La inflación: la trampa que sometió la política a la economía (y al Estado bajo el acreedor)
La trampa monetarista que está en la base de la revolución neoliberal: cuando el síntoma se vende como causa (y la factura la paga siempre el mismo)
En mi artículo anterior, "La trampa neoliberal: cómo la inflación abrió la puerta y la deuda ató al Estado", describí cómo el neoliberalismo necesitó una coartada técnica para asaltar el orden distributivo de la posguerra. Este artículo profundiza en el mecanismo de ese asalto.
La trampa opera mediante una inversión lógica deliberada: el monetarismo toma un efecto (el alza de precios producida por tensiones concretas: sube el gas, hay escasez de chips, las empresas protegen sus márgenes) y lo rebautiza como causa (hay "demasiado dinero circulando"). Al convertir el síntoma en el origen del mal, la política se desentiende de las raíces del conflicto y se otorga el derecho de "curar" la fiebre rompiendo el termómetro.
No es solo un error de diagnóstico. Es un programa de poder diseñado para despolitizar el conflicto distributivo, extraer la gestión económica del debate democrático y subyugar al Estado bajo disciplina financiera. Vamos por partes.
En un vistazo: Este artículo presenta el mecanismo intelectual perverso que hizo posible el régimen neoliberal: la inversión causa-efecto del monetarismo. La trampa funciona así: se toma un conflicto distributivo real (¿quién absorbe el coste de una crisis: empresas o trabajadores?) y se rebautiza como problema técnico ("exceso monetario"). Esta inversión permite tres operaciones políticas: (1) despolitizar el debate económico presentándolo como ciencia neutral, (2) "independizar" los bancos centrales para extraer la gestión del dinero del control democrático, y (3) usar esa "independencia" para subyugar al Estado bajo la disciplina de los mercados de deuda. El resultado: una arquitectura donde la única "cura" legítima para la inflación es la que empobrece a la mayoría, mientras que alternativas quirúrgicas (topar precios estratégicos, gravar beneficios extraordinarios) quedan fuera del debate "serio". El monetarismo no es un error técnico: es el truco fundacional que permitió convertir decisiones políticas en "necesidades" que nadie puede cuestionar.
1. La inversión fundacional: Cómo se fabrica un culpable conveniente
Para entender el truco, hay que empezar por lo básico: ¿qué es la inflación, en realidad?
La inflación es, simplemente, la subida generalizada de precios. Pero esa subida no cae del cielo. Ocurre porque alguien, en algún lugar de la cadena económica, ha decidido (o se ha visto obligado a) subir precios. Y ahí es donde empieza el conflicto.
Imaginemos una economía simplificada: un país produce pan y lo vende a 1 euro. De pronto, el trigo importado se encarece porque hay una sequía en el proveedor. ¿Qué pasa?
Opción A: El panadero asume el coste extra y mantiene el precio. Sus beneficios caen.
Opción B: El panadero sube el precio del pan a 1,20€ y protege sus beneficios. Pero ahora los trabajadores que cobran lo mismo tienen menos poder de compra.
Opción C: Los trabajadores exigen subidas salariales para compensar. Las empresas trasladan ese coste a más subidas de precios. La espiral continúa.
Este es un conflicto distributivo: la economía produce una cantidad de riqueza (la tarta), y cuando hay un shock (sequía, guerra, corte de suministros), alguien tiene que asumir la pérdida. La inflación es el campo de batalla donde se dirime quién paga la factura: ¿los trabajadores que pierden poder de compra? ¿Las empresas que ven caer sus márgenes? ¿Los rentistas que ven desvalorizarse sus ahorros?
Ahora viene el truco monetarista.
Lectura realista: Los precios suben porque hay una disputa por quién absorbe el coste de una crisis. Es un conflicto político.
Lectura monetarista: Los precios suben "porque hay demasiado dinero circulando". La solución es "secar" la economía: subir tipos de interés, frenar el crédito, provocar paro.
¿Ves la inversión? En lugar de preguntar "¿quién tiene poder para subir precios y quién se ve obligado a aceptar la pérdida?", el monetarismo convierte la inflación en un problema técnico: "exceso de demanda", "demasiada masa monetaria".
