martes, noviembre 19, 2019

La sociedad de consumo, Jean Baudrillard

El espectáculo de la violencia genera la necesidad de orden y concierto:

"Aquí es precisamente donde interviene la dramatización espectacular a cargo de los medios de comunicación masiva (la noticia/catástrofe como categoría generalizada de todos los mensajes): para poder resolver esta contradicción entre moral puritana y moral hedonista, es necesario que esa quietud de la esfera privada aparezca como valor obtenido con esfuerzo y constantemente amenazado, rodeado por una fatalidad de catástrofe. La violencia y el carácter inhumano del mundo exterior son necesarios, no sólo para experimentar más profundamente como tal la seguridad (esto en la economía del goce), sino además para sentir que elegir la seguridad como tal (esto en la economía moral de la salvación) está justificado a cada instante. Es necesario que, alrededor de la zona preservada, florezcan los signos del destino, de la pasión, de la fatalidad, para que la cotidianidad recupere la grandeza, el carácter sublime, cuyo reverso en realidad es".

sábado, noviembre 16, 2019

Amos

Igual me vuelve a empezar a apetecer escribir ¡Quién sabe!

El presente por el presente es la pura descontextualización y esa pura descontextualización es la base de la forma más perfecta de dominación que es esta sociedad de consumo que lentamente va consumiendo lo poco que de seres humanos nos va quedando.

Sin un pasado del que responsabilizarse y un futuro en el que enmarcarse en este eterno posible todo es posible y ese todo no es otra cosa que la fantasía adictiva que la sociedad de consumo. El reino estructural de la diferencia, un paraíso artificial en donde todo es posible, donde nadie se debe a nada ni nada se debe a nadie.

No hay un anclaje en algo que pueda llamarse real, algo ajeno, no amoldable al deseo individual que a todos nos consumo y contra el que podamos medir el grado de nuestra locura.

Es el reino de los signos, de la pura diferencia, donde impera el valor de cambio, las meras y simples relaciones basadas en la repetición y en la diferencia.

La moda convertida en ontología que nos explica.

Sin pausa, sin límites, el animal que todos llevamos dentro campa a diestro y siniestro.

Convertidos en el embrutecido amo de la dialéctica hegeliana del amo y esclavo, esperando que la historia continúe a pesar de nosotros, por encima de nuestro deseo, que ciego ya cree que todas las cosas están disponibles en el mercado y pueden comprarse, incluso las que nunca podrán estar y nunca podrán comprarse.

Es una pena que ya no exista un afuera del que algún día pueda llegarnos los ecos de la triste canción de nuestra decadencia.

(Aunque seguro que no la escucharíamos definitivamente convertidos en un moderno Narciso perdido en el laberinto de todos los infinitos reflejos posibles)

sábado, agosto 10, 2019

La gran transformacion, Karl Polanyi

"¿No indicaba esto claramente que había también una forma menos cara de obligar a los pobres a ganarse el sustento, en lugar de recurrir a la parroquia? La solución se encontraba en la abolición de la legislación Isabelina sin remplazaría por ninguna otra. Que no se subsidiaran los salarios, ni se ayudara a los desempleados que pudieran trabajar, pero que tampoco hubiera salarios mínimos ni una salvaguardia del derecho a vivir. Debería tratarse a los trabajadores como lo que eran: una mercancía que debe encontrar su precio en el mercado. Las leyes del comercio eran las leyes de la naturaleza y en consecuencia las leyes de Dios. ¿Qué era esto sino una apelación del magistrado más débil al más fuerte, del juez de paz a los omnipotentes dolores del hambre? Para el político y el administrador, el laissez-faire era simplemente un principio del aseguramiento de la ley y el orden, con el mínimo de costo y esfuerzo. Que el mercado se encargue de los pobres, y las cosas se arreglarán por sí solas."