challenges, las 500 mayores fortunas profesionales del país sumaban 570.000 millones de euros en 2017 y 1,076 billones en 2026: un 89 % más, sin descontar la inflación.

La decadencia europea no impide que sus élites se enriquezcan. Y eso cambia sus incentivos.

Los administradores coloniales también cobran

Las administraciones coloniales nunca se sostuvieron solo con la fuerza de la metrópoli. Necesitaban élites locales cuyo poder y cuya riqueza dependieran de que el orden se mantuviera.

Europa no es una colonia, pero la analogía describe una función parecida. Primero se protegen los intereses de la metrópoli. Después, los de quienes administran la dependencia. Los de la población quedan para el final.

No hace falta imaginar conspiraciones ni suponer que cada político se enriquece personalmente. El mecanismo es estructural: grandes empresas, fondos de inversión, bancos y grandes propietarios pueden beneficiarse de decisiones que perjudican al conjunto de la economía europea.

La decadencia también ofrece negocios

El rearme es el mejor ejemplo, y respeta esa jerarquía. Entre febrero de 2022 y junio de 2023, el 78 % de las compras de armamento de los países de la UE se hizo a proveedores de fuera de la Unión, y el 63 % fue a Estados Unidos, según datos recogidos en el informe Draghi. La metrópoli cobra primero.

Después cobran los administradores. Varoufakis pone nombres: Volkswagen y Renault llevan años sin invertir lo necesario y no pueden competir con BYD o Tesla. Pero no les preocupa demasiado. Según él, despiden trabajadores, Volkswagen traslada instalaciones a Rheinmetall para fabricar tanques y Renault construye drones con dinero público. Rheinmetall cerró 2025 con una cartera récord de 63.800 millones de euros en pedidos y contratos comprometidos.

El caso de Audi, que Varoufakis también cita, lo resume todo. El 24 de octubre, su consejero delegado anunció junto a Donald Trump, en un mitin electoral, unos 4.000 millones de dólares para construir su primera fábrica en Estados Unidos. Mientras, el grupo Volkswagen, al que pertenece, recorta empleo en Alemania. Para Varoufakis, es el tributo que Europa paga de buen grado.

El trabajador pierde su empleo; el capital cambia de destino. Una comunidad no puede mudarse siguiendo la rentabilidad. Un gran patrimonio, sí.

No todos estamos perdiendo

Quizá llevamos demasiado tiempo haciendo la pregunta equivocada. Nos preguntamos por qué los dirigentes europeos no reaccionan, como si la decadencia tuviera para las élites las mismas consecuencias que para el resto.

No las tiene. La subordinación a Washington explica cómo deciden; el dinero explica por qué no tienen prisa por cambiar. Una economía puede perder competitividad mientras ciertos patrimonios crecen, y una dependencia puede ser ruinosa para el conjunto y rentable para sus intermediarios.

La administración colonial no necesita garantizar la prosperidad de los administrados para preservar los intereses que la sostienen.

Europa puede estar perdiendo, pero no todos pierden con ella. Y mientras algunos sigan ganando mucho dinero, tendrán pocos motivos para cambiar las cosas.

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