La horda rusa: por qué el análisis de Ucrania recicla propaganda fabricada por generales nazis para la Guerra Fría
Cada vez que se analiza cómo lucha Rusia en Ucrania, reaparece el mismo cliché: "masa bruta sin táctica". Ese estereotipo no es neutral: fue fabricado por oficiales alemanes derrotados que escribieron para la inteligencia estadounidense, y lleva ocho décadas circulando como "conocimiento experto".
Cada vez que estalla una guerra donde Rusia participa, reaparece el mismo libreto: "ellos" no combaten como ejércitos modernos, combaten como una horda. No planifican: aplastan. No calculan: arrojan cuerpos. La trampa está en que este cliché se presenta como análisis técnico, cuando en realidad es un producto histórico con fecha de fabricación, cadena de distribución y utilidad política.
En un vistazo: Este artículo analiza cómo el concepto de "horda rusa" —la idea de que Rusia combate mediante masa humana sin sofisticación táctica— fue fabricado por generales nazis derrotados que escribieron para la inteligencia estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial. Franz Halder, antiguo Jefe del Estado Mayor nazi, coordinó a cientos de oficiales alemanes para producir "lecciones aprendidas" que rehabilitaron a la Wehrmacht como profesional y degradaron al Ejército Rojo como bárbaro. Este relato se distribuyó a través de academias militares, cultura popular y análisis estratégico, convirtiéndose en "conocimiento experto". El artículo demuestra que este mito ignora evidencia histórica (como la doctrina soviética de Batalla Profunda y la Operación Bagration), y se reactiva hoy en el análisis del conflicto en Ucrania, funcionando además como puerta de entrada para narrativas de extrema derecha.
0. Apertura: el cliché que ya viene escrito
La trampa está en que este cliché se presenta como análisis técnico: "así luchan". Como si fuera una descripción neutral, casi antropológica, de un estilo militar. No lo es. Es un producto histórico: tiene fecha de fabricación, cadena de distribución y utilidad política.
"Horda" no describe una táctica: describe un marco moral. Es un constructo político-ideológico que hace tres cosas a la vez: animaliza al adversario (no es un actor político, es una fuerza natural), exculpa al emisor (si pierdes, fue por "masa", no por errores propios), y justifica políticas materiales (escalada, gasto, armamento) como defensa de la "civilización".
1. El origen: de derrotados a "expertos"
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos no solo interrogó a mandos alemanes. Montó un programa de estudios bajo la tutela del Historical Division del US Army. Aquí emerge una figura clave: Franz Halder, antiguo Jefe del Estado Mayor del OKH (Ejército de Tierra nazi).
Halder no solo coordinó a cientos de oficiales alemanes para que escribieran sus memorias y análisis, sino que actuó como un "editor jefe" con una misión clara: rehabilitar la imagen del oficial prusiano frente a la nueva amenaza soviética. No era "memoria espontánea": era producción guiada. Selección de autores, enfoque, énfasis, lenguaje, jerarquía de causas. En apariencia era "historia militar"; en la práctica, era inteligencia aplicada.
Cadena de custodia del mito:
1. Producción: generales y mandos derrotados convierten su experiencia en "estudios"
2. Validación: el marco institucional estadounidense lo legitima como material útil
3. Difusión: escuelas, manuales, revistas, cultura pop
4. Uso estratégico: Guerra Fría y superioridad tecnológica como doctrina y presupuesto
5. Reciclaje: cada nueva guerra reactiva el cliché como plantilla
El nuevo enemigo estratégico ya no era Alemania; era la Unión Soviética. Y entonces el frente oriental se convirtió en una mina de "lecciones aprendidas" donde los maestros eran los mismos que acababan de perder la guerra.
2. La coartada perfecta: "esto es técnico"
Los oficiales alemanes no eran observadores neutrales. Eran derrotados con reputaciones en juego. La forma más eficiente de convertir su fracaso en "historia" fue doble:
Blanquear al propio ejército: La Wehrmacht como profesional y "honorable"
Degradar al enemigo: Si el enemigo es una masa bárbara e inagotable, la derrota no es una falta de talento, sino una tragedia estadística
Aquí la ideología entra como "rasgo operacional": el soviético "acepta bajas" porque carece de individualismo; el soviético "satura" porque no sabe maniobrar. Lo importante no es si hubo ataques masivos, sino el salto ilegítimo: de un comportamiento táctico contextual a una esencia cultural. No se estudia una doctrina, se fija una naturaleza.
