Baja productividad, desajuste formativo y envejecimiento: la estructura que hace inevitable la inmigración, incluso con paro alto.
El debate sobre inmigración en España suele empezar mal: con miedo, con prejuicios y con una pregunta tramposa ("¿cómo vienen si hay paro?").
La pregunta correcta es otra: ¿qué estructura económica y social hemos construido para necesitar inmigración incluso con paro estructural?
No es ideología. Es estructura. Y tiene tres pilares con el mismo peso: modelo productivo, formación y demografía.
En un vistazo: España necesita inmigración no por ideología, sino por estructura económica. Tres pilares lo explican: un modelo productivo de baja productividad que compite por precio (0,77% de crecimiento anual frente al 1,05% de la UE), un desajuste formativo masivo (34% de sobrecualificación, la más alta de Europa), y un envejecimiento acelerado (1,35 afiliados por pensionista en 2050). El resultado: paro estructural convive con vacantes imposibles de cubrir (79,3% de difícil cobertura según el SEPE). La inmigración no causa este problema: es la válvula que permite que el sistema siga funcionando. Entre 2022 y 2024, aportó entre 0,4 y 0,7 puntos al PIB per cápita. El mito de "nos quitan el trabajo" es útil porque desvía la atención del verdadero culpable: un modelo que paga mal, rota mucho, invierte poco en productividad y vende la culpa horizontal para no tocar el núcleo. La evidencia fiscal lo confirma: por cada euro recibido, los nacidos en el extranjero aportan 1,72 euros, frente a 1,32 de los nacidos en España. El inmigrante no te quita el trabajo. El modelo te quita el poder de vivir de tu trabajo.
1) Paro alto y vacantes a la vez: la prueba de que el problema es el encaje
Imagina esta escena: En Almería, decenas de agricultores no encuentran temporeros para la cosecha de tomate. Mientras tanto, en la misma provincia, hay 18.000 personas en paro registrado.
¿Contradicción? No. Es el síntoma más visible de un mercado laboral roto por dentro.
España puede tener millones de parados y, al mismo tiempo, sectores que no consiguen cubrir puestos. Esto no demuestra que "sobren trabajadores". Demuestra que el mercado laboral está roto por dentro.
El Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), según análisis citados en prensa a partir de su clasificación de vacantes, refleja una situación de bloqueo:
- Solo un 2,1% se cubre sin dificultad
- Un 79,3% es de difícil cobertura
- Un 18,6% se considera de "imposible cobertura"
Cuando un país convive con paro elevado y vacantes persistentes, suelen confluir tres causas:
- Condiciones laborales (salario, horarios, temporalidad, rotación)
- Estacionalidad (picos y valles que impiden carreras estables)
- Desajuste formativo (perfiles que no encajan con lo que se pide o con cómo se pide)
Esto no es un fallo marginal: es un rasgo estructural del modelo.
2) Primer pilar: un modelo productivo que compite por precio
España ha construido gran parte de su crecimiento sobre sectores intensivos en mano de obra y de bajo valor añadido: hostelería, turismo, comercio, cuidados, parte de la logística, construcción cíclica.
El problema no es "que existan"; el problema es el mecanismo: cuando la productividad crece poco, la forma más fácil de sostener márgenes es ajustar salarios y trasladar riesgo al trabajador.
Por eso aparecen como "normales":
- Temporalidad y rotación
- Jornadas irregulares y turnos partidos
- Empleo estacional
- Precariedad como ventaja competitiva
Un dato ancla fija el diagnóstico: la Fundación BBVA ha señalado que la productividad en España ha crecido a un ritmo del 0,77% anual desde 2000, frente al 1,05% de media en la Unión Europea (UE)-27.
La trampa es circular: si el acceso a mano de obra barata es fácil, el incentivo a invertir en tecnología, organización y capital para subir productividad se debilita.
Baja productividad → salarios ajustados → dependencia de trabajo intensivo → baja productividad.
Es un círculo vicioso.
3) Segundo pilar: el desencaje formativo (vertical y horizontal)
Una parte del paro español es paro de desajuste: no falta trabajo en abstracto; falta encaje.
a) Desajuste vertical: sobrecualificación para el empleo que se ofrece
España presenta una tasa muy alta de sobrecualificación en comparación europea: el Real Instituto Elcano ha señalado que fue la más elevada de la UE en 2023, alrededor del 34%.
Eso significa capital humano infrautilizado y carreras bloqueadas en un tejido productivo que no absorbe el nivel formativo que produce.
b) Desajuste horizontal: falta el "término medio" técnico y falta puente real hacia el empleo
Faltan perfiles técnicos intermedios bien articulados (itinerarios claros, prácticas reales, certificación y experiencia demostrable), y el "puente" estudio → empleo funciona mal.
Además, opera un efecto escalera: cuando hay exceso de titulados en un mercado que no los absorbe, muchos "bajan un peldaño" y ocupan puestos por debajo, empujando a otros hacia empleos peores o hacia la salida del mercado.
Conclusión dura: el hueco no lo cubre "quien debería" según un diseño ideal, lo cubre quien puede y quien acepta condiciones y disponibilidad.
