Ormuz, la coartada perfecta: por qué los precios suben en horas y tardan meses en bajar (si es que lo hacen)
Cada vez que el mundo se sacude —una pandemia, una guerra, un estrecho cerrado— los precios suben de inmediato y tardan meses en bajar. No es un accidente del mercado. Es el funcionamiento normal de una economía donde las empresas se deben más a sus accionistas que a sus clientes.
El estrecho de Ormuz lleva cerrado desde el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron la Operación Epic Fury contra Irán. El tráfico de petroleros cayó primero un 70% y después prácticamente a cero. La Agencia Internacional de la Energía lo ha calificado como la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial. En dos días, los precios oscilaron de 80 a 120 dólares por barril —más volatilidad en 48 horas que en los tres años anteriores.
La explicación de manual es sencilla: menos oferta, más precio. Es cierta. Pero es incompleta. Porque no explica por qué los precios suben tan rápido y tan coordinadamente. Ni por qué, cuando el estrecho reabra, no bajarán con la misma velocidad. Ni por qué en la crisis anterior —pandemia, guerra de Ucrania— los beneficios empresariales crecieron mientras los salarios reales caían.
Para entender todo eso hay que entender algo previo: en qué tipo de economía vivimos y a quién responden realmente las empresas que fijan los precios que pagamos.
I. La empresa financiarizada y la dictadura del margen
El modelo económico que aprendemos en los libros describe empresas que compiten por clientes: si suben demasiado sus precios, pierden cuota de mercado. El consumidor disciplina al productor. Los precios reflejan costes más un beneficio razonable.
Ese modelo describe mal la realidad de las grandes corporaciones contemporáneas. En una economía financiarizada, el éxito de una empresa no se mide por su cuota de mercado ni por su capacidad productiva. Se mide por su capacidad de generar retornos inmediatos para los accionistas: dividendos y recompras de acciones que sostienen la cotización trimestre a trimestre.
Esta lógica transforma el margen de beneficio en algo cualitativamente distinto. Ya no es un resultado variable que la empresa acepta según las condiciones del mercado. Es un objetivo rígido —o expansivo— que la dirección debe defender ante los inversores. El cliente puede esperar. El accionista, no.
Las consecuencias sobre los precios son directas. Cuando aparece un shock externo —el cierre de un estrecho, una guerra, una pandemia— la empresa financiarizada no se pregunta cuánto de ese coste puede trasladar sin perder clientes. Se pregunta cómo proteger el margen comprometido con sus accionistas. Y si el shock ofrece una justificación pública creíble, la respuesta es subir precios tanto como el mercado permita, con la confianza de que nadie podrá distinguir el coste real de la captura de oportunidad.
La financiarización no es, por tanto, un factor que amplifica la inflación. Es el motor que la convierte en inevitable cada vez que llega un shock. El shock es la coartada. El motor ya estaba encendido.
II. Lo que dicen los datos: beneficios, no costes
Esta no es una tesis ideológica. Es lo que muestran los datos de las instituciones más ortodoxas del sistema económico internacional.
Según un estudio del Fondo Monetario Internacional publicado en junio de 2023, los beneficios empresariales explicaron el 45% de la inflación europea entre el primer trimestre de 2022 y el primero de 2023. Los precios de importación —el impacto real de la guerra en Ucrania— explicaron el 40%. Los costes laborales, apenas el 25%. (Los porcentajes funcionan como en una encuesta de respuesta múltiple: cada factor se mide de forma independiente, por eso la suma supera el 100%. No son porciones de una tarta sino contribuciones que pueden solaparse.).
El patrón es coherente con la lógica financiarizada: cuando llega la coartada del shock, el margen no se cede. Se defiende. Y si es posible, se amplía. Los accionistas no perdonan un trimestre débil por razones de fuerza mayor.
