¿Por qué la clase política europea actúa como una administración colonial?

La fábrica de élites: Estados Unidos y la clase política europea

Cuando Trump amenaza a Canadá, Carney anuncia represalias. Cuando amenaza a Europa, los líderes europeos gestionan declaraciones vacías. La diferencia no está en la capacidad material, sino en que cuatro canales estadounidenses (Departamento de Estado, Fulbright, German Marshall Fund, fundaciones) llevan décadas formateando a los cuadros que definen qué es "razonable" en política europea.

Europa se cuenta a sí misma una película: alianza entre iguales, comunidad de valores, decisiones compartidas. Esa película sirve para dormir.

La realidad es más prosaica: una parte decisiva de la clase política-profesional europea ha sido formada, filtrada y conectada en circuitos estadounidenses.

Y aquí está la clave: no hablo de presidentes. Hablo de lo importante: mandos intermedios y ejecutivas. Jefes de gabinete, asesores, direcciones de internacional, responsables de programa, cuadros de partido en ascenso, tecnócratas con mando. Los que redactan, negocian, recortan, filtran, priorizan. Los que hacen posible lo que luego la cúpula firma.

Si quieres llamar a eso "administración colonial", puedes. No porque haya una colonia formal, sino porque hay algo muy parecido a una metrópoli que produce élites locales capaces de administrar su marco.

En un vistazo: Este artículo defiende una tesis incómoda: Europa no reacciona ante los atropellos de Trump porque sus élites políticas han sido formateadas para no hacerlo. No por conspiración, sino por infraestructura documentada: cuatro canales estables (Departamento de Estado, Programa Fulbright, German Marshall Fund y fundaciones) que durante décadas han convertido la dependencia europea en currículo y la subordinación en capital social. El mecanismo es el mismo que globalizó el neoliberalismo vía Chicago Boys: formar cuadros, no convencer presidentes. La diferencia con Canadá (donde Carney responde con firmeza a Trump) no está en la capacidad material, sino en que la clase política europea —incluidos especialmente los mandos intermedios que preparan opciones, redactan documentos y definen lo viable— ha sido socializada en un marco donde la autonomía estratégica se percibe como imprudente. Cuando la subordinación se vuelve habitus profesional, la administración colonial ya no necesita justificarse: se ejecuta sola.


1) El precedente: Chicago y la exportación del neoliberalismo

El neoliberalismo no conquistó medio planeta por la fuerza lógica de sus argumentos. Lo hizo por algo más simple: formó cuadros.

Los "Chicago Boys" no fueron un meme: fueron una tecnología. Formación, red, carrera, acceso al poder, traducción de doctrina a política pública.

El patrón general lo han descrito autores como Quinn Slobodian, Philip Mirowski o David Harvey: las ideas viajan cuando viajan con instituciones, redes y carreras. El punto no es Chicago como universidad; el punto es la fábrica de élites.

Ahora mira Europa y pregúntate: ¿de verdad crees que la hegemonía estadounidense se sostiene solo con bases y tratados? No. Se sostiene también con formación de cuadros.

El punto, entonces, no es "Estados Unidos influye", que es una obviedad. El punto es cómo.

Y el "cómo" no es una llamada telefónica ni una orden secreta. Es más simple y más eficaz: cuatro canales estables para fabricar élites:

  1. Departamento de Estado: selecciona "líderes emergentes" desde las embajadas y los mete en circuito (International Visitor Leadership Program)
  2. Programa Fulbright: convierte el prestigio académico en una correa invisible
  3. German Marshall Fund: produce redes transatlánticas de mandos intermedios en el momento exacto en que empiezan a mandar (Marshall Memorial Fellowship)
  4. Fundaciones: financian infraestructura, campos de policy y expertocracias que alimentan partidos y gobiernos

2) El contraste observable: Carney vs. Europa, o qué hace un político cuando no es una administración colonial

El mecanismo que describiré tiene una ventaja: es observable en tiempo real. Para entenderlo, basta con comparar dos reacciones ante el mismo actor.

El caso Carney:

Cuando Trump amenaza a Canadá con aranceles del 25% o lanza retórica anexionista, Mark Carney responde con firmeza: anuncia represalias comerciales calibradas, habla de "dignidad nacional" y deja claro que Canadá no se arrodilla.

