Si lo reinventas persiguiendo la excepción de Griezmann, ¿crees de verdad que se van a conservar todas las virtudes del Lookman original?
En el primer artículo, "Plegarias atendidas: cómo Simeone intentó convertir en costumbre el milagro de Griezmann", la idea final era sencilla y peligrosa a la vez: cuando una vez te sale el milagro —talento que además es sistema— empiezas a perseguirlo como si fuera reproducible. Y el síntoma más claro de que Simeone sigue atrapado en ese molde está en su propia frase sobre Lookman: aporta gol, sí, pero "tiene que crecer" en lo defensivo. No es una observación menor. Es el inicio de la misma operación de siempre: convertir un atacante en pieza de equilibrio.
La pregunta, por tanto, no es si Lookman "debe defender". La pregunta es otra: si lo reinventas persiguiendo la excepción de Griezmann, ¿crees de verdad que se van a conservar todas las virtudes del Lookman original?
1) Lookman en el Atalanta: defendía, sí, pero hacia delante
Conviene fijarlo desde el principio para no caer en el tópico del "no trabaja". Lookman en el Atalanta sí defendía. Lo que pasa es que defendía en un sistema cuya lógica no se parece a la del Atlético.
En Bérgamo, con Gasperini, el equipo vive de una idea muy concreta: agresividad, duelos, saltos, persecuciones, presión alta y recuperación rápida. Es un fútbol moderno en el sentido más preciso del término: no hay trinchera, no hay repliegue sistemático, no hay resignación defensiva. El equipo compite con el balón y sin él en campo rival, y esa es la única manera en que entiende el juego.
En ese ecosistema, el trabajo defensivo del atacante no se mide por "volver hasta el lateral propio" sino por morder arriba, acosar la salida, encender la contra-presión y vivir en campo rival. Esa defensa es hacia delante: presión para provocar error, robo rápido o pase forzado, y si no robas, al menos activas el caos para que el resto del bloque llegue. En ese contexto, el atacante puede defender "a su manera": con piernas, con persecución, con instinto. No necesita tanto una lectura posicional fina porque el sistema acepta el riesgo y lo compensa con más duelos y más agresividad.
Y ahí está la clave del impacto de Lookman: juega siempre cerca de la portería contraria, sin los repliegues largos que son, de lejos, el esfuerzo más agotador en el fútbol moderno. No son los sprints de diez metros, ni los duelos, ni las aceleraciones cortas lo que vacía a un jugador: son esos cuarenta o cincuenta metros hacia atrás, repetidos durante noventa minutos, los que le roban las piernas y la cabeza.
Lookman en el Atalanta no los hace. Y llega al área fresco, con energía para encarar, para decidir, para rematar. Su defensa está diseñada para alimentar su ataque, no para consumirlo.
2) Lo que Simeone llama "defender": del acoso hacia delante al repliegue hacia atrás
Cuando Simeone le pide a Lookman "defender", no le está pidiendo "intención" ni "sprints". Le está pidiendo estructura. Y la estructura del Atlético, cuando no tiene balón, suele implicar algo muy concreto para un atacante de banda o segundo delantero: replegar, formar bloque, cerrar carriles y sostener el lado propio.
En términos prácticos, Simeone le suele pedir esto: retornar hasta su altura defensiva sin quedarse arriba esperando la transición; cerrar línea de pase interior antes que hacer una presión bonita pero inútil; actuar como cuarto centrocampista en ciertos tramos, sosteniéndole el lado al lateral.
3) La trampa de perseguir a Griezmann: creer que puedes quedarte con todo
Pero hay algo que Simeone parece dar por supuesto, y que no lo es en absoluto. Simeone, después de Griezmann, actúa como si la reinvención fuera una suma: al Lookman que marca y desequilibra le añadimos disciplina defensiva y listo. Pero eso es precisamente lo que no está garantizado.
Porque muchas de las virtudes de un jugador no son "cosas que tiene" como objetos en una mochila. Son efectos de su manera de jugar:
Si cambias su manera de estar en el partido —más metros hacia atrás, más obligación de cerrar, más miedo a desordenar— no estás añadiendo una capa: estás tocando el motor.
Perseguir la excepción de Griezmann significa creer que existe un punto mágico donde el jugador mantiene el instinto asesino, mantiene el desequilibrio, mantiene la llegada, y además se convierte en soldado posicional sin perder nada.
Eso fue Griezmann. Pero Griezmann fue raro porque su transformación no le quitó ataque: lo hizo más completo sin apagar su filo. Y eso no es un método universal. Es una excepción humana y futbolística.
Con Lookman, la operación tiene un riesgo evidente: que en nombre del equilibrio se produzca un jugador nuevo… que ya no sea el arma que has fichado.
Cierre: la paradoja de la reinvención
Simeone vivió una vez el sueño completo: el crack que además es sistema. Y desde entonces persigue esa excepción como si fuera replicable. Pero la reinvención, por definición, implica cambio. Y el error es pensar que el cambio solo añade y nunca quita.



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