Simeone explica por qué sustituye a Baena —el mejor asistente de la liga pasada— y su respuesta revela algo más grande que un cambio: una forma de entender el fútbol donde la intensidad manda y el talento sin energía es una grieta.
Diego Simeone, explicando por qué sustituye a Baena —el mejor asistente de la liga pasada, que esta temporada parece no terminar de encajar—, dejó una frase que, leída sin excusas, explica una parte decisiva de su forma de dirigir: "Cuando un futbolista dio todo y se empieza a quedar sin energía, sin fuerza, intentamos cambiar…" (puedes leer la declaración completa aquí: Europa Press).
No es una explicación de partido. Es un criterio. Un filtro. Y ese filtro no va de "calidad" en abstracto: va de funcionamiento.
En un vistazo: Simeone jerarquiza la intensidad como condición de funcionamiento de su sistema: si un jugador baja físicamente, para él eso es una grieta estructural, no un matiz. El problema aparece cuando esa lógica se convierte en reflejo automático: cuando el equipo necesita pausa y recibe piernas, cuando necesita lectura y recibe carrera, cuando necesita decidir y se limita a resistir. Porque la intensidad es un medio, no un fin. Un equipo puede correr más y jugar peor si su energía no está orientada por una idea con balón. Y confundir volumen con claridad es el camino más corto para correr mucho… y seguir sin mandar.
1) Lo que esa frase demuestra en realidad
Hay una lectura fácil (y tentadora): "Simeone no entiende el talento". Pero la frase apunta a otra cosa, más concreta y más dura:
Simeone jerarquiza la intensidad como condición de funcionamiento del sistema. Presión, retornos, duelos, transiciones defensivas, repetición de esfuerzos. Si percibe que un jugador baja, para él eso no es un matiz: es una grieta estructural.
En ese marco, el cambio no es "castigo al talentoso", sino gestión del riesgo: si el equipo empieza a llegar tarde, te parten. Y en el fútbol de Simeone, llegar tarde es el error que lo desencadena todo: faltas, segundas jugadas perdidas, basculaciones rotas, metros regalados.
Para Simeone, el talento cansado se vuelve ingobernable. No porque desaparezca la calidad, sino porque empieza a salirse de la ruta táctica: una presión que no llega, una ayuda que se retrasa, una basculación incompleta… y el equipo se parte.
Por eso su frase sobre la energía no describe solo un cambio, sino una política de orden preventivo: mejor un jugador más limitado que garantice el recorrido completo sin balón, que un crack que, por fatiga, deje una grieta en la estructura.
2) El punto ciego: fatiga no es inutilidad
Ahora bien: que se cambie a alguien porque "baja la energía" no prueba que ya no pudiera aportar valor.
Un jugador de calidad puede decidir un partido con una acción aislada aun estando cansado. Y ese "valor por genialidad" suele aparecer justo al final: cuando el partido se rompe, los duelos se desordenan y una recepción limpia, un pase correcto o una lectura fina valen más que otra carrera a destiempo.
Ahí está el choque real: el sistema interpreta la caída física como pérdida funcional; el partido real a veces premia justo lo contrario: la cabeza que no se acelera cuando todo se acelera.
3) Dos modelos de victoria que no se llevan bien
El debate no es "correr o no correr". Es qué modelo de victoria eliges cuando el partido se decide.
Modelo Simeone: prefiere sostener el partido (ritmo, duelos, orden) y que la calidad entre en ventanas controladas. Mejor impacto medido que continuidad incierta.
Crítica razonable: a veces el Atlético necesita control (pausa, pase, lectura), no más piernas; y si quitas a los que dan eso, acabas defendiendo demasiado, renunciando a mandar.
Cuando el equipo está construido para sobrevivir a la fase caótica, tiende a responder al caos con más energía. Y ahí aparece la paradoja: puedes sostener la intensidad… y perder el partido en claridad.
4) El problema de fondo: confundir intensidad con control
"Intensidad" se ha convertido en sinónimo de virtud. Pero no lo es siempre. La intensidad es un medio; el control es un fin. Y no son lo mismo.
Un equipo puede correr más y jugar peor si su energía no está orientada por una idea con balón. Puede presionar más y recuperar más… y aun así convertir cada recuperación en una pérdida rápida por falta de pausa. Puede llegar con más gente… y decidir peor.
El punto clave: el físico sostiene el plan, pero no lo reemplaza. Si el plan con balón es débil o intermitente, meter energía no te da claridad: te da volumen. Y el volumen, sin lectura, suele producir lo mismo: ataques precipitados, jugadas forzadas y un equipo cada vez más lejos de mandar.
Además, ese volumen puede engañar: acumulas llegadas y remates, pero de peor calidad, más forzados, más "de compromiso" que de ventaja real. Entonces aparece una conclusión típica que confunde causa y síntoma: "falta contundencia".
Pero muchas veces la supuesta falta de contundencia es el resultado lógico de lo anterior: si sacrificas calidad (pausa, último pase, elección) en nombre de la energía, generas más acciones, sí, pero menos limpias. Y cuando las acciones son peores, la definición también lo es.
5) Conclusión: más energía no garantiza más claridad
La frase de Simeone es coherente con su fútbol: si baja la energía, proteges la estructura. El problema aparece cuando esa coherencia se convierte en reflejo automático:
- Cuando el equipo necesita pausa y recibe piernas.
- Cuando necesita lectura y recibe carrera.
- Cuando necesita decidir y se limita a resistir.
Más energía no garantiza más claridad. Y si el Atlético confunde una cosa con la otra, corre el riesgo de correr mucho… para seguir sin mandar.



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