El anterior artículo de esta serie, «Simeone o el síndrome de la mujer del César», se centraba en un solo mal endémico del Atlético: el planteamiento idéntico de los partidos decisivos, blindado por el tabú cultural que impide cuestionar al técnico. Pero hay más. Y todos los males endémicos comparten una propiedad incómoda: se critica todo menos el trabajo del máximo responsable técnico. Cuarta entrega de la serie sobre el cholismo.
En la entrega anterior, «Simeone o el síndrome de la mujer del César», este artículo se ocupaba de un solo mal endémico del Atlético: la repetición eterna del mismo planteamiento en los partidos que pueden romper el techo del equipo. Era un solo problema. Y bastaba —decía— para explicar el estancamiento del proyecto.
Pero el cholismo no tiene un solo mal endémico. Tiene varios. Y todos comparten una propiedad incómoda: persisten temporada tras temporada con independencia de quién esté en el campo, de cuánto haya invertido el club en el mercado o de qué generación de jugadores le toque sostener el proyecto. Persisten porque hay una sola variable que no cambia. Y esa variable es exactamente la única a la que el cholismo no permite que se le pida cuentas.
I. Cuarta entrega de una serie
Este texto amplía el foco de los anteriores. En «El cholismo o el aplazamiento perpetuo» describía cómo la inferioridad se ha convertido en coartada permanente: cada vez que el club crece, la exigencia se desplaza un peldaño más adelante. En «El cholismo o cómo hacer de la derrota una coartada» analizaba el mecanismo cultural que blinda al técnico frente a la crítica. En «Simeone o el síndrome de la mujer del César» aislaba un mal endémico concreto: el planteamiento idéntico de los partidos decisivos, repetido durante quince años contra rivales distintos con resultados idénticos.
Aquel artículo se quedaba deliberadamente en un solo problema porque bastaba para sostener la tesis. Pero el Atlético tiene más males. Y verlos juntos, en su conjunto, hace algo que ningún caso aislado puede hacer: demuestra que no estamos ante seis problemas distintos sino ante seis manifestaciones de la misma causa.
Cuando seis problemas distintos comparten un único responsable estructural —el único que no cambia mientras todo lo demás cambia— la palabra «coincidencia» pierde sentido.
II. Primer mal: la permeabilidad defensiva
El Atlético se construyó durante una década sobre una premisa muy simple: si nosotros no encajamos, no podemos perder. Esa premisa era cuantitativa, no metafórica. En 2015-16 el equipo cerró la temporada con 18 goles encajados en 38 partidos, un promedio de 0,47 por partido, igualando el récord absoluto de LaLiga (compartido con el Deportivo de 1993-94 y el Barça de 2022-23). Era el muro más sólido del fútbol europeo, la firma estadística del cholismo en su máxima expresión.
Una década después, esa firma ha desaparecido.
| Temporada | Goles/partido |
|---|---|
| 2015-16 (cénit defensivo, récord histórico de LaLiga) | 0,47 |
| 2020-21 (último título de Liga) | 0,66 |
| 2025-26 (jornada 35) | 1,09 |
El equipo encaja hoy en LaLiga más del doble de goles por partido que hace diez años. Y no es solo la cifra: es lo que la cifra implica. El Atlético se descompone cuando el rival tiene calidad técnica entre líneas. La distancia entre los pivotes y los centrales permite a jugadores creativos encontrar espacios interiores con facilidad alarmante. Los laterales dudan entre saltar a la presión o replegar, y mientras dudan dejan pasillos abiertos. Los centrales salen a tapar desmarques de ruptura sin que el bloque escalone la cobertura a tiempo, y Jan Oblak —uno de los porteros más reputados de Europa— queda expuesto en situaciones de uno contra uno que antes nunca llegaban a producirse.
Lo más preocupante no es la cifra absoluta, sino lo que indica: el viejo bloque bajo ha dejado de ser eficaz, pero no ha sido sustituido por nada. El equipo ya no defiende como antes y no ha aprendido a defender de otra manera. Está en una tierra de nadie estructural donde los rivales han descubierto cómo moverlo. Una tierra de nadie en la que lleva ya cuatro temporadas y de la que no hay señales de salida.
III. Segundo mal: la esterilidad ofensiva
Si el equipo encaja más, al menos cabría esperar que como contrapartida produzca más arriba. No es el caso. El Atlético maneja cuotas de posesión respetables, cercanas al 54 % de media y similares a las del Real Madrid, pero esa posesión rinde muy poco en términos de peligro real generado.
| Métrica | Atlético | Barça | Madrid |
|---|---|---|---|
| Goles a favor (total) | 58 | 91 | 70 |
| Goles por partido | 1,66 | 2,60 | 2,00 |
| Posesión media (%) | ≈54 | ≈63 | ≈54 |
El Atlético tiene una posesión muy similar a la del Real Madrid, pero produce dieciocho goles menos en la misma cantidad de partidos. Y la distancia con el Barça —treinta y tres goles a favor— es directamente abismal. No es un problema de posesión: es un problema de qué se hace con la posesión.
