Sánchez dice que los empresarios pueden subir salarios. Garamendi dice que no pueden. ¿Quién tiene razón?

Sánchez dice que pueden subir salarios. Garamendi dice que no pueden. ¿Quién tiene razón?

Análisis · España, febrero 2026

El cruce entre el presidente del Gobierno y el líder de la patronal tiene una respuesta en los datos. Pero hay que saber dónde mirar.

En un vistazo: El lunes 16 de febrero, Pedro Sánchez firmó la octava subida consecutiva del Salario Mínimo y exigió a la patronal que "pague más", argumentando que las grandes empresas llevan años con beneficios récord. Al día siguiente, Antonio Garamendi respondió que no pueden subir salarios porque el Gobierno "se está poniendo morado a subir impuestos". Los datos dicen que Sánchez tiene razón en el diagnóstico —cuatro años de beneficios en máximos históricos lo confirman—, y que Garamendi tiene razón en algo relevante para la pyme —la presión fiscal ha crecido—, pero no explica por qué el excedente post-impuestos de las grandes empresas fue en 2024 prioritariamente al accionista: 53.000 millones de euros, récord histórico absoluto.

El lunes 16 de febrero, en el acto de firma de la octava subida consecutiva del Salario Mínimo Interprofesional —hasta 1.221 euros al mes—, Pedro Sánchez lanzó un mensaje directo a la patronal, que una vez más se había quedado fuera del acuerdo: las grandes empresas llevan años encadenando beneficios récord, así que ya pueden pagar más a sus trabajadores. "Cuando toca apretarse el cinturón, nos lo apretamos todos. Y cuando toca repartir, lo hacemos todos."

Al día siguiente, Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, respondió desde la COPE declarándose "hiperenfadado". Su argumento fue tan contundente como sencillo: no es que no quieran subir salarios, es que no pueden. El culpable, según él, es el Gobierno mismo. "El gran drama es que no se pueden subir los salarios porque el Gobierno se está poniendo morado a subir impuestos. Todo al final se lo come el Gobierno, porque si no, estaría en los bolsillos de los trabajadores."

Gobierno · Pedro Sánchez

«Cuando toca repartir, lo hacemos todos»

Las grandes empresas llevan años con beneficios récord. Tienen margen. Deben pagar más a sus trabajadores en la negociación colectiva.

CEOE · Antonio Garamendi

«Se lo come el Gobierno en impuestos»

No se pueden subir salarios porque la presión fiscal no lo permite. Lo que debería ir al bolsillo del trabajador, se lo lleva el Estado.

Dos afirmaciones opuestas, presentadas ambas con igual rotundidad. Para saber quién tiene razón hay que salir del intercambio de declaraciones y mirar los datos. Eso es lo que hace este artículo.

Una advertencia previa: el debate tiene trampa. Garamendi tiene razón en algo importante —Sánchez habla como si solo existieran las 35 empresas del IBEX, cuando hay más de dos millones de pequeños empresarios para quienes la situación es muy distinta—. Por eso hay que separar claramente el mundo de la gran empresa del de la pyme. No porque la pyme no importe, sino porque el patrón de "beneficios récord" solo se ve con nitidez donde hay escala, excedente y músculo financiero.

1. ¿Es verdad que las grandes empresas llevan años ganando más?

Sí, y el dato más fiable para comprobarlo no son los comunicados de las propias empresas, sino lo que declaran a Hacienda. La Agencia Tributaria (AEAT) publica cada año cuánto pagan las empresas en el Impuesto de Sociedades, y esa cifra refleja directamente sus beneficios reales. El resultado es una secuencia de cuatro años de crecimiento ininterrumpido:

2021: +36% en la base imponible del Impuesto de Sociedades respecto al año anterior
2022: +17,7%
2023: +11,4% — nuevo máximo histórico, superando incluso los niveles de 2019
2024: +10,8% — la tendencia continúa

No es un pico puntual. Es una expansión sostenida de cuatro años que, sumada, supone que las empresas españolas ganaron en 2024 mucho más del doble que antes de la pandemia. Y la concentración importa: los beneficios de las Grandes Empresas y grupos fiscales crecieron por encima del 15% solo en 2023, con las Grandes Empresas individuales creciendo al 17%.1

+36%
Crecimiento de beneficios empresariales en 2021 — inicio del ciclo de cuatro años
+17%
Crecimiento en Grandes Empresas en 2023 — nuevo máximo histórico de la serie

El Banco de España añade otro ángulo: la rentabilidad del activo neto de las empresas pasó del 6,4% en 2023 al 7,4% en 2024.3 No solo ganan más en volumen; también ganan más por cada euro que ponen a trabajar.

