domingo, abril 03, 2016

Amen

Nunca entendí muy bien por qué Costa Gavras decidió pegar el salto al cine norteamericano o, por lo menos, hablado en inglés.

Supongo que fue una decisión en la que lo profesional se impuso a lo personal y, aunque esa entrada se produjo con "Desaparecido", una extraodinaria película sobre la dictadura chilena del general Pinochet, de manera global los resultados están muy por debajo del nivel de toda su filmografía anterior.

Cinco años después de "Mad City" su último titulo en inglés. Costa Gavras regresa en 2002 al cine europeo con "Amen" y lo hace a lo grande, con una película que para mi gusto está al nivel de "Desaparecido", filmada 20 años antes.

Basada en una obra teatral, "Amén" nos cuenta las obligaciones que como poder terrenal la iglesia católica tiene precisamente con la tierra y sus cositas. En este caso, la posición ambigua que la institución que organiza y administra la fe de los cristianos tuvo con el nazismo y su persecucion de los judíos.

En "Amen" se contraponen las obligaciones que algunos cristianos que creen a pies juntillas la palabra de dios tienen para su conciencia con las obligaciones que la iglesia como institución tiene para con su posición en el mundo.

En este sentido, el alto nivel del clero vaticano parece olvidar aquellas palabras de Jesucristo que decían que su reino no es de este mundo y mientras, y como leitmotiv visual, los trenes van y vienen cargando y descargando seres humanos en los campos de exterminio, asistimos a un exasperante intento infructuoso por comunicar esa verdad al clero vaticano por parte de los protagonistas: un oficial de la SS y un sacerdote de la curia diplomática vaticana.

La información de primera mano que sobre el exterminio proporciona el oficial de las SS, Kurt Gerstein, nunca termina de conmover a la organización mundana, diplomática y política, que la iglesia católica parece ser por encima de todo.

Sólo al final, cuando es ya demasiado tarde, y los perseguidos se agolpan a sus puertas estas se abren, situación que coloca a la iglesia en su verdadera e infructuosa posición: en un mundo que se dice cristiano, la iglesia renuncia a intervenir sobre las causas, donde verdaderamente se la juega contra otros poderes mundanos, relegandose a sí misma a la gestión de los efectos negativos que esas causas producen.

Una posición claramente subalterna, que en nada cuestiona los males de este mundo y que se limita a la pura gestión de la desgracia.

Porque lo que "Amen" nos muestra es la posición histórica de la iglesia, su carácter siempre subalterno con respecto a unos poderes terrenales a los que, a cambio de la gestión de la caridad, ha proporcionado la legitimación ideológica desde el control de la educación.

Y así nos va.

Vivimos en un mundo lleno de cristianos que de cristiano tiene lo justo y parece que esa desgracia la propia iglesia nada tuviera que ver.

Porque su reino no ha sido de este mundo siempre que ha surgido la posibilidad de enfrentarse a los poderosos.

En "Amen", los verdaderos cristianos se sacrifican por su fe a espaldas de su iglesia.

Un tema esencial para entender el fracaso espiritual de occidente.

Costa Gavras en estado puro.

Magnífica.

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