La plantilla retórica se repite siempre igual:
• De táctica a esencia: lo que ocurre en un contexto se convierte en "lo que son"
• De derrota a absolución: el fracaso propio se vuelve honor profesional
• De adversario a bestia: el otro deja de ser un actor político y pasa a ser "horda"
3. La absolución alemana: el mito de la Wehrmacht "limpia"
Este programa normalizó la separación entre "soldados profesionales" y "criminales ideológicos" (SS). Esta narrativa, estudiada a fondo por historiadores como Ronald Smelser y Edward J. Davies II en su obra definitiva The Myth of the Eastern Front, explica cómo se construyó un "romance" con la Wehrmacht en el mundo anglosajón.
El caso Walter Model: genio y criminal
Se rehabilitaron figuras como Walter Model. Y aquí es donde el mecanismo se vuelve más sofisticado: Model era un genio militar de la defensa. Su manejo de la defensa elástica en Rzhev, su capacidad para estabilizar situaciones desesperadas con recursos mínimos, su maestría en el repliegue del Dniéper —todo esto es documentable y reconocido incluso por historiadores soviéticos.
Pero Model también firmó órdenes de tierra quemada en territorios ocupados. Supervisó deportaciones masivas de civiles. Implementó políticas de contrainsurgencia que no distinguían entre partisanos y población civil. Durante el asedio de Leningrado, sus fuerzas participaron en el cerco que mató de hambre a cientos de miles de civiles. No son acusaciones abstractas: son órdenes documentadas, telegrafías conservadas, directivas con su firma.
Aquí está el mecanismo en su forma desnuda: cuando el mando que ejecuta deportaciones, tierra quemada y represión se presenta como "profesional", la barbarie se desplaza del acto al otro. El crimen deja de ser tuyo y pasa a ser la naturaleza del enemigo. Tú quedas como técnico; el otro queda como horda. La limpieza narrativa no requiere negar los hechos; solo requiere seleccionar qué hechos contar.
Al despolitizar al oficial alemán —presentándolo como un "profesional atrapado en circunstancias terribles"— se elimina su agencia moral. Y si el oficial alemán no tiene agencia moral, entonces el horror del frente oriental no puede atribuirse a las decisiones del mando alemán. Debe atribuirse a algo más: la brutalidad inherente del enemigo, la crueldad del clima, la vastedad del espacio. Cualquier cosa menos la guerra de aniquilación que Alemania eligió librar.
4. El "ruso" como esencia y el fetiche tecnológico
La Guerra Fría fundió "soviético" y "ruso" en una categoría moral permanente: colectivismo, fatalismo y orientalidad. Este supremacismo tiene un reverso práctico en Occidente: la necesidad de la superioridad tecnológica.
Si el enemigo es una horda que gana por "masa", la única respuesta posible para el "mundo civilizado" es el desarrollo de armas cada vez más sofisticadas. Este binomio (Masa Oriental vs. Tecnología Occidental) ha sido el motor del complejo industrial-militar durante décadas. No solo justifica presupuestos; justifica una visión del mundo donde nosotros somos la calidad y ellos son, simplemente, cantidad.
La horda camaleónica: "Kiev en 3 días"
La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 expuso una contradicción reveladora en el mito de la horda.
La inteligencia occidental predijo la caída de Kiev en 72 horas, asumiendo operaciones aerotransportadas de precisión, guerra de red-céntrica y decapitación del gobierno ucraniano mediante fuerzas especiales. Es decir: se esperaba sofisticación, no "masa bruta". Se anticipaba guerra relámpago quirúrgica, no oleadas humanas.
Cuando el plan fracasó —el desastre de Hostomel, la columna de 60 kilómetros atascada hacia Kiev, la resistencia ucraniana— el relato cambió instantáneamente: "siempre supimos que luchan como horda". Pero si siempre fueron horda, ¿por qué se esperaba una operación de decapitación ultramoderna?