¿Qué es la rentabilidad del activo neto?

Imagina que tienes una máquina que vale 100.000 euros. Si esa máquina te genera 7.400 euros de beneficio al año, tu rentabilidad es el 7,4%. El Banco de España usa esta métrica para medir si las empresas son cada vez más eficientes. Que haya subido del 6,4% al 7,4% en un año significa que las grandes empresas no solo facturan más, sino que sus márgenes mejoran.

Conclusión parcial: en este punto, Sánchez tiene razón. Los datos fiscales de la AEAT son inequívocos: cuatro años de crecimiento consecutivo de beneficios, con máximos históricos.

2. ¿Y qué han hecho con esos beneficios?

Esta es la pregunta que más incomoda, porque la respuesta no tiene mucha ambigüedad. Cuando una empresa genera excedente, tiene tres opciones: reinvertirlo en el negocio, subirle el sueldo a sus empleados, o devolverlo a los accionistas en forma de dividendos o recompra de acciones. Los datos de la Bolsa española (BME) muestran con claridad qué ha tenido prioridad.

53.093 M€
Retribución total al accionista en 2024 — récord histórico absoluto. Un 21,5% más que el año anterior. Para que esa cifra tenga contexto: equivale a más que el presupuesto combinado de educación y sanidad del Estado.

El desglose revela dos vías. Los dividendos en efectivo crecieron un 25% hasta los 37.861 millones de euros. Y las recompras y amortizaciones de acciones alcanzaron 15.588 millones, con el sector bancario como principal protagonista, responsable del 44% del total.4

¿Qué es la recompra de acciones y por qué importa?

Cuando una empresa recompra sus propias acciones en bolsa y las destruye, reduce el número de acciones que existen. Si antes había 100 acciones y la empresa recompra 10, ahora solo hay 90. El beneficio total no cambia, pero como hay menos acciones repartiéndolo, el beneficio por acción sube automáticamente: cada acción vale más.

Es una forma de enriquecer al accionista sin que aparezca en el titular "pagamos más dividendos". Por eso los analistas suman todo para ver el retorno real al capital.

Y 2024 no fue una excepción afortunada. En 2025, la retribución total al accionista fue de 42.600 millones: la segunda cifra más alta de la historia.5

Dos años consecutivos en máximos o cerca de máximos históricos no son un ciclo favorable. Son un régimen de asignación del excedente.

Hay un dato adicional que refuerza esta lectura: según el Banco de España, el endeudamiento de las grandes empresas se situó en el 61,4% del PIB a finales de 2025, el nivel más bajo en 25 años.10 Esto desmonta el argumento de que "hay que devolver lo que se debe antes de poder repartir". Las empresas tienen los balances más saneados en una generación, y aun así la prioridad sigue siendo el accionista.

Conclusión parcial: cuando hay excedente, la primera prioridad observable es el capital, no el trabajo. Los datos de BME no dejan espacio para otra interpretación.

3. ¿Están subiendo los salarios o no?

Aquí Garamendi tiene una razón técnica que conviene reconocer: los salarios sí están subiendo. Decir lo contrario sería falso. El propio Banco de España confirma que en los primeros nueve meses de 2025, los gastos de personal de las grandes empresas crecieron un 5,2%.6 El verdadero debate no es si suben, sino cómo suben y en relación a qué.

Según el Ministerio de Trabajo, la subida salarial media pactada en convenios durante 2025 fue del 3,53%.7 El IPC en diciembre de 2025 fue del 2,9%.8 Los salarios crecieron algo por encima de la inflación: una mejora real, pero pequeña. El problema es la comparación: mientras los salarios crecían un 3,5%, los beneficios de las grandes empresas crecían entre el 10% y el 17%, y el retorno al accionista lo hacía un 21,5%.

El dato que más revela la asimetría: en 2025, los convenios firmados directamente empresa a empresa —donde la bonanza específica de cada compañía debería reflejarse— pactaron subidas del 2,83%, por debajo del promedio. Los convenios sectoriales, negociados a nivel de sector sin la empresa delante, subieron un 3,57%.7 Cuanto más cerca del empresario está la negociación, más baja es la subida. No es lo que cabría esperar si la posición de Garamendi fuera completamente cierta.

Hay otro elemento estructural que lo explica: solo el 21,4% de los convenios firmados en 2025 incluían una cláusula de garantía salarial.7

¿Qué es una cláusula de garantía salarial?

Es una cláusula que dice: "Si la inflación resulta ser mayor de lo que habíamos previsto, el salario sube automáticamente para compensar." Sin ella, si pactaste un 3% de subida y la inflación fue del 4%, has perdido poder adquisitivo y no hay mecanismo de corrección.