Esta inversión, consolidada tras la crisis de los años 70, permitió presentar como "necesidad técnica" lo que fue un golpe político contra el poder de negociación de los trabajadores. Los datos actuales confirman que la historia se repite: en la eurozona (2022-2023), los beneficios empresariales explicaron el 45% de la inflación, mientras que los salarios solo aportaron el 25%. Sin embargo, el culpable oficial sigue siendo el "exceso de gasto".
Lo decisivo aquí: esta inversión no es un detalle académico. Es el truco fundacional que hace posible todo lo demás. Porque si aceptas que la inflación es un problema monetario, entonces aceptas que:
• La economía debe "independizarse" de la política (tecnócratas en el BCE)
• El Estado debe comportarse como un hogar (buscar financiación en mercados privados)
• La única cura legítima es la que disciplina al trabajo, nunca al capital
Una vez se vende el síntoma como causa, el régimen queda blindado.
2. El mito de la "imprenta": Cuando se oculta de dónde viene realmente el dinero
El relato monetarista suele apelar a una imagen: el Estado imprime dinero sin control y "lo tira" a la economía, generando inflación. Es una imagen potente, pero falsa.
En las economías modernas, la mayor parte del dinero no lo crea el Estado. Lo crean los bancos privados cuando dan créditos. Cuando pides una hipoteca, el banco no saca el dinero de una bóveda: lo crea contablemente. Tú firmas, el banco apunta en su ordenador que ahora tienes 200.000€ de deuda, y ese dinero entra en circulación. Esto se llama dinero endógeno: nace del crédito, no de una imprenta gubernamental.
¿Por qué importa? Porque cambia radicalmente el diagnóstico.
Shocks de oferta: Cuando el problema es la escasez, no el exceso
Cuando el gas se encarece porque Rusia cierra el grifo, los costes de producción suben en toda la economía. ¿Solución monetarista? Subir tipos de interés para "enfriar la demanda". Es decir: intentan arreglar un problema de falta de energía (oferta) destruyendo la capacidad de consumo de la gente (demanda).
Es como intentar arreglar una avería en el motor pinchando las cuatro ruedas del coche. El coche sigue sin funcionar, pero ahora además no puede moverse.
Conflicto distributivo: Cuando la inflación es una batalla por el reparto
Si las empresas tienen poder de mercado (oligopolios, escasa competencia), pueden subir precios sin perder clientes. Si los trabajadores tienen sindicatos fuertes, pueden exigir salarios que compensen la inflación. La inflación persiste hasta que uno de los dos se rinde.
Presentar esto como un problema de "demasiado dinero" oculta la pregunta real: ¿quién tiene poder para trasladar sus costes a otros y quién no?
3. La "independencia" del Banco Central: Despolitizar para reprogramar
Aquí aparece el segundo movimiento de la trampa. Una vez invertida la causalidad (inflación = exceso monetario), se justifica extraer la gestión del dinero del debate democrático.
Durante la posguerra, los bancos centrales operaban bajo dirección política. Si el gobierno quería sostener el pleno empleo, podía coordinar con el banco central para mantener tipos bajos y financiación abundante. Pero tras los años 70, se impuso un nuevo dogma: el Banco Central debe ser "independiente".
La coartada técnica
La justificación oficial: los políticos, sometidos a ciclos electorales, tienen tentación de estimular la economía antes de las elecciones (más gasto, más empleo) aunque eso genere inflación después. La solución: entregar la política monetaria a tecnócratas "neutrales" que antepongan la estabilidad de precios al cálculo electoral.
Suena sensato. Pero el resultado real fue otro: la despolitización del dinero, retirándolo del control soberano y entregándolo a una tecnocracia cuyo mandato práctico favorece el valor del capital por encima del pleno empleo.
Investigaciones académicas sugieren que esta "independencia" es, en la práctica, una forma de re-privatización: el banco central se vuelve más sensible a los intereses de los mercados financieros que al bienestar ciudadano.
El doble movimiento: Independizar para subyugar
1. Despolitizar: La inflación deja de ser un conflicto por quién paga la crisis y pasa a ser un "exceso técnico"
2. Independizar para subyugar: Se saca la gestión monetaria del Estado democrático... pero se usa esa "independencia" para disciplinar al Estado bajo amenaza de los mercados de deuda
¿Cómo? El Estado pierde la herramienta (política monetaria coordinada) pero gana una nueva correa: los tipos altos encarecen su deuda pública, los mercados califican su "solvencia", y cualquier política redistributiva debe pasar el filtro de "¿qué dirán los inversores?".
