La economía española "va bien", pero… ¿para quién?

La economía "va bien"… ¿para quién? Navidad 2025 y la distancia entre macro y vida real

Navidad 2025 y la distancia entre macro y vida real. España crece al 2,9%, el paro baja del 10% y el relato oficial celebra. Pero diciembre se enfría, el gasto real se anula y el consumo se sostiene con más deuda, más crédito rápido y más ingeniería doméstica. La Navidad como radiografía de una economía que aguanta arriba y aprieta abajo.


Carlos Cuerpo, ministro de Economía del Reino de España, repite la idea central del relato oficial: España viene de un "muy buen" 2025 y arranca 2026 creciendo. Ese discurso tiene lógica: se apoya en los indicadores que importan en la conversación institucional —PIB, empleo, confianza, estabilidad— y en un país que, efectivamente, puede exhibirlos.

El problema es que ese "va bien" suele referirse a la economía medida desde arriba. Y ahí aparece la trampa: en una economía financiarizada puedes tener una macro presentable y una micro doméstica tensada. Hay una macro que preocupa a los mercados (activos, balances, confianza, riesgo) y otra micro que vive la familia (ahorro, renta disponible, vivienda, capacidad de consumo sin deuda). No siempre se mueven en el mismo sentido.

La Navidad de 2025 sirve como laboratorio perfecto para comprobarlo.

En un vistazo: España cerró 2025 con un PIB al +2,9% y el paro por debajo del 10% por primera vez desde 2008. La macro funciona como escaparate. Pero la Navidad —el mes donde el consumo debería desbordarse— contó otra historia: diciembre creció +2,9% interanual en ventas minoristas, exactamente lo mismo que la inflación. Crecimiento real nulo. El gasto medio navideño se estancó en 580€ (frente a 583€ el año anterior), lo que con precios más altos significa comprar menos. La tasa de ahorro cayó al 4,6% bruto. Las transacciones netas de préstamos a hogares repuntaron al 2,1% del PIB frente al 0,6% previo. El crédito al consumo creció un 12,56%. Y el BNPL se disparó entre jóvenes. En resumen: el país aguanta, pero los hogares celebran igual con más cálculo y más deuda. Macro arriba; vida cotidiana apretada.


1) Por qué la Navidad importa: el mes en que el consumo debería explotar

La Navidad no es un mes cualquiera. Es el punto del año en que el consumo, por pura lógica social, se dispara: compras concentradas, regalos, comidas, ocio, viajes. Por eso es un buen termómetro de la economía "de la calle". No porque refleje el PIB, sino porque refleja algo más simple: cuánto margen siente la gente que tiene.

En una economía doméstica holgada, diciembre no solo sube: se desborda. En una economía doméstica apretada, diciembre sigue siendo un pico —siempre lo es—, pero el pico no crece: se sostiene con cálculo, con adelantos de compras, con promociones, con recortes y, cada vez más, con financiación.

Navidad no te dice si hay consumo. Te dice si hay exceso. Y cuando el exceso desaparece, lo que queda es una normalidad defendida, no una prosperidad compartida.


2) La macro: el escaparate que funciona

El entorno agregado no pinta mal. El PIB creció un 2,9% en 2025, con un cuarto trimestre fuerte (+0,8% trimestral) y una demanda interna ya un 9% por encima de los niveles prepandemia. La tasa de paro cayó por debajo del 10% por primera vez desde 2008, con 22,46 millones de ocupados.

Ese mercado laboral es el "colchón" que mantiene la demanda interna y evita el colapso del gasto. Pero la foto cualitativa del cuarto trimestre tiene sombras: la creación de empleo se concentró casi exclusivamente en el sector público (+108.700), mientras el privado destruyó 32.500 empleos netos. Y el empleo a tiempo completo descendió en 115.600 personas, mientras el parcial subió en 191.800.

Que el país crezca no significa que el hogar medio tenga margen. Solo significa que el motor agregado sigue girando —pero con una capacidad de generación de renta por trabajador que se debilita justo cuando más se necesita.


3) Diciembre se enfría: una campaña sin alegría real

El dato clave no es el promedio anual, sino el comportamiento de diciembre. En el conjunto de 2025, las ventas minoristas suben +4,3%. Pero en diciembre, la tasa interanual baja a +2,9%, tras un +6,0% en noviembre. Y en términos mensuales corregidos, diciembre cae −0,8%, la bajada más fuerte del año.

El patrón tiene lectura: parte del gasto se adelantó por Black Friday, pero también indica algo más básico: el consumidor llega con el presupuesto ajustado y el pico navideño no acelera como debería. El sector de "equipo personal" (ropa y complementos) pasa de +13,2% en noviembre a un exiguo +2,2% en diciembre. Eso no huele a euforia; huele a límite.

La frase que destruye el triunfalismo: diciembre crece +2,9% interanual y el IPC de diciembre es +2,9%. En términos reales, eso es crecimiento nulo: se mueve el dinero, pero no el volumen.


4) El espejismo del "gasto estable": en euros igual, en compras menos

El gasto medio navideño se sitúa alrededor de 580€, prácticamente igual que los 583€ del año anterior. Pero "gastar lo mismo" con una inflación del 2,9% (y alimentos en el 3,0%) equivale a una pérdida silenciosa de poder de compra: comprar menos unidades, elegir marca blanca, renunciar al capricho.

