Nazis útiles y realpolitik: de Bandera a Gladio

Occidente y los "nazis útiles": de Bandera a Gladio (Alemania como bisagra)

Cuando un activo sirve para un objetivo estratégico mayor, el filtro moral se flexibiliza. La alianza con ultranacionalistas y redes de extrema derecha cuando resultan funcionales no es un accidente: es un método.

Hay una forma muy cómoda de contar la historia: Occidente como bloque moral que "aprendió la lección" de 1945 y, desde entonces, combate el nazismo como principio. Esa versión es propaganda. La realidad —cuando uno baja a los archivos, a las comisiones parlamentarias y a las decisiones administrativas— es otra: cuando un activo sirve para un objetivo estratégico mayor, el filtro moral se flexibiliza. Pasó tras la Segunda Guerra Mundial con cuadros del Tercer Reich integrados en la inteligencia y la seguridad atlántica. Y hoy se repite, con otros nombres, en Ucrania.

Este artículo no va de "Rusia dice…" ni de "Occidente responde…". Va de un patrón histórico: la alianza con ultranacionalistas y redes de extrema derecha cuando resultan funcionales. La hipocresía no es un accidente: es un método.

En un vistazo: Occidente tiene un patrón histórico de aliarse con elementos de extrema derecha cuando le resulta estratégicamente útil. Desde la Operación Paperclip y la red Gehlen tras 1945, pasando por las redes Gladio durante la Guerra Fría, hasta el caso de Ucrania hoy, la lógica es constante: pragmatismo sobre moralidad, reciclaje de activos, arquitectura clandestina y mito oficial como pegamento. Cuando los objetivos mandan, la moral se convierte en marketing.

1) Ucrania: no es "una minoría", es un mito de Estado

Lo diré sin paños calientes: Ucrania no es un "Estado nazi" en sentido formal, pero sí ha institucionalizado un nacionalismo ultrarradical como mito identitario, y eso tiene consecuencias políticas y simbólicas reales.

Bandera como "santo laico" del relato nacional

Stepan Bandera fue el líder de la facción OUN-B (Organización de Nacionalistas Ucranianos – fracción Bandera, OUN-B). La discusión histórica no es si existió colaboración o violencia: existe documentación abundante sobre el clima de 1941 y la participación de colaboradores locales en violencia antijudía.

El Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos (United States Holocaust Memorial Museum, USHMM) describe el pogromo de Lwów (Lviv) del 1 de julio de 1941 como violencia iniciada por los ocupantes alemanes y sus colaboradores, que luego se amplifica con participación local. (Holocaust Encyclopedia, "The Lwów Pogrom of July 1, 1941", 14 octubre 2025, USHMM).

Pero el punto clave no es sólo el pasado: es el presente.

En 2015, el Estado ucraniano aprobó una arquitectura legal de "memoria" que eleva a "luchadores por la independencia" a organizaciones del siglo XX, e impulsa la perpetuación oficial de esos nombres en el espacio público. Esto no lo dice un panfleto: lo dice el propio texto legal y lo problematizan instituciones europeas.

La ley "On the Legal Status and Honoring the Memory of Fighters for Ukraine's Independence in the Twentieth Century" (Ley de Ucrania, 9 abril 2015, n.º 314-VIII) establece el marco de reconocimiento y memoria; el propio Instituto Ucraniano de la Memoria Nacional (Ukrainian Institute of National Memory, UINP) publica el texto y su espíritu de "perpetuación" (UINP, texto de la ley).

La Comisión de Venecia (Consejo de Europa) y la OSCE/ODIHR (Organization for Security and Co-operation in Europe / Office for Democratic Institutions and Human Rights) criticaron las "leyes de memoria" de 2015 por su impacto sobre derechos y libertad de expresión en una Joint Interim Opinion (CDL-AD(2015)041, 18 diciembre 2015).

Traducción política: cuando el Estado consagra el mito, deja de ser folklore. Es ideología oficial.

"Azov es pequeño": el argumento cuantitativo que no sirve

Un crítico te dirá: "Azov era una minoría; el ejército ucraniano tiene cientos de miles". Ese contraargumento falla porque esto no va de aritmética, va de institucionalización.

Azov (hoy integrado como brigada en la Guardia Nacional) nació en 2014 con un historial simbólico y de origen fuertemente contaminado por extrema derecha. La pregunta no es cuántos son, sino qué ocurre cuando un Estado y sus aliados normalizan el símbolo.

En 2024, Estados Unidos levantó el veto y autorizó que la brigada Azov recibiera armas/entrenamiento tras una revisión bajo la Leahy Law (Ley Leahy, filtro de derechos humanos). Reuters lo resumió con claridad: se levanta un veto de una década pese a "raíces de extrema derecha" del grupo, porque la revisión afirma no encontrar evidencia de violaciones imputables que impidan el apoyo. (Reuters, 11 junio 2024).

