Ucrania o la ilusión estratégica de Occidente - La oportunidad política que occidente bloqueó (VI)


En marzo de 2022 la guerra pudo detenerse. Rusia se retiró del norte para negociar, Ucrania estaba dispuesta a hablar y Occidente eligió prolongar la guerra.

En la arquitectura de esta guerra hay tres momentos operacionales esenciales:

  1. El mito de Kiev en tres días, donde Occidente creyó ver el colapso ruso.

  2. La contraofensiva ucraniana de 2023, que debía cambiar la guerra y acabó revelando sus límites.

  3. La ofensiva continua rusa de 2024–2025, nacida de esa lectura inversa: no buscar victorias rápidas, sino desgastar al adversario hasta la asfixia.

Entre esos tres hitos hay un punto intermedio, político y casi olvidado, sin el cual nada de lo posterior se entiende: la retirada del norte en marzo–abril de 2022.

Mientras el relato occidental presentaba la salida de las tropas rusas de Kiev, Chernígov y Sumy como prueba de derrota, Moscú la concibió como un movimiento doble:

  • Gesto diplomático, para facilitar un acuerdo de paz en Estambul.

  • Cálculo estratégico, para abandonar terreno periférico y concentrar fuerzas en el Donbass, el verdadero centro de gravedad del conflicto.

Esa retirada —y el fracaso político que la siguió— explican tanto la paz que no fue como la reconfiguración militar que vendría después.

Durante marzo y abril de 2022, las delegaciones rusa y ucraniana se reunieron en Bielorrusia y Estambul con mediación turca e israelí. Según testimonios de mediadores y negociadores, ambas partes habían avanzado hacia un principio de acuerdo.

Fue la primera y última ocasión en que la guerra pudo detenerse políticamente.

Las negociaciones de Estambul: lo que sabemos

Los testimonios de los mediadores

Naftali Bennett, ex primer ministro israelí y mediador en las primeras semanas de guerra, reveló en una entrevista de febrero de 2023 detalles cruciales sobre las negociaciones:

"Llegamos a un borrador. Fue aceptado por ambos. Zelensky acordó renunciar a la OTAN y recibir garantías de seguridad de otros países. Los rusos estaban dispuestos a aceptar eso y retirarse completamente de Ucrania a cambio de neutralidad ucraniana."

Bennett añadió —según su versión— que tanto Estados Unidos como Reino Unido desaconsejaron activamente el acuerdo. Cuando preguntó si debía continuar mediando, le respondieron:

"No. Aplástales y punto."

Mevlüt Çavuşoğlu, ministro de Exteriores turco y anfitrión de las conversaciones de Estambul, confirmó en abril de 2022 que había "un principio de acuerdo" y que las partes estaban "muy cerca" de firmar un documento.

Davyd Arakhamia, jefe de la delegación negociadora ucraniana, reconoció en noviembre de 2023 —en una entrevista que causó conmoción en Kiev— que:

"Cuando regresamos de Estambul, Boris Johnson vino a Kiev y dijo que no firmaríamos nada con ellos en absoluto, y que simplemente debemos luchar."

Arakhamia precisó además que la principal exigencia rusa era la neutralidad de Ucrania:

"Están listos para terminar la guerra si firmamos la neutralidad como lo hicieron una vez Austria o Suecia. Eso fue lo principal para ellos."

Los términos del borrador

Según múltiples fuentes —incluido el propio documento filtrado parcialmente— el borrador recogía:

  1. Neutralidad permanente de Ucrania (modelo Austria/Finlandia).

  2. Garantías internacionales de seguridad de EE. UU., Reino Unido, Francia, China y Turquía.

  3. Limitación de capacidades ofensivas del ejército ucraniano.

  4. Congelación del estatus de Crimea durante 15 años.

  5. Diálogo sobre el Donbass sin reconocimiento inmediato de las repúblicas.

  6. Retirada rusa a posiciones previas al 24 de febrero.

El acuerdo representaba un equilibrio precario: Ucrania renunciaba a la OTAN; Rusia renunciaba a la ocupación territorial.

La retirada como gesto de buena voluntad — y de cálculo estratégico

El 29 de marzo de 2022, tras la ronda de Estambul, el viceministro ruso Alexander Fomin anunció:

"Con el fin de aumentar la confianza mutua y crear las condiciones necesarias para nuevas negociaciones, Rusia reducirá drásticamente las operaciones militares en las direcciones de Kiev y Chernígov."