Es la reacción de un político que defiende intereses nacionales porque asume que esa es su función. Carney no inventa nada: simplemente hace lo que cualquier actor político haría si entendiera que su trabajo es defender a quien representa.

El caso Europa:

Ahora mira a Europa. Trump insulta, desprecia, actúa contra intereses europeos evidentes:

  • Sabotaje energético
  • Chantaje sobre defensa
  • Sanciones extraterritoriales
  • Inflation Reduction Act que destroza competitividad industrial

¿Y la respuesta de los líderes europeos? Declaraciones vacías. Preocupación. "Diálogo constructivo". Gesticulación sin consecuencias.

La pregunta: La pregunta que recorre hoy las conversaciones políticas europeas es: ¿por qué? ¿Por qué esta incapacidad de reaccionar? ¿Por qué, cuando los intereses son evidentes y el maltrato es público, Europa no hace lo que haría cualquier actor político medianamente coherente?

La respuesta habitual (insuficiente):

"Falta de unidad", "complejidad institucional", "dependencia militar".

Pero esto no cuadra: Canadá también depende militarmente de Estados Unidos y tampoco tiene ejército comparable. La diferencia no está en la capacidad material. Está en otra cosa.

La tesis de este texto:

Europa no reacciona porque sus élites políticas han sido formateadas para no hacerlo.

No por obediencia consciente, sino porque la maquinaria que fabrica cuadros político-administrativos europeos los socializa en un marco donde la autonomía estratégica se percibe como imprudente, poco seria o poco profesional.

Cuando la subordinación se vuelve habitus —rutina de trabajo, criterio de prestigio, forma de evaluar lo razonable—, la parálisis no necesita explicación: se ejecuta sola.

Lo que sigue es el mecanismo de esa fabricación. No es teoría conspirativa. Es infraestructura documentada: cuatro canales estables que, durante décadas, han convertido la dependencia europea en currículo y la subordinación en capital social.


3) Canal 1: el Departamento de Estado y el filtro perfecto (International Visitor Leadership Program)

Aquí no hay romanticismo académico. Hay método.

El International Visitor Leadership Program (IVLP) —y sus predecesores, como el Foreign Leader Program— es presentado por el propio Departamento de Estado como su programa "premier" de intercambio profesional para líderes actuales y emergentes.

Lo decisivo:

La entrada es por nominación, no por demanda. Según la ficha oficial del IVLP, los participantes son nominados por las embajadas de Estados Unidos y no existe proceso de solicitud.

Eso convierte el programa en un cazatalentos institucional:

  • No solo conecta: socializa
  • No solo invita: filtra

Y ese filtrado incluye marcos normativos —economía de mercado, Estado de derecho, gobernanza representativa— presentados como estándar de lo "profesional", tal y como se desprende del modo en que el programa se define como herramienta de diplomacia pública orientada a objetivos.

El matiz incómodo que fortalece el argumento: Esto no funciona porque Europa sea solo "manipulada". Funciona porque a un cuadro político joven —o a un técnico con ambición— entrar en estos circuitos le da capital: capital curricular, capital de red, capital de "seriedad". Lo venden como intercambio, pero se vive como ascenso. La administración colonial moderna no se impone solo con coerción: se mantiene porque ofrece promoción social a quienes administran el marco.

La escala:

Si esto suena abstracto, mira los números. Según el propio Departamento de Estado, desde 1940 han participado más de 230.000 líderes, incluidos:

  • Más de 500 jefes de Estado o de gobierno
  • 1.600+ ministros
  • 1.000+ parlamentarios
  • Premios Nobel
  • Dirigentes empresariales y académicos

Son cifras "de parte", sí; pero precisamente por eso son relevantes: describen cómo el programa se entiende a sí mismo y qué tipo de impacto presume de producir.

El verdadero punto: Y por volumen, el efecto no puede concentrarse arriba. El grueso no son jefes de gobierno. El grueso son cuadros: gente lo bastante cerca del poder como para influir, y lo bastante joven como para escalar. Ese es el verdadero punto: la metrópoli inteligente no apuesta solo por reyes; apuesta por burócratas con hambre.