Repito: no es cuestión de tamaño, es cuestión de legitimación. Cuando el Estado convierte una tradición ultranacionalista en columna simbólica —y cuando el aliado occidental decide que "pasa el filtro"— el mensaje es obvio: la eficacia militar pesa más que el escrúpulo político.


2) El patrón no nace en Kiev: nace en 1945–1955

Quien crea que esto es "nuevo" no conoce la posguerra. Tras 1945, Occidente construyó su arquitectura de seguridad con un criterio muy simple: anticomunismo primero, desnazificación después (si acaso).

Operación Paperclip: ciencia alemana, pasado blanqueado

La Operación Paperclip fue el programa estadounidense para reclutar científicos y técnicos alemanes del aparato del Reich. No fue un episodio anecdótico: fue una política.

National Geographic (12 mayo 2025) resume que el programa incorporó en torno a 1.500 especialistas alemanes a Estados Unidos, en un contexto de competencia con la Unión Soviética por talento y tecnología.

La moraleja es cínica y transparente: si tu conocimiento sirve, tu pasado se negocia.

La Organización Gehlen: el puente directo entre el Reich y la inteligencia atlántica

Aquí está el corazón alemán del asunto.

Reinhard Gehlen, jefe de inteligencia militar del Frente Oriental nazi, reorganizó su red tras la guerra bajo tutela estadounidense. Esa estructura —la "Gehlen Organization"— acabaría siendo la base del servicio de inteligencia exterior de la República Federal: el BND (Bundesnachrichtendienst, Servicio Federal de Inteligencia, BND).

El National Security Archive (Universidad George Washington) publicó una historia documental sobre la relación de Estados Unidos con Gehlen y subraya que mantuvo y operó su red pese a emplear numerosos ex nazis y criminales de guerra conocidos. (National Security Archive, 4 febrero 2005, "The CIA and Nazi War Criminals" / "CIA's secret documentary history… Gehlen…").

Los informes del National Archives and Records Administration (Administración Nacional de Archivos de EE. UU., NARA) sobre criminales nazis y Guerra Fría —divulgados al Congreso— consolidan esta línea: cooperación con activos comprometidos por "utilidad" en la confrontación con la URSS. (NARA, comunicado sobre "Hitler's Shadow: Nazi War Criminals, U.S. Intelligence, and the Cold War", 10 diciembre 2010).

Y aquí viene la ironía perfecta: ese reciclaje fue también una vulnerabilidad. La dependencia de redes "recicladas" facilitó infiltraciones. La CIA tiene un documento sobre el caso Heinz Felfe, un ex SS que acabó siendo una penetración del KGB (Komitet Gosudarstvennoy Bezopasnosti, Comité para la Seguridad del Estado, KGB) dentro del entorno de inteligencia de Alemania occidental. (CIA Reading Room, "KGB EXPLOITATION OF HEINZ FELFE…").

Resultado: Occidente compra "anticomunistas" y, en el proceso, se compra también su barro.


3) Gladio y las redes stay-behind: el "Estado doble" en Europa

En los años de Guerra Fría, se establecieron redes clandestinas llamadas stay-behind (estructuras de "quedarse detrás") para operar en caso de invasión soviética: sabotaje, evasión, comunicaciones, guerrilla.

La existencia de estas redes dejó de ser "rumor" cuando estalló el escándalo en 1990.

El Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre el caso Gladio (22 noviembre 1990) denunciando la existencia de estructuras clandestinas no sometidas a control democrático y reclamando aclaración y control parlamentario. (Resolución del Parlamento Europeo sobre Gladio, 22 noviembre 1990).

Daniele Ganser, en su investigación académica (y también en su artículo "Terrorism in Western Europe: An Approach to NATO's Secret Stay-Behind Armies", The Whitehead Journal of Diplomacy and International Relations), describe la coordinación de estas redes con servicios europeos en cooperación con la CIA (Central Intelligence Agency, Agencia Central de Inteligencia, CIA) y el MI6 (Secret Intelligence Service, Servicio Secreto de Inteligencia británico, MI6), y sostiene que la coordinación se articuló en comités clandestinos vinculados a la OTAN. (Ganser, 2005).

Aquí conviene distinguir dos cosas (sin jugar al despiste): La existencia de redes stay-behind está documentada en múltiples países y fue reconocida tras 1990. Su relación con terrorismo interno y "estrategia de tensión" ha sido objeto de investigaciones, debates y controversias, especialmente en Italia. Hay material, hay sospechas razonadas, hay hallazgos parciales; y también hay negaciones y zonas grises.

Pero incluso si alguien quisiera quedarse sólo en el punto (1), el escándalo sigue siendo gigantesco: estructuras armadas y clandestinas durante décadas dentro de democracias europeas, con control público mínimo o inexistente.


4) Alemania: rearme, mitos y "necesidad" de integrar lo impresentable

Alemania fue la bisagra perfecta: el país derrotado que, por necesidades geopolíticas, debía convertirse en pilar del bloque occidental. Para lograrlo había que resolver dos problemas: rearmar sin admitir que se estaba rearmando "a los de antes", y reconstruir inteligencia sin empezar desde cero.