La circulación del balón es horizontal y excesivamente pausada. Los rivales reajustan posiciones sin estrés. La desconexión entre el doble pivote y los interiores —los mediocentros se hunden cerca de los centrales para facilitar la salida y dejan a los creativos aislados en zonas intermedias— impide filtrar pases por el carril central. Cuando el equipo necesita progresar, recurre al recurso menos rentable del fútbol moderno: el centro lateral a tres delanteros que no han generado ventajas previas. Es como llamar a la puerta exactamente donde el rival la ha cerrado mejor.
Un equipo entre las quince plantillas más valoradas del mundo y con una posesión equivalente a la del Real Madrid, produciendo treinta y tres goles menos que el Barça, es algo más que un mal momento. Es un techo de generación que el modelo no sabe cómo romper.
IV. Tercer mal: el desajuste entre los fichajes y el modelo
Hay una contradicción de fondo en la dirección deportiva del Atlético que conviene nombrar, porque explica buena parte de lo anterior. El club lleva años fichando en una dirección distinta a la que el técnico pide en el campo. Los fichajes que llegan son perfiles asociativos —Julián Álvarez, Álex Baena, en su momento Antoine Griezmann, antes Koke como organizador interior—, jugadores de buen pie, visión entre líneas y vocación de creación corta. El modelo de juego que reciben al llegar es verticalidad, sacrificio defensivo y centros laterales.
La consecuencia es predecible: la inversión se desactiva al llegar a la pizarra. Julián Álvarez, una operación de calibre mundial, se ve relegado a tareas de desgaste lejos del área y a ocupar posiciones de banda que minimizan su instinto goleador. Aunque es el máximo anotador en competiciones europeas, encadena tramos largos sin marcar en Liga porque el sistema no le pone en zona de remate. Álex Baena, identificado por todos los analistas como uno de los talentos creativos más interesantes de la generación, opera al 50 % de su capacidad porque casi siempre juega fuera de su sitio. En Villarreal era mediapunta o interior partiendo desde la izquierda, una posición donde fue máximo asistente de las cinco grandes ligas en la temporada 2023-24. En el Atlético, Simeone le ha reasignado al carril izquierdo como extremo —hasta el punto de que Transfermarkt ha actualizado su ficha y le clasifica ahora como «delantero - extremo izquierdo»— y le exige una carga defensiva que reduce justamente aquello que le hacía diferencial. El resultado es estadísticamente evidente: 2 goles y 3 asistencias en 1.381 minutos de LaLiga 2025-26, números muy alejados de las 14 asistencias con las que lideró las cinco grandes ligas hace solo dos cursos.
Esto no es una anécdota: es un patrón estructural. Hay quien lo ha descrito como una tensión entre dos tradiciones del fútbol argentino: el club ficha al estilo del «menottismo» —talento asociativo, juego corto, libertad creativa— y el banquillo aplica un «bilardismo» puro —orden, sacrificio, contraataque—. Dos lenguas distintas operando en el mismo proyecto. Y el proyecto no puede funcionar mientras esa tensión no se resuelva.
Cuando un club gasta cien millones en jugadores que su entrenador no sabe utilizar, el problema no es el club. Tampoco son los jugadores. Es el entrenador.
La cuestión más incómoda es la siguiente: si esta tensión existe desde hace años y nunca se resuelve, ¿quién está bloqueando la resolución? Las dos posibilidades son igual de reveladoras. O bien la dirección deportiva sigue fichando talento asociativo a pesar de saber que el técnico no lo utilizará —en cuyo caso la inversión es deliberadamente subóptima— o bien el técnico se niega a adaptar su modelo al perfil de los futbolistas que el club le proporciona. Ambas hipótesis terminan en el mismo lugar.
V. Cuarto mal: la gestión conservadora de los partidos
Este mal endémico está estrechamente conectado con el que se analizaba en «Simeone o el síndrome de la mujer del César», pero merece tratamiento propio porque opera en una escala distinta. No se trata del planteamiento global de los partidos decisivos, sino de las decisiones concretas que el técnico toma dentro de cada partido: los cambios, las lecturas tácticas, las sustituciones.