La economía se "independiza" del Estado... para luego convertir al Estado en rehén de esa economía financiarizada.
4. La "cura" no es neutral: Elige ganadores y deja cicatrices permanentes
Cuando el Banco Central sube tipos de interés para "combatir la inflación", no está aplicando una medida técnica neutral. Está tomando una decisión política con ganadores y perdedores muy claros.
Tipos altos = Renta para el acreedor
• Si tienes una hipoteca, tus cuotas suben. Si eres rentista y vives de rentas del capital, ganas más.
• Si eres una empresa que necesita financiación para invertir, tu coste se dispara. Si tienes activos financieros, su valor se revaloriza.
• El impacto es asimétrico: la inflación golpea a los hogares con menos recursos hasta tres veces más fuerte que a los más ricos, porque estos últimos tienen patrimonio que se revaloriza con los tipos altos.
La histéresis: El daño permanente
El término suena técnico, pero la idea es simple: cuando subes tipos para "enfriar" la economía, no solo frenas la inflación. También destruyes inversión productiva, cierras empresas viables, generas paro estructural. Y ese daño no desaparece cuando vuelves a bajar tipos.
La investigación económica advierte que esta "cura" puede causar cicatrices permanentes en la base industrial, reduciendo el crecimiento potencial mucho después de que los precios se hayan estabilizado.
Se sacrifica el futuro del país para proteger el valor presente de los activos financieros.
5. Lo que el monetarismo oculta: Existían (y existen) alternativas
Durante la posguerra (1945-1980), la arquitectura financiera estaba "domesticada". Había controles de capital, regulación bancaria estricta, tipos de interés reales a menudo negativos que permitían al Estado financiarse barato y sostener políticas sociales. El sistema financiero operaba bajo control político.
El neoliberalismo rompió ese mundo: desreguló las finanzas, liberalizó los flujos de capital y convirtió la inflación en la excusa perfecta para obligar a los Estados a recortar gasto público bajo amenaza de los mercados de deuda.
Pero existen alternativas quirúrgicas que el debate mainstream ignora:
La "excepción ibérica": Intervención quirúrgica en precios estratégicos
Durante la crisis energética de 2022, España y Portugal negociaron un tope temporal al precio del gas para generación eléctrica. Resultado: se contuvo la inflación en el sector eléctrico sin destruir empleo ni inversión.
Intervenir quirúrgicamente un precio estratégico resultó mucho más eficaz y menos destructivo que un enfriamiento general de la economía vía tipos de interés.
Impuestos extraordinarios: Gravar la renta caída del cielo
Cuando las eléctricas o petroleras acumulan beneficios extraordinarios por un shock externo (guerra, escasez), se les puede gravar específicamente sin tocar el empleo ni la inversión productiva. Son los llamados windfall taxes: impuestos sobre beneficios extraordinarios.
Pero estas herramientas implican un Estado con agencia, que toma decisiones políticas y asume responsabilidad democrática. El monetarismo existe precisamente para evitar eso: para convertir decisiones políticas en "necesidades técnicas" que nadie puede cuestionar.
6. Conclusión: "Inflación" no es el enemigo. El enemigo es quién decide quién paga
La inflación se usa hoy como coartada para proteger la tasa de ganancia del capital en un entorno de crisis. La pregunta seria no es "¿cómo bajamos la inflación?", sino:
• ¿Quién tiene poder para trasladar sus costes a los precios y quién se ve obligado a absorberlos?
• ¿Por qué permitimos que la "cura" genere daño permanente en nuestra industria y salarios?
• ¿Por qué la única herramienta considerada "legítima" es la que empobrece a la mayoría?
En cuanto haces esas preguntas, el monetarismo deja de ser "ciencia económica" y aparece como lo que es: un programa de poder diseñado para que la factura de las crisis nunca llegue a los despachos donde se toman las decisiones, sino que se pague siempre en la calle.
El monetarismo no es un error. Es el mecanismo intelectual que permitió despolitizar la economía, independizar la gestión del dinero del debate democrático y, finalmente, subyugar al Estado bajo la disciplina de los acreedores.
La inversión causa-efecto (tomar el síntoma y venderlo como causa) no fue un accidente: fue el truco que hizo posible todo lo demás.



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