Las tropas rusas comenzaron su repliegue al día siguiente. A comienzos de abril, todo el norte —Kiev incluida— había quedado libre de presencia rusa.

Ese movimiento tuvo una doble lógica:

  • Política, para facilitar las conversaciones.

  • Operacional, para concentrar fuerzas en los ejes estratégicos: Donbass y el corredor de Crimea.

Como señaló el general Serguéi Rudskói el 25 de marzo, cuatro días antes del repliegue:

"Los objetivos principales de la primera fase de la operación se han cumplido en general. El objetivo principal es la liberación del Donbass."

La retirada del norte no fue improvisada. Fue la consecuencia lógica de una fase operativa que nunca tuvo como objetivo sostener ese frente.

Bucha: el momento que cambió todo

Entre el 30 de marzo y el 1 de abril de 2022, mientras Rusia se retiraba, emergieron las imágenes de Bucha: ejecuciones de civiles con las manos atadas, cuerpos en las calles, fosas comunes.

Las investigaciones posteriores confirmaron que las muertes ocurrieron durante la ocupación rusa (5–30 marzo). La ONU documentó 73 ejecuciones verificadas y continúa corroborando más de un centenar.

El impacto político fue inmediato:

  1. En Ucrania, cualquier negociación pasó a verse como una rendición.

  2. En Occidente, los gobiernos endurecieron su postura y multiplicaron el apoyo militar.

  3. En la diplomacia, el proceso de Estambul colapsó.

Como dijo Zelensky el 4 de abril, tras visitar Bucha:

"Es muy difícil negociar cuando ves lo que han hecho aquí."

¿Bucha hizo imposible la paz, o fue usada para justificar una decisión ya tomada? La respuesta sigue abierta.

El viaje de Boris Johnson: el punto de no retorno

El 9 de abril de 2022, el primer ministro británico Boris Johnson llegó a Kiev sin aviso previo.

Según Ukrainska Pravda (5 mayo 2022), transmitió dos mensajes:

  1. "Occidente no está preparado para ningún acuerdo con Rusia."

  2. "Aun si Ucrania quiere firmarlo, nosotros no lo firmaremos."

Tras esa visita, el formato de Estambul quedó congelado.

Arakhamia confirmó en 2023 que la visita selló el cambio de rumbo:

"Cuando regresamos de Estambul, Boris Johnson vino a Kiev y dijo que no firmaríamos nada con ellos. Simplemente debemos luchar."

Occidente, por su parte, defendió que el acuerdo era inviable:
implicaba desarmar a Ucrania sin garantías reales y negociar tras Bucha era moralmente imposible.

El secretario de Defensa estadounidense Lloyd Austin lo resumió el 25 de abril:

"Queremos ver a Rusia debilitada hasta el punto de no poder repetir esto."

La diplomacia fue sustituida por una estrategia de desgaste.

Por qué Occidente bloqueó el acuerdo

Existen dos lecturas posibles:

A. Realismo estratégico

  • El acuerdo consolidaba conquistas rusas.

  • Rusia ya había violado el Memorándum de Budapest (1994).

  • Tras Bucha, negociar era inaceptable.

  • Ucrania podía resistir con ayuda occidental.

B. Cálculo geopolítico

  • Una derrota rusa era posible y deseable.

  • Prolongar la guerra desgastaría a Moscú.

  • Ucrania podía actuar como proxy de la OTAN.

  • Un acuerdo temprano no castigaría a Rusia.

Ambas lecturas son compatibles y reflejan una decisión de fondo: apostar por la guerra larga.

La interpretación rusa: de la paz al cálculo

Para Moscú, la ruptura de Estambul marcó un punto de inflexión:

  1. Se descartó la guerra corta.

  2. Se asumió un conflicto prolongado contra la OTAN por delegación.

  3. Se reorientó la estrategia hacia el control del Donbass y la neutralización del aparato militar ucraniano.

El ministro Serguéi Lavrov lo resumió en julio de 2022:

"Después de Estambul comprendimos que no negociábamos con Ucrania, sino con quienes están detrás de ella."

Desde entonces, la política cedió paso a la estrategia.

Qué se perdió entonces

El borrador de Estambul ofrecía una salida racional, aunque imperfecta:

Para Ucrania

  • Preservaba su soberanía.

  • Evitaba destrucción masiva y desplazamientos.

  • Garantizaba apoyo internacional.

Para Rusia

  • Lograba la neutralidad ucraniana.

  • Limitaba la expansión de la OTAN.

  • Evitaba una guerra prolongada.

