Recordando lo obvio: El modelo chino

China: ¿socialismo, capitalismo o una tercera cosa que obliga a actualizar el diccionario?

Hay una manera infantil de discutir China: "es socialista" contra "es capitalista". Y hay una manera adulta: definir qué significa cada palabra y mirar quién manda, qué se posee, cómo se coordina y qué se tolera.


La tesis de este artículo es simple: China no cabe bien en el molde occidental de "capitalismo de mercado", pero tampoco es el socialismo clásico de planificación total. Es un sistema donde el mercado existe, pero no es soberano: opera dentro de una arquitectura de mando político. Barry Naughton lo formula de manera especialmente nítida al sugerir que la estrategia de desarrollo china "merece un nuevo nombre": una economía de mercado dirigida por el gobierno.

En un vistazo: China no es el socialismo del siglo XX ni el capitalismo liberal del XXI. Es un régimen donde el mercado existe pero no es soberano, el capital privado opera bajo límites políticos, y el Partido-Estado conserva mecanismos de control sobre sectores y palancas estratégicas. La clave para entender el modelo chino no está en forzarlo dentro de categorías rígidas, sino en analizar cuatro dimensiones: quién manda cuando beneficio y política chocan, qué sectores quedan bajo control público, cómo se disciplina al capital privado, y si el sistema se describe mejor como socialismo de mercado o capitalismo de partido-estado.


1. China se define como "socialista" (y lo blinda constitucionalmente)

La discusión pública suele ignorar el dato básico: la Constitución china afirma que la República Popular China es un "Estado socialista" y añade que "la característica definitoria del socialismo con características chinas" es el liderazgo del Partido Comunista de China (PCCh).

Esto no prueba por sí solo que China "sea socialista" en el sentido moral que cada cual quiera, pero sí desmonta la ligereza de "China es capitalista y punto" como si fuese un hecho obvio.

En la misma línea, la Constitución establece que el Estado practica una economía socialista de mercado y que la economía estatal bajo "propiedad de todo el pueblo" ocupa una posición dirigente.

En otras palabras: el liderazgo del PCCh no es un elemento externo a la economía, sino el marco constitucional que define su arquitectura; la economía opera dentro de una soberanía política previa.


2. China no niega el mercado; lo integra y lo subordina

El error simétrico al anterior es pensar que "si hay mercado, entonces no hay socialismo". China se define explícitamente como economía socialista de mercado.

Y Barry Naughton describe el modelo como una estrategia que aspira a ser una economía de mercado dirigida por el gobierno, un lenguaje que encaja exactamente con la idea central de este artículo: mercado como mecanismo, no como soberanía.

Aquí está el nudo: mercado no significa soberanía del mercado. Significa un mecanismo de asignación. La pregunta real es otra: ¿quién es soberano cuando el mecanismo choca con un objetivo político?

El marco de Karl Polanyi

Este punto puede formularse con un marco clásico y muy útil: Karl Polanyi. En La gran transformación, Polanyi sostiene que el ideal del "mercado autorregulado" es una utopía socialmente desestabilizadora y que, cuando el mercado intenta desanclarse de la sociedad, emerge un "contramovimiento" de re-incrustación mediante límites políticos y morales.

Leído así, China puede interpretarse —con independencia de si se aprueba o no el régimen— como una arquitectura que rechaza que el mercado sea la instancia soberana: el mercado opera, pero no se convierte en el principio rector que define por sí solo qué debe existir, qué debe sobrevivir o qué debe sacrificarse.

Casos concretos de subordinación del mercado

Ese contramovimiento no es abstracto. Algunos ejemplos:

Plataformas tecnológicas: En 2021, el gobierno chino multó a Alibaba con 2.800 millones de dólares por abuso de posición dominante y bloqueó la OPV de Ant Group (valorada en 37.000 millones). El mensaje fue claro: ninguna empresa es demasiado grande para ser disciplinada.

Sector educativo privado: La regulación de 2021 prohibió que empresas de tutorías con ánimo de lucro operaran en materias curriculares básicas. Empresas como New Oriental y TAL Education vieron evaporarse el 90% de su valor bursátil en días. El objetivo político (reducir presión sobre las familias y desigualdad educativa) prevaleció sobre el beneficio privado.

La regulación dura sobre plataformas tecnológicas y el sector de tutorías privadas mostró que el Partido-Estado está dispuesto a aceptar fuertes pérdidas de valor privado para re-incrustar sectores percibidos como riesgos sistémicos o morales.

Finanzas como palanca de dirección

Además, la subordinación del mercado en China no se ejerce solo vía empresas estatales: también —y de forma decisiva— vía finanzas. En un sistema bancario ampliamente dominado por bancos estatales, el crédito funciona como palanca de dirección.

Un trabajo del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre asignación de crédito y política industrial muestra que la respuesta del crédito a señales de política no es homogénea: varía por tipo de banco y por grado de presencia estatal, lo que es compatible con el trade-off entre rentabilidad y presión política.

En términos prácticos, esto convierte la política crediticia en una extensión de la política industrial y, cada vez más, de la seguridad nacional.


3. "Lo público no funciona" es ideología, no diagnóstico

En redes aparece una afirmación recurrente: "la empresa pública no funciona; por eso China se hizo capitalista". Es una frase útil para polemizar y mala para entender.

Lo primero: la empresa pública china no es un museo; es un ecosistema reformado y reestructurado. Y, sobre todo, no está ahí principalmente para "ser eficiente como una pyme", sino para garantizar control en sectores que el Estado considera estratégicos.