El primer caso de la temporada 2025-26 lo dio el propio arranque liguero. En la jornada 1 contra el Espanyol, con el Atlético ganando 1-0 y dominando el partido, Simeone retiró a Julián Álvarez tras un gran primer tiempo. El equipo perdió el control, encajó dos goles en la segunda parte y terminó cayendo 2-1: la primera derrota de Simeone en una jornada inaugural desde su llegada al banquillo catorce años antes. Las críticas a las sustituciones fueron generalizadas, y la justificación posterior del técnico —«gestión de cargas físicas», «aprendizaje»— remitía a un plan que parecía decidido antes de que rodara el balón.
El segundo caso fue la vuelta de las semifinales de Champions contra el Arsenal, en el Emirates. Con la eliminatoria perdiéndose 1-0 desde el minuto 44, Simeone esperó hasta el tramo final del partido para retirar a Julián Álvarez y Antoine Griezmann e introducir a Álex Baena y Thiago Almada. Los cambios eran ofensivos —no defensivos, en este caso— pero llegaron demasiado tarde y el patrón es el mismo: la decisión de soltar al equipo se produce siempre con el marcador en contra y nunca antes. Las ocasiones del Atlético en ese tramo final fueron las mejores de la noche, como confirma el detalle de las paradas de Raya a Griezmann y la intervención salvadora de Gabriel ante Giuliano Simeone. Pero no llegaron al gol del empate.
Estos cambios «guionizados» son un patrón recurrente del Atlético contemporáneo: sustituciones que parecen responder más a un plan previo que a la realidad del partido. La paradoja es completa. El cholismo se vendió durante años como el modelo más reactivo del fútbol europeo, el más atento al rival, el más capaz de adaptarse a cualquier circunstancia. Hoy es exactamente lo contrario: un sistema rígido cuyas decisiones intra-partido están más determinadas por la pizarra previa que por lo que está pasando en el campo. La lectura reactiva, que fue la marca distintiva del proyecto, ha sido sustituida por la fidelidad al guion.
VI. Quinto mal: la plantilla corta y la cantera ignorada
Simeone ha defendido siempre la política de trabajar con un grupo reducido, dieciocho o veinte jugadores de campo, para mantener la tensión competitiva y la cohesión del vestuario. En abstracto es una posición razonable. En la práctica produce dos efectos que llevan años sin corregirse.
El primero es una dependencia patológica de cuatro o cinco pilares veteranos —Koke, Griezmann, Llorente— que acumulan minutos por encima del 80 % de los disponibles temporada tras temporada. Cuando esos pilares sufren un bajón físico o mental, el equipo carece de alternativas tácticas para cambiar el rumbo. La plantilla corta funciona mientras los veteranos sostienen el peso; cuando se agrietan, no hay plan B.
Pero el segundo efecto es el verdaderamente revelador, y conviene mirarlo con detenimiento: Simeone se queja públicamente de la plantilla corta —«sin buenos jugadores esto es imposible», declaraba en mayo de 2026 pidiendo fichajes para la siguiente temporada— mientras desaprovecha sistemáticamente la cantera del club. El Atlético tiene una de las academias más productivas del fútbol español, con jugadores jóvenes que se han marchado a destacar en otros clubes mientras el primer equipo no encontraba un hueco para ellos.
El técnico se queja de no tener suficientes jugadores mientras decide no usar los que tiene. Esa contradicción no es un detalle. Es la confesión de que la plantilla corta no es una decisión del club: es una decisión suya.
La paradoja se cierra sola. Si la plantilla es corta porque el técnico exige un grupo reducido, las quejas sobre la escasez son quejas sobre una decisión propia. Si los canteranos no juegan porque el técnico no confía en ellos, la falta de alternativas tácticas es también responsabilidad suya. En cualquiera de los dos planos, la queja exterior queda invalidada por la práctica interna. El técnico se ha construido un escenario en el que cualquier insuficiencia del equipo es achacable a un déficit externo —fichajes, lesiones, calendario— mientras él mismo restringe activamente los recursos disponibles.
VII. Cinco males, una sola variable
Lleguemos al razonamiento que ata todo el artículo. Los cinco males endémicos descritos —permeabilidad defensiva, esterilidad ofensiva, desajuste fichajes/modelo, gestión conservadora y plantilla corta con cantera ignorada— no son cinco problemas independientes. Son cinco manifestaciones distintas de la misma causa estructural.
El argumento es de simple eliminación de variables. ¿Qué tienen en común los cinco problemas? Todos persisten a pesar de cambios en la composición de la plantilla, en el contexto europeo, en el presupuesto del club, en la generación de jugadores, en los rivales y en las temporadas. Lo único que no ha cambiado en todos esos cambios es el entrenador y su método. Por eliminación, la causa estructural compartida tiene que ser el entrenador o su método. No hay otra opción lógica.