Que solo 1 de cada 5 convenios la incluya significa que la mayoría de los trabajadores no tiene protección automática aunque la empresa vaya muy bien.

Variable Dato Fuente
Subida salarial media pactada en convenios (2025)3,53%MITES
Subida en convenios de empresa (2025)2,83%MITES
Subida en convenios sectoriales (2025)≈3,57%MITES
Convenios con cláusula de garantía salarial (2025)21,4%MITES
IPC interanual (diciembre 2025)2,9%INE
Aumento masa salarial en grandes empresas (ene–sept 2025)+5,2%Banco de España
Crecimiento beneficios Grandes Empresas (2023)>15%AEAT
Retorno al accionista (2024)+21,5%BME

Conclusión parcial: los salarios suben, pero dentro de una banda ligada a la inflación, no al ciclo de beneficios. El salario se trata como un coste a controlar, no como una participación en la riqueza generada.

4. ¿Y el argumento de los impuestos de Garamendi?

Es el punto más fuerte de su posición, y merece ser tomado en serio. La presión fiscal sobre las empresas en España ha crecido en los últimos años, especialmente en cotizaciones sociales. Desde 2017 hasta 2024, la carga fiscal sobre las empresas ha subido en torno a tres puntos del PIB, un ritmo tres veces superior al de la media de la OCDE. Eso es un hecho.

El problema es que ese argumento, siendo real, no explica por sí solo el patrón descrito. Si los impuestos fueran el principal obstáculo para subir salarios, cabría esperar que el excedente post-impuestos —lo que queda después de pagar todos los impuestos— se destinara mayoritariamente a los trabajadores. Los datos muestran lo contrario: ese excedente se ha ido, en proporciones históricas, al accionista.

Hay un detalle que Garamendi no menciona: el argumento de los impuestos aplica con mucha más fuerza a la pyme que a la gran empresa. Las grandes compañías del IBEX tienen estructuras fiscales sofisticadas, acceso a incentivos y, en muchos casos, filiales en jurisdicciones con menor carga. La foto de "los impuestos asfixian" es mucho más precisa para el bar de la esquina que para un banco con beneficios de varios miles de millones.

Conclusión parcial: el argumento fiscal de Garamendi es parcialmente verdadero y muy relevante para la pyme, pero no explica por qué las grandes empresas, que sí tienen excedente después de impuestos, lo destinan prioritariamente al accionista en lugar de al trabajador.

5. ¿Por qué ocurre esto? El salario pegajoso y el accionista sin límite

No hace falta suponer mala fe para entender el patrón. Hay dos lógicas que se refuerzan mutuamente y que, juntas, explican por qué el excedente fluye hacia el capital con mucha más facilidad que hacia el trabajo.

Primera lógica: el salario es pegajoso, el dividendo no

El salario tiene una característica que lo hace incómodo para cualquier director financiero: es pegajoso. Una vez que subes el sueldo base de un trabajador, bajarlo en el futuro es extremadamente difícil sin generar conflicto, perder talento o incumplir convenios. Una subida salarial hoy es un coste permanente para siempre.

El dividendo o la recompra de acciones, en cambio, son discrecionales. Si el año que viene va mal, el consejo de administración decide no repartir o repartir menos. No hay conflicto laboral, no hay despidos, no hay nada que renegociar. El compromiso con el accionista es reversible; el compromiso salarial, no. En un entorno de incertidumbre, cualquier gestor racional prefiere compromisos que pueda retirar. El resultado es que en los años buenos el excedente va al capital, y en los años malos el ajuste recae sobre el trabajo.

Segunda lógica: en una economía financierizada, el accionista no es un beneficiario más, es el eje

Pero la lógica del coste pegajoso no es suficiente para explicar la magnitud de lo que vemos. Hay algo más estructural en juego. Durante las últimas décadas, las grandes empresas cotizadas han adoptado un modelo de gobierno en el que la maximización del valor para el accionista no es uno de los objetivos de la empresa: es el objetivo que ordena todos los demás.

En ese modelo, el precio de la acción y el beneficio por acción se convierten en el termómetro de si la gestión es buena o mala. Los consejeros delegados son evaluados —y retribuidos— en función de esas métricas. Los inversores institucionales, que hoy controlan enormes porcentajes del capital de las grandes cotizadas, presionan trimestre a trimestre para que los márgenes se sostengan y el retorno al accionista crezca. No hay reunión de resultados donde el analista pregunte si los empleados están bien pagados. Sí hay reuniones donde pregunta si el dividendo va a mantenerse o si hay programa de recompras previsto.