4) Canal 2: Programa Fulbright, o el prestigio como correa invisible

Si el IVLP selecciona, el Programa Fulbright legitima.

Fulbright no necesita parecer político. Le basta con parecer prestigioso. Ese es su poder.

El mecanismo:

Fulbright funciona como una máquina de legitimidad: te inserta en un circuito, te conecta, te da un sello. Luego vuelves con:

  • Un lenguaje
  • Unos contactos
  • Un imaginario
  • Una forma de entender "lo razonable"

Aquí la palabra clave es reproducción: no porque todos los becarios acaben en política (obvio que no), sino porque el prestigio actúa como criterio social de excelencia y abre puertas en administración, universidades, medios, organismos internacionales.

La escala:

Según la propia plataforma oficial de la red Fulbright, más de 400.000 personas han participado en el programa desde 1946.

El efecto real:

El efecto real no es "simpatía por Estados Unidos". Es el filtro de lo razonable: qué propuestas suenan serias y cuáles suenan amateur.

Fulbright no obliga a nadie; convierte un marco en estándar de excelencia.

En términos gramscianos: Si lo quieres decir con una idea gramsciana: esto no busca que Europa "haga lo que quiere Estados Unidos". Busca algo más estable: fabricar un sentido común transatlántico. Un marco donde ciertas preguntas ni se formulan y ciertas alternativas se descartan automáticamente como "poco serias" o "poco realistas". No hace falta orden; basta con que la desviación se pague en reputación.


5) Canal 3: German Marshall Fund of the United States y el formateo de trayectorias (Marshall Memorial Fellowship)

Si Fulbright es prestigio y el IVLP es selección diplomática, el German Marshall Fund of the United States (GMF) trabaja sobre la capa donde se decide la política real: la capa media.

Su programa emblemático, el Marshall Memorial Fellowship (MMF), se presenta como un programa anual de liderazgo transatlántico lanzado en 1982 para introducir a una nueva generación de líderes europeos en Estados Unidos y, hoy, para preparar líderes de ambos lados del Atlántico.

De qué va realmente:

Esto no va de estudiar un máster. Va de formatear trayectorias: gente que está en el punto en que ya decide de verdad dentro de partidos, parlamentos y administraciones.

Según la descripción del propio GMF, el MMF busca:

  • Cultivar vínculos
  • Exponer a perspectivas diversas
  • Desarrollar competencias de liderazgo y red para el "engagement" transatlántico

El punto clave: Aquí está el punto: el MMF no está pensado para la foto de la cúpula. Está pensado para la gente que hace que la cúpula solo vea una parte del menú. Ese es el laboratorio perfecto: administración del marco por socialización de mandos intermedios.


6) Canal 4: fundaciones y la infraestructura de la expertocracia

Ford, Carnegie, Rockefeller: el triángulo clásico.

Aquí no hay una "lista de alumni" tan limpia como en el IVLP o Fulbright, y precisamente por eso conviene entenderlo bien: el poder fundacional opera por infraestructura, no por titulares.

El argumento académico:

Inderjeet Parmar ha defendido que estas fundaciones han contribuido históricamente a construir redes, capacidades de investigación y formación de opinión experta alineadas con prioridades estratégicas estadounidenses, en interacción con el Estado y su política exterior.

Cómo opera en Europa:

En Europa, esta lógica se ve en la financiación y sostenimiento de entornos de policy y think tanks que producen la expertocracia —los "policy people"— que escribe argumentarios y define lo "técnicamente viable".

El argumento no es "obediencia". Es más estable: comunidades de expertos socializadas en un repertorio de soluciones donde la alineación transatlántica aparece como normalidad.

Ejemplos concretos:

Aterrizaje:

  • Bruegel: según su propia información institucional, presenta su estructura de apoyo mediante colaboraciones y membresías/partnerships
  • European Council on Foreign Relations (ECFR): su página de financiación publica una lista de donantes que incluye fundaciones y, entre ellas, la Carnegie Corporation of New York, junto con otros financiadores
  • Centre for European Policy Studies (CEPS): sus propios informes anuales describen una financiación diversificada en la que una parte significativa procede de convocatorias y contratos de instituciones de la Unión Europea, junto con proyectos financiados por fundaciones y cuotas de membresía

7) El punto político: por qué esto se juega en mandos intermedios y ejecutivas

La gente se equivoca porque busca "pruebas" arriba: "dime qué primer ministro fue becario". Eso es decoración.