Esto no es una opinión emocional. Es la conclusión a la que llega cualquier auditoría externa cuando se le pide identificar la causa raíz de un patrón persistente. Una vez descartadas todas las variables que han cambiado y siguen sin corregir el patrón, la única variable constante se convierte automáticamente en la causa probable. En la vida profesional, en cualquier sector, esta es la lógica básica de la resolución de problemas. En el cholismo, esta lógica está prohibida.
El cholismo permite discutir cualquiera de los cinco males por separado, cada uno con su excusa, cada uno con su contexto. Lo que no permite es ponerlos juntos y hacer la pregunta evidente: ¿qué tienen en común? Porque la respuesta, una vez se nombra, es indiscutible.
Lo único que no se critica
El cholismo se ha convertido en un ecosistema discursivo donde se critica todo menos al máximo responsable técnico. Se discute a los jugadores —que si Álvarez juega demasiado lejos del área, que si Baena no rinde, que si Koke ya no es el de antes—. Se discute al árbitro, al rival, al calendario. Se discute a la dirección deportiva por los fichajes, al presupuesto, a la enfermería, a la masa social. Se discute incluso al destino. Todo es susceptible de examen, todo es legítimamente debatible, todo cabe en la conversación pública.
Todo excepto una cosa. La única variable que no ha cambiado mientras todos los demás cambiaban. La única variable que, por simple lógica de eliminación, queda señalada cuando uno se molesta en mirar los cinco males juntos. Y precisamente esa variable es la que el cholismo ha colocado fuera del campo de la crítica posible.
No es un problema de jugadores. No es un problema de fichajes. No es un problema de presupuesto. No es un problema de calendario. No es un problema de masa social. Por eliminación, solo queda un sitio donde buscar la causa. Y es exactamente el sitio donde el cholismo no permite mirar.
El día en que el Atlético se decida a aplicar a su propio entrenador la misma lógica que aplicaría cualquier club europeo de su tamaño a cualquier responsable técnico —observación de patrones, identificación de la variable constante, decisión—, ese día empezará a corregir sus males endémicos. Hasta entonces, la auditoría queda escrita. Y archivada. Como la mujer del César: por encima de toda sospecha, sustraída a todo examen.
Datos defensivos históricos. El récord de 0,47 goles encajados por partido en 2015-16 (18 goles en 38 partidos) figura en La Liga records and statistics (Wikipedia) y en la web oficial del Atlético de Madrid. El dato de 2020-21 (25 goles en 38, 0,66 por partido) procede de la comunicación oficial del club al ganar el título. Los 38 goles encajados en 35 partidos de la temporada 2025-26 (1,09 por partido) figuran en la clasificación oficial de LaLiga.
Datos ofensivos 2025-26. Goles a favor (Atlético 58, Barça 91, Madrid 70) y goles por partido procedentes de la tabla oficial de LaLiga a 11 de mayo de 2026. Datos de posesión recopilados de FootyStats y FotMob.
Partidos citados. Derrota 2-1 contra el Espanyol en la jornada 1 (17 de agosto de 2025), documentada por Infobae. Eliminatoria contra el Arsenal en semifinales de Champions League: 1-1 en el Metropolitano (29 de abril de 2026) y 1-0 para el Arsenal en el Emirates (5 de mayo de 2026), con los cambios Baena y Almada por Álvarez y Griezmann en el tramo final del partido (CNN, Arsenal.com). Final de Copa del Rey 2-2 contra la Real Sociedad, 4-3 en penaltis (18 de abril de 2026), recogida por Al Jazeera y Wikipedia.
Posición y rendimiento de Álex Baena. Posición natural en el Villarreal (mediapunta / interior partiendo desde la izquierda), documentada por Above the Radar y FutbolFantasy. Reclasificación como «delantero - extremo izquierdo» en su ficha actual de Transfermarkt tras su llegada al Atlético. Estadísticas de LaLiga 2025-26 (2 goles, 3 asistencias en 1.381 minutos) procedentes de FotMob. Hasta la temporada 2023-24 había sido el máximo asistente de las cinco grandes ligas europeas con 14 pases de gol.
Valoración de la plantilla. El Atlético de Madrid figura en el puesto 13 del ranking mundial de plantillas más valoradas elaborado por Sports Illustrated en marzo de 2026 con base en datos del CIES Football Observatory, con una valoración de 903 millones de dólares.
Petición de fichajes de Simeone. Declaraciones recogidas por Mundo Deportivo el 8 de mayo de 2026.




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