El mito de la "Wehrmacht limpia" como lubricante político

La narrativa de que la Wehrmacht (fuerzas armadas del Reich) fue "honorable" y ajena a crímenes de guerra sirvió para rehabilitar cuadros militares y permitir continuidad institucional.

El "Himmerod memorandum" (1950) es un hito citado en la literatura histórica sobre el rearme alemán: plantea condiciones y exigencias políticas para reconstituir fuerzas armadas y "limpiar" el estigma del soldado alemán, contribuyendo a la construcción del mito. (Referencia historiográfica estándar; el documento es ampliamente discutido en estudios sobre el rearme de la República Federal y la memoria militar).

El mecanismo es simple: si necesitas un ejército, necesitas un relato que lo haga aceptable.

El caso BDJ/Technischer Dienst: listas de liquidación y tutela estadounidense

Si lo anterior suena "abstracto", aquí tienes barro puro.

En los primeros años 50 apareció en Alemania occidental una estructura paramilitar asociada al Bund Deutscher Jugend (Liga de la Juventud Alemana, BDJ) y su brazo clandestino, el Technischer Dienst (Servicio Técnico, TD). Lo relevante no es que fueran "anticomunistas" (eso lo eran casi todos en el bloque), sino el tipo de prácticas: entrenamiento clandestino, depósitos de armas, y, según la documentación divulgada y la cobertura histórica, listas de objetivos políticos, con nombres ligados al SPD (Sozialdemokratische Partei Deutschlands, Partido Socialdemócrata de Alemania, SPD).

Existen además referencias a documentación desclasificada bajo el proyecto LCPROWL en el CIA Reading Room (Central Intelligence Agency Reading Room, biblioteca de documentos desclasificados de la CIA) que relaciona financiación y manejo del caso, y también eco en el debate público y parlamentario alemán.

La propia documentación y discusión pública del caso aparece en compilaciones FOIA y en el debate histórico; además, el Bundestag (Parlamento federal alemán) discutió la cuestión del "Technischer Dienst des BDJ" en sesiones y documentos oficiales de época (protocolos parlamentarios disponibles en el archivo del Bundestag, "Geheimorganisation 'Technischer Dienst des BDJ' in Hessen").

Sea cual sea el detalle fino que uno quiera discutir, el cuadro general es insoportable para la narrativa moral: estructuras clandestinas de extrema derecha toleradas o manejadas como "capacidad" en un país recién salido del nazismo.


5) El hilo conductor: Realpolitik sin pudor

Si juntas las piezas —Ucrania hoy, Alemania posguerra, redes clandestinas de Guerra Fría— aparece un patrón estable:

Pragmatismo sobre moralidad. Si el enemigo estratégico es mayor, el aliado tóxico se acepta. (Esto está en la práctica documentalizada en la cooperación con redes de Gehlen y en la lógica Paperclip).

Reciclaje de activos. No se trata de "errores puntuales": se trata de integrar gente, redes, saber hacer y mitologías cuando conviene. (NARA "Hitler's Shadow"; National Security Archive sobre Gehlen).

Arquitectura clandestina. Lo que no pasa el control democrático se mueve al subsuelo: comités, redes, "necesidades" operativas. (Resolución del Parlamento Europeo sobre Gladio, 22 noviembre 1990).

Mito oficial como pegamento. Donde hay continuidad impresentable, se fabrica un relato: Wehrmacht "honorable", "combatientes por la independencia" convertidos en santos civiles, símbolos normalizados.

Coste estructural. Esto erosiona autoridad moral y abre vulnerabilidades (infiltraciones, chantajes, doble Estado). (Caso Felfe en documentación de CIA; diagnósticos en informes sobre inteligencia y criminales nazis).


6) Cierre: no es que "ya pasó"; es que sigue pasando

La idea no es "esto ya pasó a lo grande". La idea es más dura: Occidente vuelve a hacerlo cuando lo necesita.

Hoy el discurso público pide adhesión moral ("defendemos valores"), pero el subsuelo estratégico funciona con otra gramática: "defendemos objetivos". Y cuando los objetivos mandan, la moral se convierte en marketing.

Quien quiera debatir, que debata. Pero que lo haga con documentos, con fechas, con resoluciones y con leyes. Porque cuando uno mira ahí, la conclusión es incómoda y clara: no es la primera vez que Occidente se alía con nazis o ultranacionalistas extremos; es un patrón cuando conviene.


Patrón histórico documentado: Cuando un activo sirve para un objetivo estratégico mayor, el filtro moral se flexibiliza. Desde la integración de cuadros del Tercer Reich en la inteligencia atlántica hasta la normalización de símbolos ultranacionalistas en Ucrania hoy, la lógica permanece: la eficacia militar pesa más que el escrúpulo político. La hipocresía no es un accidente: es un método.

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