La realidad del poder:

La realidad del poder es otra:

  • Un ministro dura poco
  • Un jefe de gabinete puede durar años
  • Un director general, una década
  • Un aparato de partido, una vida

Qué hace esa capa:

Esa capa es la que:

  • Marca líneas rojas
  • Decide qué datos entran en informes
  • Define el lenguaje de un proyecto de ley
  • Prepara preferencias antes de que el tema llegue a la esfera pública

El efecto: Y si esa capa se ha formado en circuitos transatlánticos como el IVLP o el MMF, la administración del marco se vuelve natural: no necesita órdenes explícitas. Según la propia descripción del IVLP, el programa apunta a líderes "actuales y emergentes" seleccionados por embajadas; y según el GMF, el MMF está diseñado para crear vínculos y capacidades de liderazgo transatlántico.


8) El contraste: ¿y Europa qué fabrica?

Y ahora el contraste que revela el problema: ¿qué hace Europa para formar a sus propias élites con la misma coherencia estratégica?

Lo que existe:

La Unión Europea tiene el European Union Visitors Programme (EUVP), establecido en 1974 por el Parlamento Europeo y la Comisión Europea y gestionado conjuntamente como herramienta de diplomacia pública "people-to-people".

El problema:

Pero su lógica, según la propia descripción del Servicio Europeo de Acción Exterior, está orientada a fortalecer vínculos globales y a invitar a jóvenes líderes de fuera de la Unión Europea para conocer las instituciones europeas.

A diferencia del IVLP —nominación por embajadas estadounidenses para seleccionar líderes emergentes— el EUVP no funciona como una tubería interna comparable para producir un "sentido común europeo" en los cuadros nacionales.

El vacío: Cuando haces la pregunta por un pipeline europeo equivalente —selección, socialización, red y carrera— lo que aparece es un vacío. Y ese vacío es parte del diagnóstico: quien no fabrica su propio marco termina administrando el marco de otro.


9) Conclusión: "administración colonial" no como insulto, sino como diagnóstico

Decir "Europa es una administración colonial" no significa que haya un gobernador estadounidense dictando órdenes desde una oficina. Significa algo más moderno: dominación por fabricación de élites.

El patrón:

Igual que el neoliberalismo se globalizó formando cuadros económicos (Chicago como símbolo), el atlantismo se reproduce formando cuadros político-administrativos (IVLP, Programa Fulbright, GMF/MMF y la infraestructura fundacional como maquinaria).

No hace falta coerción diaria. Basta con una red que convierta un marco en "sentido común".

La tecnología de gestión:

Y aquí está el matiz que vuelve el diagnóstico incontestable: la hegemonía hoy es una tecnología de gestión.

No opera principalmente como:

  • Propaganda
  • Orden directa
  • Imposición legal

Opera como formación profesional.

Las élites europeas no "carecen" de soberanía porque falten tratados o porque una norma lo prohíba; la pierden en la práctica porque han sido socializadas en un marco donde la autonomía estratégica europea se percibe, por reflejo, como "poco profesional", "arriesgada" o "imprudente" frente a la fiabilidad de la red transatlántica.

Del poder al habitus:

La dependencia deja de presentarse como decisión política y pasa a funcionar como habitus:

  • Una rutina de trabajo
  • Un criterio de prestigio
  • Una forma de evaluar lo razonable

Cuando la subordinación se vuelve hábito profesional, la administración colonial ya no necesita justificarse: se ejecuta sola.

La conclusión: Europa no está "sin soberanía" en abstracto. Está atrapada en un hecho más íntimo: sus gestores han sido educados, premiados y conectados para no pensar fuera del marco transatlántico. Cuando la colonización se convierte en currículo y la dependencia en capital social, ya no se necesitan ejércitos para administrar un territorio. Basta con una red, un sello de prestigio y una élite capaz de administrar con eficiencia el marco de la metrópoli.

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