III. El mecanismo: cómo el shock se convierte en margen
Isabella Weber, profesora de la Universidad de Massachusetts Amherst, ha articulado el marco teórico más riguroso para explicar cómo opera este mecanismo en los mercados reales. Su concepto de inflación de vendedores describe no una anomalía, sino una secuencia predecible en cualquier economía con mercados concentrados y empresas financiarizadas.
Este mecanismo no requiere mala fe ni conspiración. Requiere solo la lógica normal de una empresa cuyo primer deber es con sus accionistas y que dispone de suficiente poder de mercado para trasladar esa lógica a los precios que paga el resto de la sociedad.
IV. La niebla que hace posible la captura
La financiarización necesita una condición para operar con eficacia: que el consumidor no pueda distinguir el coste real de la captura de oportunidad. La incertidumbre inflacionaria provee exactamente esa condición.
Cuando el nivel general de precios se vuelve muy volátil —como ocurre en cualquier shock importante— las empresas tienen cobertura para fijar márgenes iniciales más altos argumentando precaución ante costes futuros inciertos. No es mentira. Pero tampoco es la historia completa. La incertidumbre rompe el vínculo informativo entre costes y precios: el consumidor ya no puede saber si está pagando el coste real o financiando el siguiente dividendo.
Cuanto mayor es la niebla sobre el entorno de precios, más fácil resulta para una empresa financiarizada defender su margen ante los accionistas y ante el mercado simultáneamente. El shock hace el trabajo sucio: nadie pregunta demasiado cuando todo sube a la vez.
La investigación microeconómica confirma la asimetría que esto genera: los precios responden rápido ante aumentos de costes —el efecto cohete— y lentamente ante su disminución —el efecto pluma—. La asimetría no es un fallo del mercado. Es la firma del poder de mercado operando bajo cobertura de la incertidumbre.
V. España: el reparto del valor en números
El Observatorio de Márgenes Empresariales —desarrollado por la Agencia Tributaria y el Banco de España sobre casi un millón de empresas— ofrece la radiografía más detallada de cómo la financiarización redistribuye el valor durante una crisis.
Los datos españoles ilustran una conclusión incómoda: la recuperación económica pospandemia no fue un proceso de sacrificio compartido. Fue un proceso en el que el capital —el capital grande, el capital financiarizado— recuperó primero, más y a costa de los demás.
Ormuz reabrirá. El motor seguirá encendido.
El estrecho de Ormuz reabrirá. Los precios del petróleo bajarán, pero más despacio de lo que subieron. Algunos analistas lo llamarán normalización del mercado. Será, en parte, la empresa financiarizada consolidando el margen conquistado bajo cobertura del shock.
La respuesta convencional a todo esto —subir los tipos de interés— disciplina los salarios a través del miedo al desempleo pero no toca la capacidad de una empresa oligopolística de defender su margen ante sus accionistas. Incluso Christine Lagarde tuvo que admitirlo: la política monetaria no es efectiva frente a la inflación de márgenes. El sistema está diseñado para combatir la inflación de demanda. No tiene herramientas para la inflación de vendedores en una economía financiarizada.
Mientras eso no cambie, cada nuevo shock —climático, geopolítico, logístico— activará el mismo motor. La coartada cambiará. El mecanismo, no.
La inflación no es un fenómeno monetario ni técnico. Es la forma en que una economía financiarizada distribuye el coste de sus crisis: hacia abajo, siempre hacia abajo.
Fuentes: FMI, Euro Area Inflation after the Pandemic and Energy Shock (WP/23/131), 2023 · FMI, Europe's Inflation Outlook Depends on How Corporate Profits Absorb Wage Gains, 2023 · Weber, I. & Wasner, E., Sellers' Inflation, Profits and Conflict, PERI Working Paper, 2023 · BCE, Philip Lane, intervenciones sobre dinámica de beneficios e inflación, 2023 · Gabinete Económico de CCOO y Observatorio de Márgenes Empresariales, 2024 · AIE, Oil Market Report, marzo 2026 · Infobae, Crisis del petróleo y estrecho de Ormuz, marzo 2026.



Comentarios
Publicar un comentario