La explicación es que el mito es selectivo y conveniente:
• Cuando Rusia gana → "horda que aplasta con números"
• Cuando Rusia pierde → "incompetencia bárbara confirmada"
• Cuando Rusia sorprende → "amenaza existencial que requiere más presupuesto de defensa"
El enemigo cambia de forma según lo que necesite justificar la narrativa. No es una descripción del adversario; es un espejo de nuestras necesidades políticas y presupuestarias.
5. Contraejemplo olvidado: cuando Occidente sí reconoció el genio soviético
Si la "horda" fuera una descripción inevitable de la manera soviética de hacer la guerra, entonces el análisis militar occidental debería haber sido consistente. No lo fue. Hubo momentos —y son cruciales— donde Occidente reconoció explícitamente la sofisticación operacional soviética. Lo que hace revelador este reconocimiento no es solo que existió, sino que fue deliberadamente olvidado.
Tujachevski y la Batalla Profunda
En los años 20 y 30, la Unión Soviética desarrolló una de las teorías militares más avanzadas de la historia: la Operación Profunda (Glubokaya operatsiya), concebida principalmente por Mijaíl Tujachevski y Vladimir Triandafillov. No era una doctrina de "masa humana"; era una teoría sofisticada del arte operacional que buscaba destruir el sistema defensivo del enemigo en toda su profundidad, no solo en la línea de contacto.
El mecanismo de la Batalla Profunda implicaba:
1. Ruptura táctica: Uso coordinado de infantería y artillería para crear brechas en las zonas defensivas frontales
2. Explotación operacional: Despliegue de reservas móviles (cuerpos mecanizados) a través de las brechas para atacar centros de mando, depósitos de suministros y líneas de comunicación en la retaguardia enemiga
3. Simultaneidad: Ataque a múltiples niveles (estratégico, operacional y táctico) para inducir un colapso sistémico en las fuerzas defensoras
Lo que los soldados alemanes percibían como "oleadas humanas" era a menudo el resultado de ataques de prueba en un frente amplio diseñados para identificar puntos débiles, seguidos de una concentración masiva de fuerzas en el sector más vulnerable. La doctrina soviética no era "arrojar hombres hasta que algo funcione"; era probar sistemáticamente hasta encontrar la fractura, y entonces concentrar todo el peso en ese punto.
La influencia en Occidente (que luego se olvidó)
Esta doctrina no pasó desapercibida en Occidente. Pensadores militares británicos como J.F.C. Fuller y B.H. Liddell Hart estudiaron la teoría soviética de operaciones profundas. Incluso los alemanes —sí, los alemanes— reconocieron su valor. Heinz Guderian, el arquitecto de la Bewegungskrieg (guerra de movimiento, popularizada en Occidente como "Blitzkrieg"), conocía y había estudiado las teorías soviéticas de guerra mecanizada. La ironía es brutal: parte de lo que se vendió como "genio alemán" en el concepto de guerra relámpago tenía raíces en el pensamiento operacional soviético.
Pero este reconocimiento desapareció de la narrativa de posguerra. ¿Por qué? Porque reconocer que la Unión Soviética había desarrollado teorías militares de vanguardia contradecía la imagen de la "horda asiática" que era políticamente útil durante la Guerra Fría.
Operación Bagration: el cerco que el mito no puede explicar
En junio de 1944, el Ejército Rojo lanzó la Operación Bagration, la destrucción del Grupo de Ejércitos Centro alemán en Bielorrusia. Fue una de las derrotas más catastróficas en la historia militar alemana: 28 divisiones destruidas, más de 300.000 bajas alemanas, un colapso del frente de 600 kilómetros.
Bagration no fue un "aplastar con números". Fue una demostración magistral de coordinación, engaño y arte operacional:
- Maskirovka (engaño operacional): Los soviéticos convencieron a los alemanes de que el ataque vendría en Ucrania, no en Bielorrusia
- Sincronización: Cuatro frentes (grupos de ejércitos) atacaron de manera coordinada en un frente de 1.100 kilómetros
- Explotación profunda: Fuerzas mecanizadas penetraron hasta 600 km en la retaguardia alemana
- Cercos múltiples: Formación simultánea de bolsas de cerco en Vitebsk, Bobruisk y Minsk
Esta operación requería comunicaciones precisas, coordinación entre miles de unidades, sincronización de artillería, aviación e infantería, y una capacidad logística que permitiera sostener avances de cientos de kilómetros. No es compatible con la imagen de "horda que arroja cuerpos".