Un ejemplo de manual es el papel de la State-owned Assets Supervision and Administration Commission (SASAC) —la Comisión de Supervisión y Administración de Activos Estatales del Consejo de Estado—, que supervisa y gestiona activos estatales y actúa como brazo propietario del Estado sobre grandes grupos estatales centrales.

Ese control no se limita al perímetro estatal: se extiende al privado mediante presencia organizativa (células del Partido) y, en sectores sensibles, mediante instrumentos de gobernanza como las "acciones de oro".

Sobre las células del Partido: distintos análisis sitúan en torno a 2018 una expansión masiva de organizaciones del Partido dentro de empresas privadas, con estimaciones como que alrededor del 73% de compañías privadas habría establecido dichas células.

Sobre las "acciones de oro": Reuters describe estas participaciones como normalmente cercanas al 1%, adquiridas por vehículos vinculados al Estado, y asociadas a representación en consejo y/o derechos de veto en decisiones clave.


4. Qué dicen expertos críticos: no "socialismo", sino "capitalismo de partido-estado"

Hasta aquí podríamos caer en complacencia. Para evitarlo hay que incorporar la crítica fuerte, también con autoridad académica.

Margaret Pearson, Meg Rithmire y Kellee Tsai proponen una etiqueta muy influyente: "capitalismo de partido-estado" (party-state capitalism). Su tesis es directa: la prioridad de objetivos políticos —incluida la supervivencia del Partido— limita drásticamente el margen de autonomía del capital privado y la posibilidad de "compromisos" típicos de economías liberales.

Un indicador útil para no idealizar el modelo es la desigualdad. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) recoge que el coeficiente de Gini (desigualdad de ingresos) en China repuntó en 2022 hasta 0,467, por encima de la media regional. Y, en riqueza, el World Inequality Report 2026 señala que el 10% más rico concentra cerca del 68% de la riqueza total en China.

Esto no "refuta" la idea de mercado subordinado; refuerza una lectura más fría: China puede combinar mando político con dinámicas fuertes de acumulación y estratificación.


5. Entonces, ¿qué es China? Una respuesta que no hace trampas

Hay dos formas honestas de responder, y dependen del significado que le des a "socialismo".

Opción A: si "socialismo" significa soberanía política sobre el mercado y el capital

Entonces China encaja bastante bien: socialismo de mercado, con el mercado como herramienta y el Partido-Estado como soberano. Esta lectura está respaldada por la autodefinición constitucional y por descripciones expertas del modelo como economía de mercado guiada y estratégicamente planificada.

En esa definición, China es una variante contemporánea de socialismo estatal/partidario con mercado instrumental.

Opción B: si "socialismo" exige poder del trabajo y propiedad social en sentido fuerte

Entonces China es otra cosa: un híbrido donde el Partido-Estado manda, el mercado opera y el capital privado existe, con desigualdades y acumulación que chocan con el ideal socialista clásico. Aquí etiquetas como "capitalismo de partido-estado" no son insulto: son intento de precisión.

Lo crucial es no hacer trampa: no puedes definir socialismo de manera rígida para China y flexible para Occidente. Si aceptas que el capitalismo occidental muta sin "dejar de ser capitalismo", tienes que aceptar que el socialismo también puede mutar sin "dejar de ser socialismo". Lo que cambia es el adjetivo.

Aquí hay un matiz ideológico crucial: en el lenguaje constitucional chino, la economía estatal se formula como economía socialista bajo "propiedad de todo el pueblo", donde el Estado aparece como representante de ese interés general. Que uno acepte o no esa equivalencia es precisamente uno de los puntos de fricción entre la autodefinición china y definiciones más exigentes de "propiedad social".


6. La institucionalización reciente: proteger al privado sin soltar el timón político

La institucionalización reciente va en la misma dirección: la Ley de la República Popular China para Promover la Economía Privada (adoptada el 30 de abril de 2025 y efectiva desde el 20 de mayo de 2025) refuerza garantías, previsibilidad y un marco más "normalizado" para la inversión privada, en un contexto de confianza debilitada tras años de presión regulatoria.

Al mismo tiempo, tal como subraya el análisis de NPC Observer, el objetivo de fondo es estabilizar y orientar al sector privado dentro del marco político existente, no convertirlo en soberano.


7. El test que corta la discusión de raíz

Para no caer en guerras semánticas, basta con un test. Cuando alguien diga "China es X", la pregunta no es "¿te gusta China?", sino:

Soberanía: cuando beneficio privado y objetivo político chocan, ¿quién manda?

Control estructural: ¿qué sectores quedan bajo control público y con qué instrumentos (SASAC, regulación, crédito, nombramientos)?

Gobernanza del privado: ¿cómo se materializa la disciplina del capital (células del Partido, acciones de oro, sanción regulatoria)?

Forma de sistema: ¿se describe mejor como socialismo de mercado o como capitalismo de partido-estado?

Si no hay respuestas a esto y todo se reduce a impresiones, no hay descripción de sistema: hay identidad.


Conclusión

China no es el socialismo del siglo XX ni el capitalismo liberal del XXI. Es un régimen donde el mercado existe, pero no es soberano; donde el capital privado opera, pero bajo límites políticos; y donde el Partido-Estado conserva mecanismos de control sobre sectores y palancas estratégicas —incluidas las financieras.

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