Aquí está el corazón de la micro: no hace falta que el consumo caiga para que el hogar vaya peor. Basta con que el consumo no gane en volumen mientras el coste de vida se queda alto. La Navidad 2025 no muestra colapso. Muestra otra cosa: normalidad defendida.


5) Hogares sin colchón: el ahorro se agota

La tasa de ahorro de los hogares se ha moderado al 12,0% de la renta disponible bruta desestacionalizada en el tercer trimestre de 2025, frente al 12,4% del trimestre anterior y el 12,8% de inicios de año. En términos brutos, la tasa cayó al 4,6%, reflejando una necesidad de financiación de 7.537 millones de euros —un aumento del 110% respecto al año anterior.

Si en años anteriores los hogares podían tirar de "colchón" para las fiestas, en 2025 el gasto se ha financiado con flujo de caja corriente y deuda, dejando a las familias sin margen ante imprevistos en 2026.


6) La deuda "saneada" que no es saneamiento

La paradoja que suele venderse como buena noticia: la deuda de los hogares sobre PIB cae a mínimos (43,1%), pero la deuda absoluta sube hasta 714.000 millones de euros. El descenso de la ratio responde al crecimiento del PIB nominal (el denominador), no a que las familias deban menos.

Lo decisivo: las transacciones netas de préstamos a hogares repuntan hasta el 2,1% del PIB, frente al 0,6% del promedio de trimestres anteriores. Eso es exactamente lo que esperas ver cuando el consumo se sostiene más por financiación que por mejora de renta real.

El consumo no "tira" porque la gente vaya sobrada; se sostiene porque la gente se organiza financieramente para sostenerlo.


7) Crédito caro y crédito rápido: revolving y BNPL como mecanismo de supervivencia

Con tipos medios de nuevos préstamos al consumo en el 7,52% y tarjetas revolving en el 23,34% TAE, financiar el mes no es un "servicio": es una mordida. El saldo vivo de crédito al consumo creció un 12,56% anual en noviembre, alcanzando 115.000 millones de euros.

Por eso crece el peso del BNPL ("compra ahora, paga después"), especialmente entre jóvenes: un 25% de consumidores encuestados internacionalmente planeaba usarlo en Navidad, y casi el 50% de la Generación Z lo ha utilizado en el último año. No porque la economía esté boyante, sino porque el hogar necesita convertir el consumo en calendario de pagos.

Y el coste aparece después: cuando fallas un pago, lo "sin intereses" deja de serlo. El BNPL no elimina el coste financiero; lo oculta bajo una estructura de cuotas que, al acumularse entre múltiples comercios, puede desbordar la capacidad de pago mensual.


8) El salvavidas digital: el agregado aguanta aunque el bolsillo no

El comercio electrónico en España crece un 23% interanual en Navidad, alcanzando 12.000 millones de dólares, muy por encima de la media global. La IA y los agentes inteligentes influyeron en el 20% de las ventas minoristas globales, con un aumento medio del ticket del 10% por recomendaciones.

Esto sostiene el agregado del consumo. Pero tiene una lectura micro menos amable: el "éxito digital" puede ser simplemente el modo más eficiente de comprar cuando el presupuesto aprieta.

La IA ha facilitado una compra más inteligente, pero no necesariamente más saludable desde el punto de vista del bienestar doméstico. El canal digital no demuestra prosperidad; demuestra adaptación.


9) 2026: subyacente persistente, vivienda como drenaje y la resaca navideña

El año arranca con inflación subyacente en el 2,6%, justo cuando la subida salarial pactada en convenio se modera al 2,87% —por primera vez en 17 meses por debajo del 3%. La ganancia de poder adquisitivo real es técnicamente positiva, pero insuficiente para compensar la inflación acumulada de los tres años anteriores.

Y luego está la vivienda: España afronta 2026 con un déficit de 600.000 viviendas y una previsión de subida de precios del 9% adicional. Ese encarecimiento actúa como agujero negro de la renta disponible. Para un hogar medio, la factura de vivienda (alquiler o hipoteca) es el principal factor de estrés financiero, y explica por qué, a pesar de que el país crezca al 2,9%, el margen para celebraciones navideñas se haya quedado bajo mínimos.

Casi la mitad de los españoles reporta estrés financiero al inicio de 2026. La morosidad en créditos al consumo alcanzó máximos históricos en diciembre de 2025.

Eso no es "crisis declarada". Es algo más importante: es estructural. Menos margen, más financiación, más riesgo de que cualquier shock —un recibo, una avería, una subida de alquiler— rompa el mes.


Conclusión: dos "micros" y un relato

Lo que el Gobierno llama "buena marcha" es coherente con una economía que quiere estabilidad, confianza y métricas agregadas defendibles. Pero eso no garantiza —y en una economía financiarizada, a menudo no produce— bienestar doméstico.

La Navidad 2025 lo muestra con claridad: diciembre se enfría, el crecimiento real se anula, el consumo se sostiene con calendario financiero y el sistema aguanta gracias a digitalización y crédito. Macro arriba; vida cotidiana apretada.

España aguanta. Las familias, no tanto: celebran igual, pero compran con más cálculo y más deuda.

La pregunta incómoda para 2026: ¿de qué sirve una economía "que va bien" si cada vez necesita más deuda y más ingeniería doméstica para que la gente pueda vivir —y consumir— como si fuera verdad?

Comentarios