El historiador militar David Glantz, uno de los mayores expertos occidentales en el frente oriental, ha dedicado décadas a demostrar que la narrativa de la "horda" es una falsificación. Sus trabajos muestran que las altas bajas soviéticas se debieron a problemas concentrados principalmente en el período inicial de la invasión alemana (1941-1942): destrucción de la base industrial en 1941, purgas de Stalin que eliminaron oficiales experimentados, falta de suboficiales profesionales, y rigidez del mando centralizado soviético en los primeros años.
Es decir: problemas técnicos y organizativos concentrados en los primeros años, no "barbarie inherente". La mayor parte de las pérdidas soviéticas ocurrieron durante 1941-1942, cuando el Ejército Rojo estaba desorganizado y mal equipado tras la sorpresa de Barbarroja. A medida que el Ejército Rojo resolvió estos problemas, su nivel operacional superó al alemán.
La pregunta incómoda
Si la teoría soviética de operaciones profundas era tan sofisticada, si Bagration fue un ejemplo de maestría operacional, si pensadores occidentales estudiaron y admiraron estas innovaciones... ¿por qué se olvidó todo esto?
Porque el mito de la horda era más útil que la verdad. Durante la Guerra Fría, se necesitaba un enemigo que fuera amenazante pero inferior. Amenazante (para justificar gastos de defensa), pero inferior (para mantener la superioridad moral occidental). Reconocer la sofisticación soviética habría complicado esta ecuación.
Así que la memoria se fragmentó: se recordó el talento alemán y se olvidó el talento soviético. Se preservó el mito de la horda y se enterró la evidencia que lo contradecía. No fue un accidente; fue una elección narrativa con utilidad política clara.
6. El submeme más tóxico: "hordas de violadores"
Este nodo funciona como arma moral absoluta. Degrada al enemigo a la animalidad y activa una alarma tribal: "nosotros" defendemos la civilización de "ellos", los depredadores sexuales. Al convertir una tragedia histórica en un rasgo antropológico, se elimina cualquier posibilidad de análisis político del conflicto.
Las violaciones masivas por parte del Ejército Rojo en 1945 ocurrieron. Son un hecho histórico documentado. En Berlín, en Prusia Oriental, en los territorios ocupados, soldados soviéticos cometieron atrocidades sexuales a gran escala. Esto no se discute; está respaldado por testimonios, documentos y estudios historiográficos serios.
Pero hay una diferencia entre documentar un crimen de guerra y convertirlo en esencia racial. El salto ilegítimo es este: de "el Ejército Rojo cometió violaciones masivas en 1945" a "los rusos son violadores por naturaleza". El primero es historia; el segundo es racialización del adversario.
Cómo se usa hoy: la violación como cierre del debate
Este tropo no se queda en 1945. Se reactiva constantemente en el discurso contemporáneo, y su función política es clara: cerrar el espacio para cualquier análisis que no sea la aniquilación del enemigo.
En 2023, Oleksiy Danilov, secretario del Consejo de Seguridad y Defensa de Ucrania, afirmó que los rusos eran inherentemente inhumanos debido a su "origen asiático/mongol", reactivando directamente los tropos raciales del siglo XIX sobre el "peligro amarillo" y la horda mongola. No estaba hablando de políticas del Kremlin o de decisiones militares; estaba hablando de esencia biológica.
En redes sociales, foros de extrema derecha y espacios de propaganda, las violaciones rusas en Ucrania se presentan no como crímenes de guerra (que lo son), sino como prueba de una naturaleza depredadora inalterable. El mensaje es: no se puede negociar con violadores; solo se les puede eliminar. La violación se convierte así en el argumento definitivo contra cualquier diplomacia, cualquier cese el fuego, cualquier solución política.