Esta presión no tiene límite natural. No hay un punto en el que el accionista diga "ya es suficiente". Si los beneficios crecen un 15%, la expectativa para el año siguiente es que crezcan un 15% o más. El excedente que no se reparte se interpreta como ineficiencia, no como generosidad futura hacia los empleados. En ese entorno, subir salarios por encima de lo estrictamente necesario para retener talento no es una decisión generosa: es una decisión que necesita justificación frente al mercado. Y justificarla es difícil cuando los inversores pueden mover su capital a otra empresa que no "malgaste" el excedente en costes laborales.

El resultado práctico es una carrera en la que el salario compite en desventaja permanente. No porque los gestores sean malas personas, sino porque el sistema en el que operan premia la contención salarial y penaliza la generosidad con el trabajo. Los 53.000 millones repartidos entre accionistas en 2024 no son el fruto de una decisión tomada en una sala en contra de los trabajadores: son el resultado lógico y predecible de décadas de construcción de un modelo donde el accionista manda y su apetito no tiene techo.

Con los balances más saneados en 25 años, las grandes empresas no tienen la excusa de "primero pagamos lo que debemos". Tienen el margen. Tienen el músculo. Y aun así el salario no es el canal preferido de reparto. No porque no puedan. Sino porque el sistema en el que operan no está diseñado para que lo sea.

6. Un vistazo rápido a la desigualdad dentro de la propia empresa

Hay un último dato que completa el cuadro. Según la CNMV, en 2024 los consejeros ejecutivos del IBEX 35 cobraron de media 55 veces más que el empleado medio de sus propias empresas —53 veces en 2023—.9

Esto no prueba por sí solo la tesis, pero la hace visible: el reparto del excedente no se expresa solo entre capital y trabajo, sino también dentro de la estructura interna de la empresa. La misma lógica que orienta el dinero hacia el accionista también opera hacia arriba en la pirámide salarial interna.

Entonces, ¿quién tiene razón?

Los dos tienen razones parciales. Pero si juntamos todos los datos, el balance es claro:

Sánchez: correcto

Las grandes empresas llevan cuatro años encadenando beneficios récord. Los datos fiscales de la AEAT son inequívocos. Tienen margen.

Garamendi: parcial

La presión fiscal es real y especialmente dura para la pyme. Pero no explica por qué el excedente post-impuestos de las grandes empresas —53.000 millones en 2024— va prioritariamente al accionista.

El patrón real

En las grandes empresas cotizadas, el excedente se gestiona con una lógica clara: el accionista cobra primero y en récord; el salario sube, pero dentro de la banda de la inflación, sin participar del ciclo de beneficios.

La causa

No es mala fe. Es lógica de gestión: el dividendo es reversible, el salario no. En un entorno de incertidumbre, el capital siempre preferirá compromisos que pueda retirar.

Lo que los datos muestran es una España donde el excedente se mide por su capacidad de convertirse en retorno para el accionista, y esa prioridad actúa como presión estructural para que el salario no sea el canal principal de reparto —incluso cuando hay margen de sobra para que lo sea.

Fuentes

  1. AEAT. Informe Anual de Recaudación Tributaria 2023 (IART23). Impuesto sobre Sociedades, bases imponibles y recaudación.
  2. AEAT. Informe Anual de Recaudación Tributaria 2024 (IART24). Estimación de beneficios y evolución de bases imponibles.
  3. Banco de España. Nota informativa Central de Balances Trimestral (presbe2025-22, nov. 2025): resultados 2024; rentabilidad del activo neto (R1) 7,4% vs 6,4% en 2023.
  4. BME. Informe de Mercado 2024. Retribución al accionista: dividendos y amortización de acciones recompradas. Total: 53.093 M€.
  5. BME. Informe de Mercado 2025. Dividendos abonados, rentabilidad media 4,1%, retribución total 42.600 M€.
  6. Banco de España. Central de Balances Trimestral (presbe2025_112): gastos de personal +5,2% en los tres primeros trimestres de 2025.
  7. MITES. Estadística de Convenios Colectivos de Trabajo 2025. Subida media 3,53%; empresa 2,83%; sectorial ≈3,57%; cláusula de garantía salarial: 21,4% de convenios.
  8. INE. IPC. Diciembre 2025. Tasa interanual: 2,9%.
  9. CNMV. Informe anual sobre remuneraciones de los consejeros 2024. Ratio consejero/empleado IBEX 35: 55x (53x en 2023).
  10. Banco de España. Cuentas Financieras, 3T 2025. Endeudamiento sociedades no financieras: 61,4% del PIB, mínimo en 25 años.

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