Para Europa

  • Prevenía crisis energética y escalada nuclear.

  • Mantenía estabilidad continental.

Rechazarlo significó optar por una guerra en la que ninguna victoria sería decisiva.

El coste de la decisión (2022–2025)

Según estimaciones de fuentes occidentales y OSINT:

  • Abril 2022: Rusia controlaba ~140.000 km² de territorio ucraniano.

  • Noviembre 2025: controla ~110.000 km², pero ha consolidado el Donbass y el corredor de Crimea.

Pérdidas humanas estimadas

  • Ucrania: 60.000–100.000 muertos; más de 400.000 heridos.

  • Rusia: 300.000–420.000 bajas totales.

  • Civiles: más de 10.000 muertos verificados; millones desplazados.

Daños materiales

  • 40 % de la infraestructura energética destruida.

  • Costo de reconstrucción estimado: 486 mil millones USD (Banco Mundial, 2024).

El acuerdo de Estambul habría evitado buena parte de esa devastación.

Evaluación crítica

Hechos verificados

  1. Hubo negociaciones serias en Estambul (marzo 2022).

  2. Existía un borrador basado en neutralidad y garantías.

  3. Rusia retiró tropas del norte tras esas conversaciones.

  4. Bucha alteró irreversiblemente el contexto.

  5. Johnson visitó Kiev y desaconsejó firmar.

  6. Las negociaciones se congelaron inmediatamente después.

Preguntas abiertas

  • ¿Habría cumplido Rusia un acuerdo firmado?

  • ¿Fue Bucha causa o pretexto?

  • ¿Actuó Occidente por convicción moral o cálculo estratégico?

Tres años después, cualquier paz posible será menos favorable que la que se rechazó en abril de 2022.

Conclusión: la paz que Londres no quiso

La retirada del norte fue la primera decisión racional en una guerra que después se volvió irracional.

Rusia retiró tropas para crear condiciones de diálogo y consolidar su posición estratégica.
Occidente interpretó el gesto como debilidad y apostó por prolongar el conflicto.

La posibilidad de un arreglo negociado murió en Estambul, no en el Donbass.

Desde entonces, todo lo que siguió —las ofensivas, los reveses, la guerra de desgaste— ha sido consecuencia directa de aquella paz bloqueada por cálculo político.

Rusia no perdió el norte: lo cedió porque no lo necesitaba.
Y esa diferencia, que Occidente no quiso ver, explica el resto de la guerra.

Bibliografía

Testimonios y mediación

  • Bennett, Naftali. Entrevista en Channel 12 News (Israel), febrero 2023.

  • Çavuşoğlu, Mevlüt. Declaraciones a medios turcos, abril 2022.

  • Arakhamia, Davyd. Entrevista en canal 1+1 (Ucrania), noviembre 2023.

Cobertura periodística y fuentes primarias

  • Ukrainska Pravda. “Johnson persuaded Zelensky not to sign peace deal…” 5 mayo 2022.

  • The Guardian. “Ukraine-Russia peace talks: prospects for a ceasefire.” 29 marzo 2022.

  • Financial Times. “Russia and Ukraine make progress in Istanbul talks.” 30 marzo 2022.

  • Foreign Policy. Fiona Hill, “Putin’s War Is the West’s Failure, Too.” Marzo 2022.

Sobre Bucha

  • Human Rights Watch. “Ukraine: Russian Forces’ Trail of Death in Bucha.” 21 abril 2022.

  • The New York Times. “Satellite Images Show Bodies Lay in Bucha for Weeks.” 4 abril 2022.

  • UN OHCHR. “Summary Executions of Civilians in Northern Ukraine.” Diciembre 2022.

Fuentes rusas

  • Ministerio de Defensa de la Federación de Rusia. Declaraciones de Rudskói (25 marzo 2022) y Fomin (29 marzo 2022).

  • Lavrov, Serguéi. Entrevista en Rossiya 24, 20 julio 2022.

Análisis y datos

  • Institute for the Study of War (ISW). Russian Offensive Campaign Assessment, marzo-abril 2022.

  • Royal United Services Institute (RUSI). “The Strategic Pause: Russia’s Reassessment after Istanbul.” Julio 2022.

  • Galeotti, Mark. “What Did Russia Want From the Istanbul Negotiations?” The Moscow Times, abril 2022.

  • World Bank. Ukraine Rapid Damage and Needs Assessment, febrero 2024.


Siguiente entrega: El frente olvidado: el Donbass como verdadero centro de gravedad de la guerra.

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