El efecto político: de crimen a ontología
Cuando la violación sexual pasa de ser un crimen de guerra específico (que debe investigarse, documentarse y castigarse) a ser un marcador de identidad colectiva, ocurre algo político muy concreto:
- Se cierra el debate: Si el enemigo es depredador por naturaleza, la negociación se vuelve inmoral por definición
- Se justifica cualquier medio: Si luchas contra depredadores sexuales, cualquier táctica se vuelve legítima
- Se animaliza al adversario completo: No solo el soldado que violó, sino toda la población que comparte su "origen"
Y aquí está la conexión con el mito de la horda: ambos mecanismos hacen lo mismo. Convierten actos específicos en esencias permanentes. Las violaciones ocurrieron, igual que ocurrieron tácticas de saturación. Pero el salto de "esto ocurrió" a "esto es lo que son" es donde la historia se convierte en propaganda, y la propaganda se convierte en justificación para la guerra sin límites.
Cuando el enemigo deja de ser humano en el análisis estratégico, la guerra deja de ser política (negociable, con límites, con fines) y pasa a ser higiene. Y eso, en la historia europea, nunca ha terminado bien.
7. Distribución masiva: de monografías a cultura pop
La propaganda dejó de parecerlo cuando se filtró en:
Escuelas militares: Donde textos y estudios alemanes —coordinados por Halder y amplificados por memorias como las de Guderian— circularon como material de referencia. En las décadas de 1970 y 1980, revistas profesionales como el Marine Corps Gazette y Military Review publicaron decenas de artículos analizando la tradición militar alemana. Las menciones a Guderian se duplicaron y las referencias a Friedrich von Mellenthin aumentaron cincuenta veces en el cuerpo literario militar estadounidense de la época.
Cine y documentales: Donde el alemán es el profesional atormentado y el soviético es una silueta sin rostro. La fascinación con el concepto de Auftragstaktik (mando por misión) y la "guerra de maniobra" llevó a los pensadores occidentales a adoptar inconscientemente los sesgos de sus maestros alemanes. El Coronel John Boyd, una figura influyente en la doctrina de maniobra estadounidense, citaba a menudo Victorias Perdidas de Manstein y asumía la premisa de que la única fuerza de los rusos era su gran población utilizada como carne de cañón.
Periodismo: Donde el "experto" repite que "los rusos no valoran la vida" con tono de objetividad científica.
Lo decisivo no es que esos materiales fueran "verdad", sino que fueran útiles: útiles para enseñar, planificar, justificar y simplificar. Ahí es cuando la propaganda deja de presentarse como propaganda y empieza a pasar por "realismo".
8. La extrema derecha y el hobby convertido en política
Este imaginario es el combustible de la extrema derecha contemporánea. No lo toman de la nada, sino de este material ya blanqueado. Existe un submundo donde el aficionado a la Segunda Guerra Mundial —obsesionado con uniformes, blindados y rankings de generales— termina comprando el paquete completo.
El hobby funciona como puerta de entrada: primero admiras la "eficacia" de un tanque Tiger o la "maestría" de un general alemán, y terminas aceptando el marco moral de que el Este es el caos y Occidente es el orden. El anticomunismo deja de ser una posición política y se convierte en una defensa de la "civilización" contra la "horda". En este marco, cualquier frontera se vuelve un muro moral y cualquier guerra, una cruzada.
Los juegos de mesa de empresas como Avalon Hill en los años 70 y 80 presentaban la guerra como un ejercicio técnico fascinante, a menudo desligado de su contexto de exterminio racial. El placer de jugar con los alemanes y "hacerlo mejor que Hitler" despolitiza un conflicto que fue, en su esencia, una cruzada de subyugación racial.
En la era digital, plataformas como Roblox y Discord se han convertido en espacios donde la estética nazi se utiliza para atraer a jóvenes a narrativas de extrema derecha. Estudios recientes indican que el interés provocado por juegos de simulación histórica que usan referencias a la Alemania nazi sirve como "pegamento socio-emocional" que une a reclutas potenciales con actores extremistas.
La pasarela cultural funciona así: estética → técnica → moral. Primero es curiosidad militar; luego es admiración; después es absolución; y, al final, es deshumanización del adversario como norma.
Y cuando el adversario es horda, la política interior también cambia: se normaliza la lógica de excepción, el culto a la frontera y la idea de que la democracia es un lujo frente a la "amenaza".
