martes, noviembre 15, 2016

"En junio de 2015 Donald Trump anunció su candidatura a la presidencia e inmediatamente se irguió en candidato apoyado en la fuerza de su agresiva posición antiinmigración. Como contaba con su propio dinero y fama basada en sus medios, Trump no necesitaba recurrir a la música pro austeridad, pro inmigración y pro libre comercio a la que habían apelado otros candidatos par sacudir el árbol del dinero de los grandes constribuyentes del Partido Republicano. No tenía nada más que anunciar su candidatura diciendo que todo estaba corrompido y él era el único en que cabía confiar y que no tenía un supercomité de acción política. Y podía hablar a los votantes republicanos de clase trabajadora que habían sido dejados de lado en el marco económico vigente diciendo que iría a por China y les proporcionaría seguridad social y Medicare y perseguiría a los artistas de la estafa de los fondos especulativos.

Les pareció bien. Durante décadas se les había dicho, por razones partidistas, que Washington era corrupto y que todos los políticos de Washington eran malos y corruptos. Ahora, por fin, tenían a alguien que podía decir esas cosas sin encarnar los signos de tales defectos, alguien que podía, por fin, aludir en voz alta a todas las acciones corruptas que perpetraban las mismas figuras del propio establishment republicano"

(Polarización política y perspectiva futura de los partidos norteamericanos, Lee Drutman)

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