4) Tercer pilar: envejecimiento (la razón fría que vuelve esto inevitable)
España envejece y eso cambia las reglas del juego: menos población en edad de trabajar, más demanda de cuidados y más presión sobre pensiones.
La Fundación BBVA (con el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, IVIE) ha estimado que el número de afiliados por pensionista caería hacia 2050 hasta 1,35.
Traducción: aunque mañana mejoraras el encaje formativo, el país seguiría enfrentando una restricción material: menos base humana para sostener trabajo, cuidados y sistema de protección social.
5) Entonces, ¿por qué España necesita inmigración?
Porque los tres pilares empujan en la misma dirección:
- Un modelo productivo que necesita disponibilidad y flexibilidad
- Un sistema formativo que produce desajuste (sobrecualificación arriba, vacío técnico intermedio)
- Una demografía que reduce la base laboral y aumenta la demanda de cuidados
Y hay evidencia macro reciente: el Banco de España ha estimado que, entre 2022 y 2024, la contribución directa de la población extranjera al crecimiento anual medio del Producto Interior Bruto (PIB) per cápita se situó entre 0,4 y 0,7 puntos porcentuales.
Esto no es un milagro. Es un hecho: sin inmigración, el crecimiento y el empleo habrían sido menores en ese periodo.
6) "Nos quitan el trabajo": el mito útil (y por qué funciona)
Caso real: En 2019, el Servicio de Estudios de La Caixa analizó el impacto de la inmigración sobre el empleo en España entre 2005 y 2017. Conclusión: no hubo desplazamiento significativo de trabajadores nativos.
Es más: cuando nativos e inmigrantes se especializaban en tareas distintas dentro del mismo sector (por ejemplo, en hostelería: gestión frente a servicio de mesa), el efecto era complementario, no competitivo.
La evidencia empírica para España resume lo esencial con un matiz que desactiva el contraejemplo local:
En el agregado, los efectos medios tienden a ser modestos. Cuando hay impactos, se concentran en segmentos que compiten directamente. Pero además, puede haber efectos positivos cuando nativos e inmigrantes se especializan en tareas distintas y complementarias.
Entonces, ¿por qué el mito sigue siendo tan potente?
Porque es útil. Permite mover el foco:
- Del empresario que compite por precio y paga mal
- Del sector que vive de rotación
- Del marco político-laboral que lo tolera
- De la falta de reforma productiva
Es más fácil culpar al último que llega que asumir que el diseño económico produce precariedad.
7) Complementariedad real: cuidados, mujeres y economía que "funciona"
Hay un ejemplo que destruye el mito del "sustituto" y muestra la complementariedad: los cuidados.
Funcas ha analizado el empleo del hogar como sector de cuidados mercantilizados y como ámbito de incorporación preferente de mujeres migrantes, subrayando su papel en la organización social de los cuidados.
Dicho sin moralina: cuando el sistema público y el mercado no resuelven el cuidado, el hogar se convierte en el tapón.
La disponibilidad de cuidados remunerados —donde la presencia de mujeres migrantes es alta— alivia ese cuello de botella y facilita la participación laboral de muchas mujeres residentes.
Eso no "quita empleo": reordena posibilidades y sostiene funcionamiento social.
8) Fiscalidad: no vienen a "vivir de ayudas"
El prejuicio final suele ser fiscal: "cuestan dinero".
El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones (a través del Observatorio Permanente de la Inmigración) ha sintetizado evidencia sobre la aportación económica y social de la inmigración en España y su relevancia para la sostenibilidad demográfica y laboral, incluyendo el enfoque de economía pública.
Cuando se entra al dato concreto, un informe difundido por la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) estimó que, por cada euro recibido en prestaciones, los nacidos en el extranjero ingresan 1,72 euros al erario público, frente a 1,32 euros en el caso de nacidos en España residentes en la Región analizada.
Y si el debate baja a política pública concreta: la regularización, además de ser una cuestión de derechos y de control de la economía sumergida, se ha defendido también por su impacto recaudatorio.
El País ha recogido estimaciones de beneficio fiscal neto de hasta 4.000 euros por persona y año, por el efecto combinado de cotizaciones y del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF).
Esto ya ha entrado en la agenda legislativa: la Revista de la Seguridad Social (fuente oficial) ha señalado que el nuevo Reglamento de Extranjería entró en vigor el 20 de mayo de 2025. Y las instrucciones del propio Ministerio explicitan que la reforma de los arraigos busca facilitar la integración e impulsar la incorporación al mercado laboral.
Cierre: el culpable no es quien llega. Es quien diseñó el sistema
La inmigración no causa el paro estructural español. Es, en gran medida, una consecuencia funcional de un país con baja productividad, desajuste formativo y envejecimiento acelerado.
Quien "quita" futuro laboral no es el inmigrante. Lo quitan quienes han consolidado un modelo que:
- Paga mal
- Rota mucho
- Invierte poco en productividad
- Y luego vende la culpa horizontal para no tocar el núcleo
El inmigrante no te quita el trabajo.
El modelo —y quienes lo sostienen— te quita el poder de vivir de tu trabajo.



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