9. El regreso de la horda: Ucrania 2022-2025
La invasión rusa de Ucrania ha reactivado el libreto de la horda con una intensidad sin precedentes. El uso de términos como "picadora de carne" (meat grinder) y "asaltos de carne" (meat assaults) para describir las batallas por Bajmut y Avdiivka refleja la persistencia de este marco analítico.
Análisis técnico: no es caos, es atrición industrializada
Informes técnicos contemporáneos, como el publicado por el Royal United Services Institute (RUSI) en febrero de 2025, proporcionan una descripción detallada de cómo Rusia ha adaptado sus tácticas. Lejos de ser ataques de masas desordenadas, las fuerzas rusas han estratificado su infantería por funciones:
- Infantería de línea: Utilizada principalmente para sostener el terreno y operaciones defensivas
- Infantería desechable: Compuesta a menudo por soldados movilizados o convictos (antiguas unidades Wagner), cuya función es el hostigamiento continuo para identificar posiciones de fuego ucranianas
- Infantería especializada y unidades de asalto: Tropas mejor entrenadas que se despliegan una vez que el enemigo ha sido fijado y debilitado por la artillería y los drones
El "triángulo ofensivo" ruso combina:
• Reconocimiento persistente por drones (identificación de posiciones)
• Bombas planeadoras UMPK para destruir fortificaciones
• Oleadas de infantería desechable que, al llegar a una posición, esperan hasta alcanzar una "masa crítica" para asaltar definitivamente al defensor
Brigadas ucranianas informan hasta 27 ataques de sección por día en sectores activos. Esto no es desorden; es una máquina de atrición que busca desgastar los recursos humanos y materiales limitados de Ucrania mediante presión continua y sistemática.
Aunque esta táctica conlleva tasas de bajas extremas —y es brutal desde cualquier punto de vista humanitario— no es un signo de "barbarie carente de plan". Es un método de atrición industrializado que calcula que Ucrania colapsará antes por agotamiento de recursos que Rusia por pérdidas acumuladas. Es horrible, pero no es irracional. Y no es una "horda": es una estrategia deliberada de desgaste.
El discurso civilizatorio: jardín vs. jungla
La utilidad política de este cliché ha alcanzado los niveles más altos de la diplomacia europea. En octubre de 2022, Josep Borrell, Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores, describió a Europa como un "jardín" y al resto del mundo como una "jungla" que podría invadirlo.
Esta metáfora, duramente criticada por su tono neocolonial y eurocéntrico, refuerza la visión del enemigo como un ente animalizado del que la civilización debe protegerse mediante muros y fuerza militar. No es una declaración aislada; es la expresión diplomática de la misma lógica que ha operado durante ochenta años: "nosotros" somos civilización, "ellos" son caos. Y el caos no se negocia; se contiene.
10. Cierre: cuando la propaganda se vuelve "historia"
Lo inquietante es que esta imagen de la horda se coló por la puerta de atrás como "experiencia profesional". Cuando el analista de hoy repite que Rusia lucha como horda, a menudo no está describiendo la realidad del campo de batalla; está reproduciendo un marco fabricado por generales nazis derrotados y validado por la Guerra Fría.
Hemos visto cómo funciona el mecanismo completo:
- Generales derrotados necesitan explicar su fracaso sin admitir incompetencia
- Estados Unidos necesita inteligencia sobre su nuevo enemigo soviético
- El intercambio: rehabilitación de reputaciones a cambio de "lecciones aprendidas"
- El producto: una narrativa donde la Wehrmacht era profesional y el Ejército Rojo era una horda
- La distribución: academias militares, cultura popular, análisis estratégico
- El reciclaje: cada nueva guerra con Rusia reactiva el mismo guion
Pero también hemos visto las fisuras en la narrativa:
• Batalla Profunda: teoría operacional soviética que influyó en Occidente
• Bagration: demostración de arte operacional que la "horda" no puede explicar
• Kiev en 3 días: la contradicción de esperar sofisticación y luego gritar "horda" cuando falla
• RUSI 2025: análisis técnico que muestra atrición sistemática, no caos
La pregunta final es: ¿quién necesita que el enemigo sea una horda?
Porque cuando el adversario deja de ser humano, la guerra deja de tener límites. Y eso, en la historia europea, nunca ha terminado bien.
Y si el enemigo es horda, la guerra deja de ser política y pasa a ser higiene.



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